viernes, 28 de septiembre de 2012

Mis dudas sobre una candidata técnica

Rosa Vidal Monferrer será la nueva Directora General de RTVV

El Gobierno de la Generalitat valenciana ha propuesto para dirigir la nueva Radiotelevisió Valenciana (RTVV) a Rosa Vidal, una abogada del Estado y profesora de Derecho Administrativo. El president de la Generalitat, Alberto Fabra, ha dicho que la oposición tiene complicado no confiar en Vidal ya que "tiene un perfil absolutamente técnico". Rosa Vidal Monferrer ha pasado por cargos de responsabilidad en distintas instituciones, ninguna vinculada con los medios de comunicación, y actualmente es socia y directora del área de Derecho Público de uno de los pricipales bufetes de abogados de Valencia, "Broseta Abogados", que es de los que más trabaja para la administraciñon valenciana y sus empresa relacionadas. Así las cosas, no veo por ningún lado la motivación que puede haber movido a Vidal a aceptar la propuesta de la Generalitat.
Si no tiene ninguna vinculación con el PP, si jamás ha trabajado en el mundo de los medios de comunicación, si no se le conoce ningún interés especial por el servicio público, si su sueldo se puede ver recortadísimo respecto al que podía ganar como directora de área y socia de un bufete de postín, si donde se mete es en una empresa quebrada, desmantelada, desprestigida y sin proyecto, si todos esto es así: ¿cómo se explica la aparición de Vidal Monferrer como nueva directora general de RTVV? ¿A qué viene? A falta de respuestas, y más allá de la vocación de servicio que de manera oportunista se pueda aducir, es evidente que algo falla, que hay gato encerrado. Ni en Valencia, ni en RTVV están las cosas para bendecir nuevos nombramientos con la presunción de inocencia.

jueves, 27 de septiembre de 2012

La nueva (y bonita) RTVV de todos

El expediente de regulaciónde empleo (ERE) de RTVV afecta a 1198 trabajadores. Es el mayor despido colectivo que se ha hecho nunca en un medio de comunicación en España.


El Partido Popular tiene un plan respecto al futuro de Radiotelevisió Valenciana (RTVV) y es el mismo de siempre: sacarle todo el jugo que pueda, en dinero y en propaganda, y que dure lo que pueda durar. Por eso, después de años de abusos, incluso sexuales, los directivos de RTVV piensan rematar la faena despidiendo a 1200 trabajadores, como quien suelta lastre cuando la nave ya va en picado, y hacer ver que hay propósito de enmienda. Todo el tiempo que puedan arañar son más dividendos para su cuenta de resultados. Faltan poco más de dos años para las nuevas elecciones autonómicas y hay mucho en juego. En los últimos meses, con 1300 millones de déficit y 1600 trabajadores, RTVV se ha gastado 400.000 euros en contratar a los despachos Price Waterhouse y Garrigues para justificar y diseñar el expediente de regulación de empleo  (ERE) que debe hacer efectivos los despidos. Ahora, hoy, RTVV ha licitado la contratación de una nueva empresa para que le elabore un plan para la recolocación de los trabajadores que se van a quedar en la calle. En este caso, el coste serán casi 600.000 euros. En total habrá sido un millón de euros. Parece una broma pero no lo es.
Todo este gasto, más los despidos, más los 56 expedientes a trabajadores por protestar, más todo el historial de censuras, persecuciones, manipulación, atracos, discriminaciones, amenazas y represalias, el PP lo pretende esconder bajo la puesta en marcha de una nueva empresa. Para ello ya aprobaron en solitario hace unos meses una nueva ley para RTVV que viene a ser como el paso de página, como el punto y aparte  a partir del cual todo vuelve a empezar.
La nueva empresa nace sobre las cenizas de un proyecto de una radio y una televisión pública valenciana que el mismo PP ha desmantelado sin que nadie haya sabido ponerle freno, sobre años y años de engaño masivo a la ciudadanía, sobre 1200 despidos arbitrarios y  sobre muchas otras vergüenzas que harían interminable el listado. Lo que pretende el PP es hacer tabla rasa y seguir depredando las migajas como si nada hubiese pasado.
En este diseño, los populares cuentan con los partidos de la oposición. Quieren que en los próximos días, el PSOE, Compromís y Esquerra Unida participen con normalidad en la constitución del nuevo Consejo de Administración de la nueva RTVV. Mientras el viejo Consejo acabe de desmantelar la empresa y liquidar a sus trabajadores, el nuevo Consejo velará armas. Cuando todo ya esté hecho, cuando ya no haya solución ni remedio, dentro de un mes, o dos, o tres, será el momento del relevo. Entonces, desde la discrepancia, faltaría más,  el Consejo recien escogido echará a andar. Lo hará mirando al futuro, ajeno e impotente ante todo lo que ya haya pasado. Y el PP, otra vez, aprovechará la mayoría absoluta para domeñar la ley a su gusto, para seguir con las irregularidades, seguirá negando información, continuará con su opacidad. Volverán los lamentos, los "no podemos hacer nada". El caso será que sobre todo lo sucedido caerá una gruesa capa de olvido que irá creciendo según pasen los meses. Una capa de olvido que será la mejor manera de que los abusos se repitan y de que el País Valenciano siga en las cavernas de la democracia. Contra eso no hay mucho que hacer pero si se podría mantener la dignidad democrática de negarse a participar si el PP no garantiza, de una vez y para siempre, que hay un proyecto de futuro para RTVV  y que, por supuesto, no se asienta sobre una escabechina laboral como la que se pretende.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Villalobos le explica un cuento a Millás en la Ser

Celia Villalobos, diputada del Partido Popular y vicepresidenta del Congreso, en una imagen reciente.


En el programa de esta mañana de "Hoy por Hoy" de la Cadena Ser, las conductoras el espacio, Pepa Bueno y Gemma Nierga, y su colaborador, Juan José Millás, han entrevistado a la vicepresidenta del Congreso de los Diputados, Celia Villalobos, del Partido Popular. Millás le ha afeado a Vilallobos el maltrato que dispensó a su chófer hace unos meses a la salida del Congreso y que trascendió porque en youtube apareció una grabación del hecho.
Villalobos ha venido a decir que nada es como parece; que ese día para nada estaba abroncando a su chófer, de nombre Manolo. Asegura la exministra de Sanidad que lo que hizo fue intentar despejar un embotellamiento que estaba impidiendo circular por la zona de la Carrera de San Jerónimo de Madrid y que las palabras malsonantes iban dirigidas a dos policías y no a su conductor.
La contemplación del vídeo deja en evidencia a Celia Villalobos. Las imágenes muestran justo lo contrario de lo que defiende ella. Lo único que se ve claro en la grabación es que Villalobos grita, abronca e incluso insulta a su conductor. En cambio, no hay ni asomo de lo que ella explica. Por tanto, lo que hoy ha hecho en el espacio de la Cadena Ser negar ha sido narrar una historia que no se ve por ningún lado para intentar esconder su menosprecio y maltrato al chófer. Las preguntas de Millás sobre el vídeo se han dado en una entrevista más larga en la que se hablaba del distanciamiento entre los ciudadanos y sus representanets políticos. Con su respuesta al tema del vídeo, Villalobos ha aportado más luz a lo que está pasando que en todas sus reflexiones en relación a las protestas de ayer en el Congreso. La exministra lo que ha hecho hoy en la Ser ha sido negar las evidencias y precisamente esta actitud contumaz en el engaño, mil veces repetida por nuestros políticos, es lo que está alimentando la brutal desconfianza de la gente que se refleja en todas las encuestas.
Pinchando aquí se puede escuchar la entrevista íntegra de Celia Villalobos en la SER. La referencia a la polémica que ha planteado Millás se puede oír a partir del minuto 9'10". De todas formas, transcribo a continuación el pasaje que me parece más significativo y que, por como se refiere a un policía, es bastante clarificador.

- Yo como soy como soy me bajé del coche, me fui fuera y le dije al policía que estaba fuera: "oiga, hay un atasco abajo" y me dijo el tío "a mi que me cuenta usted"... Y yo me puse  a dirigir el tráfico, creetelo que fue así... Y  cuando sacaron los coches a quien yo le dije eso no fue a mi conductor Manolo, pobrecito mío, sino a dos policías que se estaban cachondean de mí... les dije "qué gilipollas sois".

A continuación, dejó el vídeo de marras. Mirarlo es suficiente para ver que de lo que comenta Celia Villalobos no hay ni rastro, mientras que el desprecio y el maltrato a su conductor parece indiscutible. Son simplemente 32 segundos.



martes, 25 de septiembre de 2012

Malos, cómplices y tontos

Cuando hace cuatro meses publiqué en este periódico un artículo titulado Epílogo, daba por hecho que iba a ser el último que firmaba como periodista de Canal 9. Me equivoqué. La dirección de Ràdio Televisió Valenciana (RTVV) está gestionando nuestro expediente de regulación de empleo (ERE) con tanto sadismo, además de la incompetencia habitual, que todavía no se han producido los despidos. Una filtración dice que hoy; otra, que mañana; después, que ya veremos, que no hay ni para indemnizaciones; luego te piden que justifiques por escrito tu derecho a conservar el puesto de trabajo; luego expedientan selectivamente a 60 compañeros por distintas protestas pacíficas; más tarde se asegura que será el día 10, el 20, el 30. Llevamos así más de un año mientras quien lo dirige todo, el president de la Generalitat, Alberto Fabra, junto a su lugarteniente José Ciscar y su fiel responsable de medios Paula Meseguer, contempla impasible desde palacio esperando que la sangre no le salpique, que para eso ha llenado los despachos de la casa de esbirros de guante blanco y ha logrado la complicidad de un par de sindicatos amarillos como son USO y CSIF.
Esta actitud cómplice es la que ahora no puede tomar de ninguna manera la oposición. El Partido Popular pretende que inmediatamente después de la carnicería laboral de RTVV, que viene a cerrar el círculo del abuso, la manipulación y el atraco al que han sometido a la empresa durante los últimos 17 años, se renueve el consejo de administración como si nada hubiera pasado. No deberían poder hacerlo o, en todo caso, hacerlo solos. La renovación del consejo no es más que una nueva maniobra de distracción, la enésima compra de voluntades. Así que, antes de entrar en ese proceso, de lo que se debe hablar es de condiciones previas. Repito, condiciones previas. Y hacerlo ya. Marga Sanz, Enric Morera y Ximo Puig, como líderes de los tres grupos parlamentarios opuestos al PP, están obligados a un ejercicio de coherencia y de honradez. A ellos me dirijo: sean ustedes de una vez por todas consecuentes con sus años de críticas y lamentos y digan que “se acabó”. Pacto o nada. Lo contrario es ser cómplices o aceptar el papel de tontos útiles. No sé que es peor. No nos vuelvan con el soniquete de que si no están en el consejo no podrán fiscalizar. Llevan 17 años calentando esos sillones y ¿de qué ha servido? De nada. Luego, ¿qué pasará si dejan de estar? Nada, no pasará absolutamente nada. La fiscalización, incluso mucho mejor que la realizada hasta ahora, se puede llevar a cabo también desde fuera. Es cuestión de capacidad y ganas. Estos últimos meses de lucha contra la dirección de RTVV nos han demostrado que siempre es mejor la dignidad que el oportunismo, el orgullo que el gregarismo. Hacer las cosas bien no garantiza el éxito pero hacerlas mal sí asegura el fracaso. Es estúpido perseverar en lo que no ha funcionado.
No hablo de echarse al monte. Digo, simplemente, poner condiciones para pactar una nueva RTVV y, si no se dan, no entrar en su consejo. La primera condición de todas ha de ser la inmediata congelación del ERE. No se puede despedir al 75 % de una plantilla y dejar una empresa en una situación totalmente irreversible e inviable para, a continuación, ponerse a consensuar un proyecto. Es justamente al revés. Antes que nada hay que saber adónde se quiere ir y cómo, y luego adecuar la dimensión empresarial a lo que se pretende; y por supuesto que, en este caso, adecuar quiere decir reducir.
Por favor, no nos entretengan diciendo que la clave está en profesionalizar el consejo. Sabemos lo que esto quiere decir. En el mejor los casos, desaparecerán los concejales para dar paso a “prestigiosos profesionales” que tendrán como bagaje 20 años en un gabinete de prensa, cuando no, y ya sería sangrante, un currículo labrado a base de manipulaciones y censuras en Canal 9 o Ràdio 9. ¿Qué se apuestan?
Las cosas van por otro lado. Estamos ante una de las últimas posibilidades, si no la definitiva, para salvar una radiotelevisión pública valenciana como herramienta clave para nuestro autogobierno y nuestra democracia. La responsabilidad es grande. Es preciso tomárselo muy en serio. No voy a detallar aquí un nuevo modelo para RTVV, ni concretar cómo debe reformarse su ley. Pretendo simplemente señalar que todo pasa por más democracia y por que los partidos políticos dejen más espacio a la sociedad civil y a la autogestión. Esa ha de ser la referencia para RTVV y sirve igual para Telemadrid, Canal Sur o TV3. Solo así hay futuro. Ya no basta con que el nuevo director general sea elegido en las Cortes, urge que sea la sociedad civil quien lo proponga. Por ello, lo primero que ha de crear el Parlamento es una comisión que abarque desde los sindicatos a la patronal, desde las universidades a los consumidores, desde las asociaciones del sector audiovisual a los organismos profesionales; una comisión con el encargo hacer de hacer llegar a las Cortes una terna de candidatos. Entonces sí, la Cámara, por mayoría cualificada, que elija.
Están también superados los tiempos de organización piramidal en RTVV. Solo estaremos ante un proyecto viable si se llega a un acuerdo en el sentido de que sean los propios trabajadores del ente los que escojan a sus jefes directos. Los trabajadores de RTVV hemos cometido muchísimos errores, hemos sido en ocasiones irresponsables e indolentes pero, después de 23 años en la casa, tengo muy claro que, pese a todo y con mucha diferencia, lo más digno de RTVV está entre sus trabajadores. Nosotros, mejor que nadie, sabemos quienes son.

(Artículo publicado en el periódico "El País". 25.9.2012)

lunes, 24 de septiembre de 2012

Una brújula para el PSC



A la derecha, el exlíder del PSC, José Montilla, y, al fondo, su sustituto, Pere Navarro.

Cuando esta tarde en el debate de Política General que se haga en el Parlament de Catalunya, en el lado de la independencia se agrupen, con matices pero unidos, CiU, Esquerra Republicana, Iniciativa per Catalunya, Solidaritat y Joan Laporta, y, frente a ellos se coloquen, Partido Popular y Ciutadans, el PSOE, mejor dicho, el PSC, no sabrá donde ubicarse. Y lo que es peor, la ciudadanía no sabrá donde colocarle. En resumen, que a los socialistas este debate de la independencia también los ha pillado con el paso cambiado.
Qué imagen ofrecerá mañana el PSC sí en menos de una semana hemos escuchado a Celestino Corbacho, exministro de Trabajo y exalcalde de L'Hospitalet, asegurar que "votaremos contra la independencia, que nadie lo dude"; mientras, Montserrat Tura, consellera con Maragall y con Montilla y exalcadesa de Mollet, confirma su disposición a votar sí a la independencia.
Es curioso que hoy mismo en la Cadena Ser, Rubalcaba, el líder máximo del PSOE,  haya defendido incluso la reforma de la Constitución para adecuar el marco legal a un federalismo asimétrico, cuando todavía resuenan las palabras del exministro y expresidente del Congreso José Bono diciendo que preferiría morirse a ver España rota; o aquellas ya lejanas de Alfonso Guerra asegurando que se le había pasado "el cepillo" al proyecto de nuevo Estatuto impulsado por Pasqual Maragall. Incluso la número dos del PSOE, Elena Valenciano, se permitía contestar a Rubalcaba y decir que no es el momento de "reformar" la Constitución.
Las palabras de los socialistas son como las banderas en las playas de mucho viento, van y vienen. El actual líder de los socialistas catalanes, Pere Navarro declaraba hace una semana que "no somos nacionalistas y decimos no a la independencia". En ese momento, era la "Fiesta de la Rosa" tenía a Rubalcaba delante. Dos días después estaba aclarando que el partido asumía sin problemas "una consulta sobre el derecho a decidir" aunque ellos estaban por el federalismo. Yendo un poco más allá, el responsable de Política Municipal de su Ejecutiva, Manuel Bustos, explicaba que los socialistas "han de votar en contra de las mociones que defiendan la independencia pero a favor de las que están por el derecho a decidir".
Xavier Sabaté, el portavoz del PSC en el Parlament catalán, argumentaba que su partido está contra la independencia "porque tiene más inconvenientes que ventajas" pero que no veían mal un referéndum.
El primer secretario del PSC de Girona, Jordi Fernández, alzó su voz para defender que "si el PSOE no lidera un cambio, vamos a apostar por la independencia". Ernest Maragall, exconseller y hermano del expresident de la Generalitat, Pasqual Maragall, puntualizaba que la "independencia no debe atemorizar a nadie" y que a él no le daba ningún miedo. Añadía Maragall que su partido es prisionero del federalismo.
Ajeno a estas voces, el histórico diputado del PSOE, el vasco Ramón Jauregui daba por hecho que "el PSC es contrario a la independencia". Sin atender a tan solemne sentencia, el diputado Francesc Vallés proclamaba la necesidad de que "la independencia forme parte del debate político" y un par de históricos como Jaume Sobrequés y Jordi Font defendían abiertamente la independencia.
No está mal, ¿verdad?

viernes, 21 de septiembre de 2012

España como dificultad, Catalunya como problema


Detalle del saludo de Mariano Rajoy y Artur Más, ayer, en el Palacio de Moncloa.


Recuerdo haber oído, a propósito de los atentados de la banda terrorista ETA, que sin bombas se podía hablar de cualquier cosa. Ahora que Catalunya, por boca de su presidente y sin más ruido que el de centenares de miles de personas en la calle gritando independencia, reclama un nuevo "pacto fiscal", la respuesta es que ni hablar. Algo falla.
España tiene un grave problema. Un número muy alto de los habitantes de dos de sus comunidades autónomas, Catalunya y Euskadi, están hartos de formar parte del Estado español y se quieren ir. Obviamente, esos ciudadanos independentistas tienen una dificultad: salirse de España no será fácil. Pero un Estado con dos comunidades en las cuales muchísimos ciudadanos se quieren ir tiene un problema, un problema grave. Así que dificultad contra problema.
Los de la dificultad lo tienen claro: seguirán empujando, y seguirán, y seguirán. Creo que se podría dar por hecho que no van a parar. La clave está en cuántos son los que empujan, y eso depende de como lo gestione España. Ortega y Gasset decía que el "problema catalán" era irresoluble y que solo quedaba la conllevancia. Ciento y pico años después se ve que no, que la conllevancia no puede alargarse tanto o, en todo caso, debe estar basada en una actitud consciente y decidida de no hacer nada que alimente el "problema". Si el problema crece no hay conllevancia que valga y si no se buscan fórmulas para encauzar la cuestión, el probelma crece. Poco antes de Ortega, Valentí Almirall, reconocido como el padre del nacionalismo catalán, no hablaba de otra cosa que de "federalismo", nadie, ni él, se planteaba la independencia. Era cuestión de "sentirse a gusto en España". Pasado más de un siglo, con dictaduras de por medio, con democracias, con guerras, con exilios y con uniones europeas, ahora ya sí, ahora ya cientos de miles de personas salen a la calle en Barcelona y dicen que se acabó. Ya no es el poeta Maragall el que en su "Oda a España" se despide, ahora son muchos, muchísimos más los que gritan "adiós España". Algo se tiene que haber hecho mal. Cuando todos los argumentos de que se dispone para que Catalunya siga en España son negativos o "porque´lo dice la Cosntitución" es que no hay argumentos.
Hemos llegado hasta aquí porque España no ha querido o no ha sabido gestionar el problema planteado. En los 90, el discurso abiertamente independentista estaba en manos de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), y poco más. Claro que había mucho catalanismo y mucho nacionalismo en otros partidos, desde los socialistas a Convergència i Unió pasando por Iniciativa, pero solo una minoría de la población hubiera apostado entonces por la independencia. España era, o podía ser, un proyecto de futuro más seguro y cómodo que cualquier otro. La gente no tiene una especial querencia por las aventuras, por lo desconocido.
Pero ni era seguro, ni era cómodo. Los dirigentes políticos españoles, que por más que quieran no van a hacer desaparecer las opiniones o los sentimientos que no les gustan, tenían dos opciones: hacer pedagogía de la particularidad de Catalunya (y de Euskadi) o usarla como elemento de unión españolista para reforzar las posibilidades electorales de sus opciones partidistas. Se ha apostado por esta segunda opción. Decisión miope y kamikaze. Es la propia de los estadistas de tres al cuarto que han mandado en Madrid durante los últimos años. No me refiero solo a los políticos, también jueces, financieros, periodistas, intelectuales, obispos o empresarios. Envueltos en el "no" a Catalunya se han ganado elecciones pero el precio ha sido convertir lo que era un 15 o un 20% de catalanes independentistas en un hecho transversal que, asómbrense, lleva a que incluso un porcentaje de votantes del PP catalán no vean mal la independencia.
Ahora se recuerda el "plan Ibarretxe" como referente de la firmeza del Estado español ante veleidades nacionalistas periféricas. No lo entiendo. La actitud de España ante el "plan Ibarretxe" es justamente la prueba de lo que no se tenía que haber hecho nunca. La iniciativa del entonces lehendakari no cuajó. Felicidades España. La cuestión es que ahora, ocho años después, la presión nacionalista no se ha reducido en Euskadi, al revés. Estamos a un mes de unas elecciones que podrían ganar los herederos de Herri Batasuna. Las ganen o no, lo que es seguro es que en 2005 en el Parlamento vasco había, a groso modo, 32 diputados constitucionalistas y 43 soberanistas (valgan estos términos). Luego, en el 2009, con la ilegalización de HB, se pasó  a un resultado de 39 a 36 y ahora, según las encuestas, se puede ir a un 29 a 46. Ya vemos para que sirven los portazos.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Un Rey lejos de la realidad


El Rey Juan Carlos, en una imagen reciente.


La ya manoseada carta del Rey Juan Carlos pidiendo unidad para salir de la crisis no pasa de ser una cuña más en el intento de apuntalar el sistema a costa del cual viven estupendamente él, su familia, un puñado de dirigentes políticos y un par de miles de empresarios, banqueros y especuladores. A ellos la realidad les importa poco, están acostumbrados a construirla. Las palabras del Monarca, por si mismas, no tienen demasiado interés. Son más de lo mismo, aunque esta vez con más precipitación y con menos eufemismos. Eso sí, demuestran que la reciente manifestación en Barcelona del "11 de setembre" preocupa, y mucho, en los despachos de los "grandes" de España. En la calle, solo una minoría muy minoría se toma ya en serio lo que dice el Rey.
La carta salida de La Zarzuela pretende ir a favor de corriente, dar gusto a lo que supone piensan la mayoría de españoles que no quieren que Catalunya decida por su cuenta su futuro. Luego, convenientemente amplificadas por los dos grandes partidos y por la totalidad de los grandes medios de comunicación, las palabras del Monarca vienen a alimentar el discurso oficial dominante, hacerlo atronador para que nada distinto asome. Es ese discurso que mantiene que no estamos tan mal, que si hay problemas, quienes los han de resolver son los mismos de siempre, aunque ellos sean los máximos responsables del desastre, que no se necesitan nuevos actores, ni nuevos métodos, ni nuevas alternativas. Habla el Rey de "aunar voces" cuando el problema es que nuestra generosamente llamada democracia censura y esconde cualquier voz que resulte incómoda, cualquier cosa que se desvíe del mencionado discurso dominante.
La ensoñación del Rey, de su corte y de todos los que habitan el privilegiado puente de mando de la España de hoy se refleja en el uso de dos palabras que se recogen en la carta: quimera y bienestar. Dice el Rey que "no podemos [...] perseguir quimeras". El poder está tan lejos de la calle que tiene una percepción de quimera absolutamente desenfocada. La independencia no es una quimera para un parado de Girona, una profesora de Vic, una camarera barcelonesa o un jubilado de Amposta. Lo que resulta quimérico para todos ellos es pensar que un día se irán de safari a Botswana, que pueden tener un yerno pillado con las manos en el masa y que no le pase nada, que tendrán tantos coches oficiales como precisen, todos negros y grandes, que sus trabajos serán estables, que su futuro está despejado. Esas son las quimeras del ciudadano de a pie, no la independencia de Catalunya. En cuanto a lo del bienestar, la referencia a "arruinar el bienestar que tanto nos ha costado alcanzar" parece una burla. Hablará de "su" bienestar y el de los suyos. Es imposible que se refiera al del común de la gente que lo único que ve generalizarse en España es el malestar, sin que nada tengan que ver en ello los procesos independentistas.
Hay que tener el juicio muy disperso, el análisis muy desenfocado para que, como denota la carta, te salten las alarmas cuando se ve en peligro la unidad territorial pero no ante la evidente fractura de la unidad social que ya es manifiesta. Gente sin trabajo, jóvenes sin expectativas, padres de familia que no llegan a final de mes, gente que abarrota los comedores sociales, discapacitados abandonados a su suerte; los marginados, los sin techos, los sin futuro. Hombres y mujeres rebuscando en los contenedores mientras otros viajan en yates o aviones privados, matrimonios con hijos viviendo de la pensión de los abuelos mientras otros siguen evadiendo capitales. Muchos cada vez más pobres y unos cuantos, cada vez más ricos. La unidad social por los aires, algo que coge a la mayoría mucho más de cerca que la posibilidad de que en el próximo mapa de España haya una raya de más o de menos.
Lo dicho, la ciudadanía ya no se toma en serio lo que dice el Rey Juan Carlos. Sus apelaciones al trabajo, al esfuerzo, al mérito o a la generosidad provocan la carcajada, cuando no el enfado, del común de los mortales que sabe, porque lo vive a diario, que esos valores no garantizan nada, al contrario. Como lo niños cuando crecen, la gente empieza a tener claro que, en realidad, estos Reyes tampoco existen, que los reyes son los padres y que no hay regalos sino conquistas. Se extiende la convicción de que la Monarquía ni es buena, ni es útil. Lo percibimos todos, también ellos, que saben que lo inútil tiende a desaparecer. De ahí la preocupación, de ahí las prisas.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Esperanza periodística

Esperanza Aguirre, después de anunciar que dimite de la presidencia de Madrid, consuela a su consejera de Educación, Lucia Figar



Llevo toda la tarde escuchando radios, revisando páginas web de periódicos, mirando informativos de televisión y, en todas partes, la dimisión de Esperanza Aguirre como presidenta de la Comunidad de Madrid es el tema estrella. Las crónicas, las tertulias, los comentarios son una glosa constante de la figura de Aguirre y de su particular personalidad. Se destaca su tirón popular, sus éxitos electorales. Nada se dice del balance de sus 30 años de carrera política. No solamente eso, se olvidan capítulos fundamentales de su biografía como la vía por la que llego a la presidencia de Madrid.
No voy a detenerme en los temas personales. Son cuestiones que, políticamente, considero que no dan para un análisis aunque sea con lo que nos han bombardeado durante todo el día.
Esperanza Aguirre me parece una política muy menor y no estoy de acuerdo con todo el ditirambo con el que se ha rodeado hoy a su persona. Aguirre lleva 30 años en puestos destacados o muy destacados de la vida política española pero en lo recordatorios de su carrera lo único que se destacan son "logros" del estilo de: llamó "hijo de puta a Gallardón", tejió una trama que intentó espiar a aquellos compañeros de partidos de los que dudaba, sobrevivió a un accidente de helicóptero, pasaba por allí cuando hubo un atentado islamista en un hotel de la India, hizo una rueda de prensa en calcetines, no sabía quien era Santiago Segura, pensaba que Dulce Chacón era una escritora cubana viva, creía que "Airbag" era una película extranjera, deseaba la muerte de los arquitectos, calificó a los periodistas de "pelmazos" por seguirla cuando ella no quería que la siguieran... En fín, eso y que se autodenominaba liberal, que no simpatizaba con la cosa pública y que se llevaba fatal con Gallardón y con Rajoy. Bien, pero ¿y que balance de gestión presenta para justificar ese supuesto "lugar destacada en la política española de los últimos años? ¿Dónde están sus logros? Privatizar buena parte de la sanidad madrileña, recortar los tiempos de espera hospitalarios modificando, eso sí, el modelo para calcularlos,  privatizar también la enseñanza, recortar la plantilla de profesores, poner en marcha un conjunto de colegios bilingües en base a despachar maestros para colocar auxiliares no dejan de ser, al menos como avance, muy poca cosa. No digo que sus simpatizantes, aquellos con los que comparte liberalismo y una profunda fe cristiana, no puedan estar contentos. Lo que digo es que de aquí a que ésto le asegure el lugar en la historia que parece reclamar tanta atención sobre su persona, tantos adjetivos de admiración, me parece que va un abismo. 30 años de carrera, concejal, diputada, presidenta del Senado, presidenta de la Comunidad de Madrid y ministra creo que podrían dar para bastante más. Si le añadimos como ha manipulado y hundido Telemadrid y como ha coronado su trayectoria trayendo a la capital de España un proyecto, Eurovegas, que tiene toda la pinta de ser un nuevo "timo" de los tan habituales "grandes proyectos" que no pasan de pelotazos que enriquecen a cuatro y arruinan al resto, pues la cosa todavía se pone peor.
No le veo a Esperanza Aguirre un lugar destacado en las enciclopedias. En todo caso, me temo que lo más que quedará de ella es el capitulo de su llegada a la presidencia de Madrid gracias a dos tránsfugas a los que su partido "compró" para asegurarse que iban a traicionar al PSOE y a sus votantes e iban a imposibilitar que los legítimos vencedores de una elecciones autonómicas, la izquierda madrileña, pudiera gobernar. Fue en 2003. Fue un "Golpe de Estado versión democrático-financiera siglo XXI". Los que ganaron se quedaron sin gobierno. Se repitieron las elecciones y terminó ganado Aguirre. A la segunda.
Acabo. De toda esta tarde de grandes palabras y piropos generosos me quedan tres dudas que nadie ha comentado. La primera, Esperanza Aguirre, tan contraria a subsidios y demás "mamandurrias", ¿piensa renunciar a su indemnización o a su pensión por tantos cargos políticos desempeñados? La segunda, ¿como es posible que diga que no se considera una profesional de la política si desde que ganó unas oposiciones como Técnica del Estado en 1976 ha trabajo seis años como tal y treinta como cargo público? La tercera, ¿nadie le va a exigir que concrete por qué se va a una persona que hace poco más de un año reclamó la confianza de los votantes en unas elecciones? ¿Por qué tanta especulación? ¿Por qué no se reclama a este tipo de dimisionarios que se expliquen, que justifiquen por qué no cumplen un compromiso adquirido?
Todo ésto es la Aguirre que a mí me podría interesar y no la de las ruedas de prensa en calcetines. Ya lo sé, este post no habla tanto de Esperanza Aguirre como del periodismo español. El periodismo español está tan mal que, a lo mejor por eso, tiene más repercusión una rueda de prensa en calcetines que el balance de 30 años de gestión política. Por eso al periodismo español le parece tan importante Aguirre.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Telemadrid y el falso discurso liberal de Aguirre

Esperanza Aguirre con el director general de RTVM, José Antonio Sánchez


Primero fue en Valencia. Ahora será en Madrid. Solo en una falsa democracia como la española se puede dar un caso como el del Expediente de Regulación de Empleo (ERE) de Radiotelevisión Valenciana (RTVV) donde, con datos conocidos, con jueces imputando directivos y hasta con trabajadores sufriendo abusos sexuales, los mismos directivos que han hundido la empresa son los que ahora despiden a tres cuartas partes de la plantilla, salvando, eso sí, a amigos, conmilitones y parientes. Y sin esconderse. La siguiente parada es Telemadrid.
Esperanza Aguirre, que llegó a la presidencia de la Comunidad madrileña gracias a un "golpe de estado modelo caja registradora", representa sin complejos la voluntad de utilizar los medios públicos por tierra, mar y aire. La presidenta pone y quita directores generales, presentadores, controla contenidos, revisa escaletas pero, a la vez, se declara dispuesta a privatizar Telemadrid "así que la ley lo autorice". Dice que "no es misión de las administraciones públicas mantener medios de comunicación; ésto podía estar bien en tiempos de Franco pero a nosotros nos parece que no tenemos porque gestionar medios de comunicación; para eso están los profesionales".
Como si para que una televisión pública la gestionaran profesionales se necesitara otra cosa distinta a que los políticos, o sea ella, dejaran de meterse.



La "gestión" de Aguirre en Telemadrid no es que sea mala, es peor. Telemadrid es un ejemplo de manipulación informativa, de falta de prestigio, de deserción por parte de la audiencia, de malas prácticas empresariales, de pésima política laboral y de pérdidas económicas exageradas. Ese es el patrimonio de la Presidenta.
Ahora se anuncia un ERE que dejará sin trabajo al 75% de los actuales trabajadores de Radiotelevisión de Madrid (RTVM). Para no desmerecer el despilfarro de dinero público que les ha caracterizado, la dirección encargará a una empresa privada el diseño del despido en masa de los trabajadores. Todo apunta que la agraciada (250.000 euros) será Pricewaterhouse. Qué casualidad, la misma consultora que le ha hecho el trabajo al PP en Canal 9, la misma consultora en la que ocupa un alto cargo la última directora general de RTVM, Isabel Linares.
Serán unos 700 trabajadores que se quedarán sin trabajo, sin sueldo. Aguirre dice que va a privatizar. Si lo nuestro no fuera una falsa democracia, la presidenta madrileña, antes de despedir a tres cuartas partes de la plantilla de RTVM, debería presentar su plan de futuro; con claridad y que fuera verosímil. No lo hará. Primero será el ERE y cuando haya aligerado la cadena buscará alguna fórmula para que un grupo de empresas amigas, sin arriesgar nada, se lleven lo poco que quede. Privatizar, para una liberal como ella, debiera querer decir vender, no ir alimentando con dinero público concesiones hechas a dedo. No lo hará. No venderá porque nadie querrá comprar Telemadrid pero ella seguirá con su falso discurso liberal. La han dejado tan mal que nadie la quiere ni regalada. Vender ni es posible, ni es la solución. Es una mentira, la enésima. Si tan segura está Aguirre de poderlo hacer, puesto que tantos trabajadores se quedaran sin sueldo por esa decisión, lo menos que podría hacer es comprometerse a no cobrar ella y su gobierno ni un solo salario más hasta que la venta se hubiera hecho efectiva, hasta que todo estuviera resuelto. Si la Presidenta adquiriera este compromiso, el suyo sería el primer gobierno eternamente amateur de la historia de España. Sería, al menos, la penitencia por haberse cargado Telemadrid con 1000 familias dentro.



Entrevista en Tele 5 a Esperanza Aguirre en la que dice que "su" televisión sí critica a Zapatero. Lo afirma desde una actitud de "es normal criticar a los gobiernos". Se echa en falta la pregunta: "¿Telemadrid crítica también al gobierno autonómico?"

jueves, 13 de septiembre de 2012

Ni el Supremo puede con González Pons.


Esteban González Pons, diputado y Vicesecretario general del PP

El Tribunal Supremo acaba de anular la adjudicación de las emisoras de Televisión Digital Terrestre (TDT) hecha por la Generalitat Valenciana en tiempos de Francisco Camps. Año 2005. El responsable del acto fue el entonces conseller de Relaciones Institucionales y Comunicación, Esteban González Pons, hoy flamante diputado y Vicesecretario del Partido Popular. Fueron 42 licencias privadas que en su inmensa mayoría fueron a parar a empresas afines al PP: Las Provincias, Cope, El Mundo, Libertad Digital... se llevaron el grueso del pastel (pinchando aquí, un mapa general de las televisiones de concesión autonómica en España. Se incluye, con detalle, el reparto valenciano ahora anulado). En muchos casos, mientras empresas valencianas que llevaban mucho tiempo haciendo televisión se quedaban fuera del reparto, otras, sin ninguna relación real con la Comunidad Valenciana e incluso recién creadas para la ocasión, se llevaron las concesiones a pares. En concreto, el empresario castellano José Luis Ulibarri acabó controlando hasta 13 de las emisoras concedidas. Hoy la empresa de Ulibarri está en concurso de acreedores y él es uno de los principales imputados en el "caso Gürtel". Precisamente ha sido la denuncia de una de las candidaturas rechazadas, la de Tele Elx, que no obtuvo concesión pese a ser la empresa pionera en el mundo de la televisión local valenciana, la que ha desembocado en esta sentencia del Tribunal Supremo, que es firme.
El reparto de González  Pons, anunciado un 30 de diciembre con todo el mundo de vacaciones, se hizo absolutamente a sabiendas. Todas las observaciones que ahora hace el Supremo ya se las hicieron en su día tanto las empresas implicadas, como los distintos partidos de la oposición o las asociaciones profesionales. Nada. Esteban González Pons no hizo caso a nadie. Y no hizo caso porque ya todo estaba dado, todo estaba escrito mucho antes del paripé de concurso. Lo explicó hace un tiempo el presidente de la Federación Valenciana de Televisión, Alejandro Rodríguez,  que dio detalles de como José Luis Ulibarri, en aquellos días, "iba diciendo que lo tenía claro y que quien no le vendiera a él la emisora se iba a quedar sin concesión". González Pons contestó las palabras de Rodriguez con una amenaza de querella que se quedó en eso, en amenaza.


En este video, Mónica Oltra, del grupo parlamentario de Compromís, denuncia en sede parlamentaria todas las irregularidades que se apuntaban en aquel reparto de licencias. Sus palabras cayeron en saco roto.


Ahora el Supremo le dice a Pons que cometió irregularidades, pero no pasará nada. Las TDT otorgadas, las que funcionan, no cumple las principales condiciones del pliego. La mayoría, ya ni funcionan y las que lo hacen están a punto de cerrar. Algunas no han funcionado nunca. Irregularidades, fracasos, errores, maquinaciones, manipulaciones, abusos. Empresas que, por la decisión arbitraria y conscientemente irregular de un político, González Pons, se quedan sin una concesión que merecían. Trabajadores que pierden su trabajo. La democracia maltratada, pisoteada. Los derechos de los ciudadanos arrastrados a mayor gloria de los intereses de amigos corruptos del PP corrupto. Solo desde la corrupción se puede entender tanta contumacia en la irregularidad. Esteban González Pons no pagará. Hará incluso como si no fuera con él, pese a que cuando le ha interesado ha lanzado otras sentencias a la cara de sus contrincantes políticos. El resultado es que los abusos se seguirán cometiendo. Los mismos, por las mismas personas. Evitar nuevos abusos sería tan sencillo como aprobar una legislación que asegurará que, en este caso Esteban González Pons, tuviera que abandonar todo cargo político que desempeñara y quedara inhabilitado durante 15 o 20 años. Pero no, seguirá. Son ellos mismos los que han de aprobar las leyes que les deben controlar y están dispuestos a todo con tal de no hacerlo. Lo vemos todos menos ellos... Para que luego digan que la mayoría de políticos son gente honrada. Los que roban, no lo son, y los que no se movilizan para evitarlo, tampoco.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Catalunya: referéndum, ya

Normalidad democrática. Más de un millón de personas salen a las calles de Barcelona reclamando la independencia de Catalunya. Estamos hablando de, poco más o menos, el 20% de la población catalana. Eso ni es un "lío", ni es un "problema", es una realidad. Una realidad que algunos consideran problemática pero muchos otros creen esperanzadora. Así que lo mejor sería no ponerle adjetivo.
El caso es que el sentimiento nacionalista catalán es antiguo. La Transición, sin ir más lejos, fue como fue por la existencia de ese sentimiento. La actual organización territorial del Estado no se puede entender sin tener en cuenta la existencia del nacionalismo catalán. Durante años, el fuerte liderazgo de Jordi Pujol canalizó (embridó) esa vocación nacionalista por los caminos del autonomismo. Digamos que se apostó por el perfil bajo a cambio de que al otro lado, los distintos gobiernos de España, también optaran por un nacionalismo español incluyente, tolerante y comprensivo con el hecho diferencial de la periferia. En Catalunya había independentismo pero hacía poco ruido. En España, a partir de la segunda legislatura de José María Aznar (2000-2004), se abrió el tarro de las esencia imperiales. Y ya no se ha cerrado.
Ahora en Catalunya ya no está Pujol y, desde el éxito de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), precisamente en los años de Aznar, el discurso independentista ha saltado al primer plano, y lo ha hecho para quedarse. La reforma estatutaria de Pasqual Maragall, un político distinto pero comparable a Pujol, quizá fue el último intento de avanzar sin volar los puentes. No fue posible. El horno, lo sabe todo el mundo, ya no está ni para "Pactos Fiscales", ni para "Haciendas propias".
Artur Más ni es Pujol, ni es Maragall. Convergència está en manos de políticos profesionales más atentos a su carrera que al horizonte a veinte años vista. Unió tiene de líder a un oportunista como Josep Antoni Duran i Lleida. Los socialistas, ni están ni se les espera. La política, en general, vive horas bajas. La catalana, también. Los políticos adolecen de capacidad de liderazgo, están desprestigiados y no tienen hoja de ruta ni nada parecido. A la gente se le piden sacrificios sin ofrecer nada a cambio. Las últimas grandes movilizaciones en Catalunya, desde las consultas municipales a la manifestación de ayer, se han organizado lejos de las cúpulas partidistas. La calle ha desbordado a sus dirigentes de manera evidente y ellos, en el mejor de los casos, intentarán subirse a la ola para no quedar al borde del camino.
Este es el marco en el que hay que situar la manifestación del "11 de Setembre". Para entender lo que está pasando se le debe añadir, además, el pesimismo, la falta de expectativas y la crisis económica que, igual que España, sufre Catalunya.
La independencia se ha convertido para los catalanes, para muchos de ellos, en una luz, una ilusión por la que entusiasmarse, una razón para salir a la calle no a la defensiva, no con un discurso negativo, sino en positivo. Salir con una sonrisa, la del orgullo, la del entusiamo... y el entusiasmo es muy contagioso. Será un espejismo o no lo será pero esa pulsión mueve a las miles de personas que ayer colapsaron Barcelona y a muchas otras que se quedaron en casa. Al discurso nacionalista de siempre, aquel que se basa en la cultura, en la historia, en héroes y batallas perdidas, se unen ahora los que se movilizan porque la independencia les supone una esperanza. Tal como están las cosas, la simple posibilidad de empezar de cero en la construcción de un país es un reclamo irrechazable.
Por eso todas las amenazas caen en saco roto, por eso todas las descalificaciones y todas la exageraciones se vuelven contra quien las hace. Los nacionalistas españoles están en la complicada situación de tener que alimentar a su electorado poniendose más y más duros frente al hecho diferencial catalán, cosa que a la vez da alas a ese mismo hecho diferencial. Así estamos y no creo que dejando pasar el tiempo se resuelva nada. Al contrario. No voy a decir lo que yo creo que saldría de un referéndum de autodeterminación en Catalunya pero lo que sí está claro es que la simple duda sobre su resultado justificaría su convocatoria.

martes, 11 de septiembre de 2012

En respuesta a Molinas y sus élites extractivas

Casi siempre estoy de acuerdo con César Molinas. Sus análisis son realistas, no se anda por las ramas y apunta siempre a la diana. Su reciente y celebrado artículo de "El País" titulado "Una teoría de la clase política española" me parece que hace un diagnóstico certero: el funcionamiento de los partidos políticos (mal funcionamiento) en España explica buena parte de nuestros problemas económicos y sociales y un cambio en el sistema electoral podría ayudar a darle la vuelta a la situación. Lo dicho, estoy de acuerdo. Añadiré que la tesis de Molinas es poco novedosa aunque, eso sí, está muy acertadamente presentada y, solo por eso, su artículo es interesante. Sobre el tema planteado, creo que sería muy oportuno recuperar (me parece un texto que se tiene que tener siempre cerca) la pieza que hace casi diez años escribieron, también en "El País", Belén Barreiro y otros tres politólogos. Su título era "La selección adversa en los partidos". En resumen, que entendiendo lo que Molinas describe como "élites extractivas" y lo que Barreiro llama "selección adversa" se puede concluir perfectamente que vamos por mal camino y que es necesario cambiar de rumbo. El problema, también queda claro, es que los que nos guían y deciden la ruta, los dirigentes políticos, son los únicos que parecen satisfechos y sacan réditos de la situación, con lo cual, lo tenemos complicado. Solución, dice Molinas: vayamos a un sistema electoral mayoritario. Así, mantiene, los elegidos responderán ante los electores y no ante las cúpulas de los respectivos partidos. Pues no, no estoy para nada de acuerdo.
Discrepo porque, como el mismo Molinas reconoce, una cambio de sistema, por si solo, no es la panacea. Yo añado, además, que un sistema mayoritario no solo no nos acercaría a la solución sino que nos alejaría de ella. Cuando hablamos de acercar los candidatos a los electores tenemos que pensar que, en unas legislativas y en números redondos, cada candidato representaria a más de 100.000 electores, con lo cual de cercanía, no tanto. En cambio, sabemos que sistema mayoritario equivale a favorecere el bipartismo y no parece tal cosa una garantñía de mejor democracia y gestión. Además, seguirían siendo las cúpulas de los partidos los que seleccionarían a sus candidatos y el penoso dilema actual de escoger entre lo malo y lo peor, puesto que los minoritarios serían casi invisibles, seguiría vigente. Pensar que la movilización ciudadana llevaría a que todo el mundo estuviera encima de su representante es ingenuo. Por si falta algo, representaciones tan fragmentadas fomentarían aquellas actitudes del "nosotros no podemos ser menos que nuestros vecinos" y cada cual arrimaría el ascua a su sardina sin preocuparse de mucho más.
En lo que si coincido con Molinas es en que modificar el sistema electoral es imprescindible pero yo creo que hay que hacerlo justo al revés de lo que él propone. En mi opinión, potenciar la representatividad y la pluralidad en las instituciones es imprescindible. Romper el binomio de hierro PSOE/PP es básico. Estamos, con el maquillaje del paso de 150 años, en condiciones parecidas a los turnos de Cánovas y Sagasta. Por tanto, el sistema electoral en lo que debe avanzar es en fórmulas para reflejar verdaderamente la proporcionalidad en los resultados. Eso perjudicará el voto útil y fomentaría la renovación en las élites y cambios en su manera de comportarse. No tener siempre la medalla de plata asegurada ayudaría a tomarse en serio la responsabilidad política en su sentido más amplio.
Pero hay que ir mucho más allá. La financiacion de los partidos políticos es clave. Hay que quitarle muchos ceros al dinero que reciben del Estado y hacer totalmente transparente sus ingresos por vía privada. Las campañas electorales han de estar en los medios de comunicación y el Estado ha de ocuparse de que la información que reciben los ciudadanos a través de los grandes medios de comunicación sea, como mínimo, plural. La libertad de expresión no basta, el concepto de igualdad de expresión debe estar encima de la mesa.
Obligemos a los partidos políticos a tener paredes de cristal, que se sepa todo de ellos, que la participación ciudadana en su funcionamiento sea constante, que las designaciones de candidatos se hagan de forma abierta, plural y con la intervención de cuanta más gente mejor. Fomentemos la militancia política en base a beneficios fiscales y primemos el compromiso de la gente con los asuntos públicos. Limitemos los mandatos de los políticos. Que ninguno pueda estar más de 10 o 12 años en cargos politicos destacados, que todo el mundo se vea obligado a tener una profesión de la que poder vivir y a la que poder volver. Se acabó que cualquier concejal de pueblo pueda vivir de la política y ser el lacayo de su presidente provincial, y éste del regional, y aquel del nacional. En las poblaciones de menos de 15.000 habitantes ni un cargo público debería cobrar. La recompensa ha ser satisfacer la vocación de servicio (si se tiene), el gusto por trabajar por la comunidad. De acuerdo, más responsabilidad, mayores tareas precisan de mayor dedicación. Pues páguese a partir de administraciones de una determinada magnitud pero regúlese muy estrictamente, escalonando los sueldos, y que quede claro que nadie ha de pasar de los 3.500-4.000 euros. Ya sé que un gran directivo de la privada cobra 10 veces eso pero ser diputado, ministro o presidente del Gobierno representa mucho más que el sueldo. Por otra parte, estamos hablando de un corto periodo de la vida ya que todos podrán (y deberán) volver a su esfera laboral particular, recuperando así los supuestos sueldos millonarios a los que deberían renunciar. Eliminemos el Senado. Cerremos las Diputaciones. Establezcamos una "Oficina de control del gasto público" que siempre, siempre esté en manos de la oposición. Vayamos a las listas electorales abiertas. Hay muchos modelos de para concretar un buen sistema electoral pero, se escoja el que se escoja, facilítese el camino a los mejores y no a los más obedientes.
En fin, ésta es para mi la dirección a seguir. Sistema verdaderamente proporcional y reformas políticas que perjudiquen, dificulten y molesten el mantenimiento en el poder de las actuales "élites extractivas" fruto de la "selección adversa" en los partidos políticos. O dicho de otra forma, sí al diagnosticos de César Molinas (aquí unos datos sobre su biografía), no a la terapia que plantea. Por cierto, seguro que el libro que anuncia para 2013 será de lo más interesante.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Sagas afortunadas en mitad de la crisis: los Gomar.

Radio Nacional de España acaba de nombrar nuevo director en la Comunidad Valenciana: Javier Gómar (en la foto superior, en el centro, con corbata). Gomar ya había desempeñado este cargo entre el 1996 y el 2004. Ahora llevaba unos años fuera de la empresa, por eso ha declarado que "vuelvo a mi casa". Gomar abandonó "su casa" cuando llegaron los socialistas que le destituyeron como director. Huérfano de cargo cogió una excedencia para ocupar la dirección de Ràdio 9, la radio autonómica valenciana. Fue en 2007. Su labor no se recuerda por otra cosa que no sea su política de manipulación informativa a favor del Partido Popular y el gobierno de la Generalitat de Francisco Camps. Cobraba alrededor de 80.000 euros anuales. Cuando sus valedores en Radiotelevisión Valenciana (RTVV) perdieron poder, Gomar fue desalojado de la dirección de Ràdio 9. Era invierno y fuera hacía frío así que rápidamente se le nombró "experto en producción" en el Consejo de Administración de RTVV. Un cargo para el que no tenía absolutamente ninguna experiencia previa; un cargo que no se sabe en qué consistía ya que en el Consejo de Administración no hay tareas de producción. Eran más de 50.000 euros anuales. Mientras todo esto pasaba, una hija de Gomar estaba agotando su primer periodo como becaria en Canal 9. Se presentó a una convocatorioa para renovar la beca pero no aprobó. ¿Fuera? No, fuera no. Javier Gomar dejó su puesto de "Experto en Producción" del Consejo de Administración y su hija se hizo con la plaza. Designación digital. 50.000 euros para la joven que no había podido renovar su plaza de becaria. Por supuesto no tenía ninguna capacitación objetiva para el cargo, pero su padre, tampoco. ¿Desde cuando ésto ha sido un impedimento para las ayudas a las familias? Así que con la hija en el lugar del padre, era necesario buscar algo para Javier Gomar y se lo buscaron. Y lo encontraron. Javier Gomar fue nombrado "Asesor" de la Dirección General con un sueldo idéntico al que cobraba, unos 50.000 euros anuales. Hasta hoy. Nada se sabe de lo que ha hecho todo este tiempo, ni como experto, ni como asesor, ni como ocupante de un distinguido despacho de las plantas altas de Canal 9... pero ahí ha estado. Ahora vuelve a "su casa". Vuelve a Radio Nacional. Felicidades por el regreso, aunque no se puede decir que su exilio haya sido demasiado duro para él... ni para su familia.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Canal 9: por el contraperiodismo al paro

Es triste ver como te abandonan tu profesión y tu empresa. Trabajar como periodista en una televisión pública en España a día de hoy equivale a vivir en el paredón. El periodismo está muerto y la televisión pública estorba. Un servidor trabaja en Radiotelevisión Valenciana, más concretamente en Canal 9. Estamos en la recta final de un Expediente de Regulación de Empleo que se llevará por delante a 1198 trabajadores de los 1600 que a día de hoy parece que hay en la casa. Han sido casi dos años de tortura, de amenazas, de irregularidades, de rumores, de filtraciones interesadas. Un juego cruel a costa de la gente. Nos vamos a ir todos aquellos que no tenemos ni cargos directivos, ni un carnet de militante del PP que nos sirva de salvoconducto. Pero ésto no se acaba aquí. RTVV no funciona. RTVV es una pura ruina. Ahora tendrá 1198 trabajadores menos pero seguirá sin funcionar. Seguirá siendo una ruina. Y pasarán los meses. Y esos 40 millones que dicen nuestros directivos y los dirigentes del PP que se ahorrarán con los despidos no serán ni 40, ni 30, ni 20, ni 10, ni nada. Sus promesas son huecas porque su palabra no vale nada, jamás han acertado un pronóstico, siempre se equivocan o mienten, porque ni son competentes, ni son honrados. Pero además las cifras que dan son simplemente humo porque las empresas que se queden los servicios externalizados no se conformarán con las migajas y querrán hacer negocio. Y no habrá dinero. Y no pagarán. Y dejarán de prestarse servicios. Y la ciudadanía se alejará más todavía de la cadena. Y su coste será inaguantable. Esos 150 o 160 millones anuales que gastará cada año RTVV se considerarán mejor empleados en cualquier otro servicio de esos que se denominan básicos, ya sea la sanidad, la educación, la dependencia... Y harán bien. RTVV no tiene más sentido que ayudar a ganar las elecciones al Partido Popular pero llegará el día que al mencionado Partido Popular le resulte tan impopular mantener RTVV que, en vez de acercarle, le aleje de la victoria electoral. Y ese día está cerca. Ese día se acaba todo. Cuando eso suceda, como ha pasado ya en la Televisión de Murcia o en el 2º Canal de Canal Sur, ya no habrá EREs ni despidos improcedentes, será liquidación por cierre y los trabajadores ya no tendrán nada por lo que luchar en los juzgados más allá de intentar no tener que volver a casa con lo puesto. El escenario que describo me preocupa más como ciudadano, que como periodista o como empleado de Canal 9. Como periodistas y como trabajadores hemos cometido tantos errores, hemos callado tanto, hemos sido tan irresponsables que no le podemos pedir a nadie que venga ahora a rescatarnos. Los periodistas de Canal 9, en la línea de lo que sucede y ha sucedido en toda España, hemos olvidado la responsabilidad social de nuestra profesión y en ese olvido se ha ido nuestra razón de ser. Si nuestro producto no vale nada cómo le vamos a demandar a nadie que se interese por él. Unos 8.000 periodistas han perdido su empleo en los últimos años. Si antes no se hubiera perdido el gusto por preguntar, por dudar, por protestar y por resistir, seguramente muchos seguirían trabajando. El cierre de Canal 9 me duele en tanto que ciudadano pese a que mi empresa es un monumento de burla a la ciudadanía. Me duele porque el País Valenciano necesita unos medios audiovisuales públicos que pongan en el mapa de la realidad lo que sucede en él y esconden los grandes medios privados. Son necesarios unos medios públicos que tengan sitio para las voces minoritarias, para las alternativas, para las que ni son negocio ni le bailan el agua a los poderosos. En definitiva alguien que alimente la democracia a base a informar a los ciudadanos de lo que sucede a su alrededor sin censuras, sin manipulaciones y sin oscuros intereses que defender. Lo privado no es mejor que lo público. Al revés. Tratar la información como una simple mercancía comercial es garantía de mentiras. La mayoría de los negocios privados parasitan en lo público. Unos ciudadanos sin referentes de lo que pasa en el País Valenciano, ¿en base a qué votarán en unas elecciones autonómicas? Por todo ello, me parece que lo más útil a partir de este momento es pensar en cómo se levantarán unos medios audiovisuales públicos útiles cuando el PP en 2015 (o antes) pierda las elecciones a les Corts Valencianes. De eso deberemos seguir hablando.

martes, 4 de septiembre de 2012

Señores políticos, váyanse.

La ciudadanía en general es consciente de lo delicado de la situación económica. Es el común de los ciudadanos el que la está pagando a base de paro, de miedo, de desconfianza, de menos derechos, de menos servicios, de peor sanidad, de peor educación. La gente sabe que no hay más que apretarse el cinturón y aguantar y, con mejor o peor humor, está dispuesta a perseverar en sus sacrificios pero solo pone una condición: que pague más quien más culpa tiene y que, si todo se desmorona, los primer en salir sean los responsables directos de las miles de decisiones equivocadas, es decir, los principales dirigentes políticos y sus círculos más próximos. Cuando mi hija, que tiene seis años, rompe un vaso o mancha el sofá siempre se excusa diciendo aquello de "ha sido sin querer". Yo le respondo que de acuerdo, "ha sido sin querer", solo faltaría que hubiera sido "queriendo", pero eso no la exime de responsabilidad. A ella le va bien escudarse en su falta de mala intención, en su error. Prefiere pasar por torpe que por mala. Cuando escucho, día tras día, a los políticos me recuerdan a mi hija. Mi hija tiene pocos años; los políticos, mucha cara. Solo desde la falta absoluta de vergüenza se puede entender que, ante el desaguisado que vivimos, nuestros políticos se encojan de hombros con esa actitud de "ha sido sin querer", con esa filosofía de "las decisiones las tomamos nosotros pero la culpa la tienen ustedes y por eso deben asumir el sacrificio". Bien, como no podemos hacer otra cosa, como la ley está de su parte, les aceptamos su falta de mala fe, como se la acepto yo a mi hija, pero por favor, señores políticos, váyanse, vá-yan-se. Están despedidos. No se trata de acabar con la democracia pero las cosas no pueden seguir como están. Váyanse y que vengan otros, que hagan nuevas leyes, que actúen de otra forma Casi 40 años de democracia simplemente han servido para meternos en el agujero en el que estamos, para que nuestros hijos vayan a vivir peor que nosotros, para que los ricos sean cada vez más ricos, para que los pobres sean cada vez más pobres. Así pues, váyanse. Propongo que dejen la política todos aquellas personas que en estos 40 años hayan estado más de 15 detentando cargos públicos. No me parece exagerado. Váyanse. No digo que se vayan a la cárcel, solo pido que nos dejen en paz, que no nos salven más, que se vayan. No puede ser que quienes han edificado una administración a la que ahora señalan como causante de todos los males no tengan otra solución que adelgazarla a base de echar al paro a los que trabajan en ella. ¿Hay plantillas hinchadas? Seguro, sobre todo porque los mismos que ahora lo denuncian sobredimensionaron las nóminas ya sea para colocar a amiguetes o para montar una Corte a su alrededor. Sobra gente, bien, pero los primeros que deben irse son los responsables del desastre. No más pirómanos a hacer de bomberos. Primero que se vayan los directivos, que lo tengan que hacer por ley, y luego ya se verá que recortes más son obligados. No se puede aceptar que 40 años de democracia hayan dado para tan poco: inmigrantes fuera de la cobertura sanitaria, mujeres perseguidas por abortar, impuestos que siguen sin pagarse, corruptos que se van de rositas, estudiantes brillantes obligados a irse a trabajar a Alemania como sus abuelos sin estudios de la posguerra, medios públicos reprimiendo a los discrepantes, privados empeñados en salvar los restos del naufragio del sistema sea al precio que sea, la atención a los discapacitados de nuevo en manos de las Damas Postulantes ahora bajo en nombre de ONGs, una Jefatura del Estado y su camarilla que nos avergüencen, una Constitución tan papel mojado que nadie se la cree porque todo el mundo sabe que se moldea al gusto del poder como si fuera el viejo Fuero de los Españoles de Franco, las protesta callejeras repremidas con saña por más que las porras ahora no van de gris sino de azul, un país convertido en un protectorado gobernado desde Alemania o Bruselas por personajes como Merkel o Draghi, un país con una pelota de fútbol en la cabeza, un país huelebraguetas, casposo, gritón y chabacano. De verdad y por favor, váyanse. Empecemos por modificar la ley electoral, hagámosla proporcional. Aseguremos el acceso a los medios de todas las voces. Evitemos el monopolio en los discursos públicos. Endurezcamos las penas a la corrupción, que las sospechas fundadas sean suficientes para dejar en "barbecho" a los políticos oscuros, que no se pueda ofender a nuestra inteligencia con el sonsonete de la presunción de inocencia. Blindemos areas de autogestión laboral, social y profesional a las que no puedan acceder ni los políticos, ni los curas. Vayamos a una nueva Constitución y que ses abiertamente debatida por la ciudadanía. Que los ricos paguen impuestos como los pagamos aquellos que no lo somos. Que haya salario mínimo pero también máximo. Que no nos vengan arcadas cuando vemos que el Rey, ese cazador de elefantes capaz de darle un manotazo a su chofer porque no aparca a su gusto, se reune con los grandes empresarios y que no nos asalte la sospecha de que de lo único que hablan es de como ganar más a costa de los que ganan menos. Este sistema sino cambia se romperá, y será mucho peor.