martes, 11 de septiembre de 2012

En respuesta a Molinas y sus élites extractivas

Casi siempre estoy de acuerdo con César Molinas. Sus análisis son realistas, no se anda por las ramas y apunta siempre a la diana. Su reciente y celebrado artículo de "El País" titulado "Una teoría de la clase política española" me parece que hace un diagnóstico certero: el funcionamiento de los partidos políticos (mal funcionamiento) en España explica buena parte de nuestros problemas económicos y sociales y un cambio en el sistema electoral podría ayudar a darle la vuelta a la situación. Lo dicho, estoy de acuerdo. Añadiré que la tesis de Molinas es poco novedosa aunque, eso sí, está muy acertadamente presentada y, solo por eso, su artículo es interesante. Sobre el tema planteado, creo que sería muy oportuno recuperar (me parece un texto que se tiene que tener siempre cerca) la pieza que hace casi diez años escribieron, también en "El País", Belén Barreiro y otros tres politólogos. Su título era "La selección adversa en los partidos". En resumen, que entendiendo lo que Molinas describe como "élites extractivas" y lo que Barreiro llama "selección adversa" se puede concluir perfectamente que vamos por mal camino y que es necesario cambiar de rumbo. El problema, también queda claro, es que los que nos guían y deciden la ruta, los dirigentes políticos, son los únicos que parecen satisfechos y sacan réditos de la situación, con lo cual, lo tenemos complicado. Solución, dice Molinas: vayamos a un sistema electoral mayoritario. Así, mantiene, los elegidos responderán ante los electores y no ante las cúpulas de los respectivos partidos. Pues no, no estoy para nada de acuerdo.
Discrepo porque, como el mismo Molinas reconoce, una cambio de sistema, por si solo, no es la panacea. Yo añado, además, que un sistema mayoritario no solo no nos acercaría a la solución sino que nos alejaría de ella. Cuando hablamos de acercar los candidatos a los electores tenemos que pensar que, en unas legislativas y en números redondos, cada candidato representaria a más de 100.000 electores, con lo cual de cercanía, no tanto. En cambio, sabemos que sistema mayoritario equivale a favorecere el bipartismo y no parece tal cosa una garantñía de mejor democracia y gestión. Además, seguirían siendo las cúpulas de los partidos los que seleccionarían a sus candidatos y el penoso dilema actual de escoger entre lo malo y lo peor, puesto que los minoritarios serían casi invisibles, seguiría vigente. Pensar que la movilización ciudadana llevaría a que todo el mundo estuviera encima de su representante es ingenuo. Por si falta algo, representaciones tan fragmentadas fomentarían aquellas actitudes del "nosotros no podemos ser menos que nuestros vecinos" y cada cual arrimaría el ascua a su sardina sin preocuparse de mucho más.
En lo que si coincido con Molinas es en que modificar el sistema electoral es imprescindible pero yo creo que hay que hacerlo justo al revés de lo que él propone. En mi opinión, potenciar la representatividad y la pluralidad en las instituciones es imprescindible. Romper el binomio de hierro PSOE/PP es básico. Estamos, con el maquillaje del paso de 150 años, en condiciones parecidas a los turnos de Cánovas y Sagasta. Por tanto, el sistema electoral en lo que debe avanzar es en fórmulas para reflejar verdaderamente la proporcionalidad en los resultados. Eso perjudicará el voto útil y fomentaría la renovación en las élites y cambios en su manera de comportarse. No tener siempre la medalla de plata asegurada ayudaría a tomarse en serio la responsabilidad política en su sentido más amplio.
Pero hay que ir mucho más allá. La financiacion de los partidos políticos es clave. Hay que quitarle muchos ceros al dinero que reciben del Estado y hacer totalmente transparente sus ingresos por vía privada. Las campañas electorales han de estar en los medios de comunicación y el Estado ha de ocuparse de que la información que reciben los ciudadanos a través de los grandes medios de comunicación sea, como mínimo, plural. La libertad de expresión no basta, el concepto de igualdad de expresión debe estar encima de la mesa.
Obligemos a los partidos políticos a tener paredes de cristal, que se sepa todo de ellos, que la participación ciudadana en su funcionamiento sea constante, que las designaciones de candidatos se hagan de forma abierta, plural y con la intervención de cuanta más gente mejor. Fomentemos la militancia política en base a beneficios fiscales y primemos el compromiso de la gente con los asuntos públicos. Limitemos los mandatos de los políticos. Que ninguno pueda estar más de 10 o 12 años en cargos politicos destacados, que todo el mundo se vea obligado a tener una profesión de la que poder vivir y a la que poder volver. Se acabó que cualquier concejal de pueblo pueda vivir de la política y ser el lacayo de su presidente provincial, y éste del regional, y aquel del nacional. En las poblaciones de menos de 15.000 habitantes ni un cargo público debería cobrar. La recompensa ha ser satisfacer la vocación de servicio (si se tiene), el gusto por trabajar por la comunidad. De acuerdo, más responsabilidad, mayores tareas precisan de mayor dedicación. Pues páguese a partir de administraciones de una determinada magnitud pero regúlese muy estrictamente, escalonando los sueldos, y que quede claro que nadie ha de pasar de los 3.500-4.000 euros. Ya sé que un gran directivo de la privada cobra 10 veces eso pero ser diputado, ministro o presidente del Gobierno representa mucho más que el sueldo. Por otra parte, estamos hablando de un corto periodo de la vida ya que todos podrán (y deberán) volver a su esfera laboral particular, recuperando así los supuestos sueldos millonarios a los que deberían renunciar. Eliminemos el Senado. Cerremos las Diputaciones. Establezcamos una "Oficina de control del gasto público" que siempre, siempre esté en manos de la oposición. Vayamos a las listas electorales abiertas. Hay muchos modelos de para concretar un buen sistema electoral pero, se escoja el que se escoja, facilítese el camino a los mejores y no a los más obedientes.
En fin, ésta es para mi la dirección a seguir. Sistema verdaderamente proporcional y reformas políticas que perjudiquen, dificulten y molesten el mantenimiento en el poder de las actuales "élites extractivas" fruto de la "selección adversa" en los partidos políticos. O dicho de otra forma, sí al diagnosticos de César Molinas (aquí unos datos sobre su biografía), no a la terapia que plantea. Por cierto, seguro que el libro que anuncia para 2013 será de lo más interesante.

1 comentario:

M Javier González Rodríguez dijo...

El recurso del sacerdocio, antesala del fracaso. Las vocaciones no florecen de forma automática, y menos en las mentes más preparadas. Transparencia, si, exigencia de la ciudadanía también, pero la responsabilidad y el sacrificio hay que valorarlos. Nadie en su sano juicio deja "sus millonarios sueldos" durante 10 años asumiendo tan altas responsabilidades, a cambio de un sueldo como el que el bloguero propone. Sería bonito, pero todos sabemos que eso no existe. ¿O es que todos estamos deseando ser presidentes de nuestra comunidad de vecinos?