martes, 4 de septiembre de 2012

Señores políticos, váyanse.

La ciudadanía en general es consciente de lo delicado de la situación económica. Es el común de los ciudadanos el que la está pagando a base de paro, de miedo, de desconfianza, de menos derechos, de menos servicios, de peor sanidad, de peor educación. La gente sabe que no hay más que apretarse el cinturón y aguantar y, con mejor o peor humor, está dispuesta a perseverar en sus sacrificios pero solo pone una condición: que pague más quien más culpa tiene y que, si todo se desmorona, los primer en salir sean los responsables directos de las miles de decisiones equivocadas, es decir, los principales dirigentes políticos y sus círculos más próximos. Cuando mi hija, que tiene seis años, rompe un vaso o mancha el sofá siempre se excusa diciendo aquello de "ha sido sin querer". Yo le respondo que de acuerdo, "ha sido sin querer", solo faltaría que hubiera sido "queriendo", pero eso no la exime de responsabilidad. A ella le va bien escudarse en su falta de mala intención, en su error. Prefiere pasar por torpe que por mala. Cuando escucho, día tras día, a los políticos me recuerdan a mi hija. Mi hija tiene pocos años; los políticos, mucha cara. Solo desde la falta absoluta de vergüenza se puede entender que, ante el desaguisado que vivimos, nuestros políticos se encojan de hombros con esa actitud de "ha sido sin querer", con esa filosofía de "las decisiones las tomamos nosotros pero la culpa la tienen ustedes y por eso deben asumir el sacrificio". Bien, como no podemos hacer otra cosa, como la ley está de su parte, les aceptamos su falta de mala fe, como se la acepto yo a mi hija, pero por favor, señores políticos, váyanse, vá-yan-se. Están despedidos. No se trata de acabar con la democracia pero las cosas no pueden seguir como están. Váyanse y que vengan otros, que hagan nuevas leyes, que actúen de otra forma Casi 40 años de democracia simplemente han servido para meternos en el agujero en el que estamos, para que nuestros hijos vayan a vivir peor que nosotros, para que los ricos sean cada vez más ricos, para que los pobres sean cada vez más pobres. Así pues, váyanse. Propongo que dejen la política todos aquellas personas que en estos 40 años hayan estado más de 15 detentando cargos públicos. No me parece exagerado. Váyanse. No digo que se vayan a la cárcel, solo pido que nos dejen en paz, que no nos salven más, que se vayan. No puede ser que quienes han edificado una administración a la que ahora señalan como causante de todos los males no tengan otra solución que adelgazarla a base de echar al paro a los que trabajan en ella. ¿Hay plantillas hinchadas? Seguro, sobre todo porque los mismos que ahora lo denuncian sobredimensionaron las nóminas ya sea para colocar a amiguetes o para montar una Corte a su alrededor. Sobra gente, bien, pero los primeros que deben irse son los responsables del desastre. No más pirómanos a hacer de bomberos. Primero que se vayan los directivos, que lo tengan que hacer por ley, y luego ya se verá que recortes más son obligados. No se puede aceptar que 40 años de democracia hayan dado para tan poco: inmigrantes fuera de la cobertura sanitaria, mujeres perseguidas por abortar, impuestos que siguen sin pagarse, corruptos que se van de rositas, estudiantes brillantes obligados a irse a trabajar a Alemania como sus abuelos sin estudios de la posguerra, medios públicos reprimiendo a los discrepantes, privados empeñados en salvar los restos del naufragio del sistema sea al precio que sea, la atención a los discapacitados de nuevo en manos de las Damas Postulantes ahora bajo en nombre de ONGs, una Jefatura del Estado y su camarilla que nos avergüencen, una Constitución tan papel mojado que nadie se la cree porque todo el mundo sabe que se moldea al gusto del poder como si fuera el viejo Fuero de los Españoles de Franco, las protesta callejeras repremidas con saña por más que las porras ahora no van de gris sino de azul, un país convertido en un protectorado gobernado desde Alemania o Bruselas por personajes como Merkel o Draghi, un país con una pelota de fútbol en la cabeza, un país huelebraguetas, casposo, gritón y chabacano. De verdad y por favor, váyanse. Empecemos por modificar la ley electoral, hagámosla proporcional. Aseguremos el acceso a los medios de todas las voces. Evitemos el monopolio en los discursos públicos. Endurezcamos las penas a la corrupción, que las sospechas fundadas sean suficientes para dejar en "barbecho" a los políticos oscuros, que no se pueda ofender a nuestra inteligencia con el sonsonete de la presunción de inocencia. Blindemos areas de autogestión laboral, social y profesional a las que no puedan acceder ni los políticos, ni los curas. Vayamos a una nueva Constitución y que ses abiertamente debatida por la ciudadanía. Que los ricos paguen impuestos como los pagamos aquellos que no lo somos. Que haya salario mínimo pero también máximo. Que no nos vengan arcadas cuando vemos que el Rey, ese cazador de elefantes capaz de darle un manotazo a su chofer porque no aparca a su gusto, se reune con los grandes empresarios y que no nos asalte la sospecha de que de lo único que hablan es de como ganar más a costa de los que ganan menos. Este sistema sino cambia se romperá, y será mucho peor.

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