jueves, 30 de agosto de 2012

Periodismo Blanco, periodismo que no se mancha

Con la llegada del Partido Popular, Televisión Española ha cambiado a todos los presentadores de sus informativos, menos a Ana Blanco. La vasca Ana Blanco presenta informativos en TVE desde 1991 y tiene un montón de premios. Voy a enumerar algunos: Insignia de "Caballero de la Orden Nacional del Mérito" (2005) otorgado por la Embajada de Francia en España; Premio "Manuel Alonso Vicedo" (2008); Premio "Antena de Oro" (1999); "Micrófono de Oro" (2005) concedido por la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión.; Premio de la "Academia de la Televisión de España" a la "Mejor comunicadora de informativos" (2000, 2004, 2005 y 2010); Premio de la "Academia de la Televisión de España" a la "Mejor comunicadora de informativos de los últimos 10 años (2007); Premio de la "Asociación Profesional Española de Informadores de Prensa, Radio y Televisión"; Premio Nacional de Periodismo "Pedro Antonio de Alarcón" concedido por el Ayuntamiento de Guadix y la Asociación de la Prensa de Granada; Premio "TP de Oro" como "Mejor presentadora de informativos" (2007, 2008); Premio "Lan Onari" del Gobierno Vasco por el conjunto de su trayectoria profesional (2011),... Son muchos premios porque han sido muchos años. Ana Blanco tiene una carrera larga. Presentó los telediarios en los últimos tiempos de Felipe González cuando, de la mano de María Antonia Iglesias, los informativos de la "1" procuraban poner el máximo de sordina a ese alud de corrupción y crimen de Estado que le caía encima al gobierno socialista. Presentó los telediarios de los ocho años de José María Aznar; cosa que significa que en esos casi cien meses de plomo y mierda informativa de Alfredo Urdaci también era ella quien servía los productos manipulados. Presentó en la época Zapatero los dignos noticieros que fabricaban Fran Llorente y sus muchachos... Y ahora presentará los informativos que Julio Somoano&Cia ya están haciendo a mayor gloria de Rajoy y el PP. Blanco ha pasado por todo ésto sin mancharse, sin decir ni mú. Bueno, sí, algo ha dicho. En una entrevista reciente con la agencia EFE, cuando le preguntaban por posibles presiones políticas en la televisión pública, aseguraba que "nunca me han llegado ese tipo de presiones". Jamás una mala palabra, jamás una buena acción. Si ha tocado servir calidad, calidad; si tocaba basura, basura; si tocaba verdad, verdad, y si tocaba mentira, mentira. Nunca se le ha oído una queja, una reflexión, un análisis del sentido de su trabajo. Ni en los peores días de Urdaci se le notó un mal gesto, ni una asomo de incomodidad o una pizca de vergüenza. Pues bien, con todo, Ana Blanco tiene la montaña de premios que he relatado. Así las cosas, todos esos premios son la prueba de lo mal que anda el periodismo, y también nuestra democracia. Si las cosas estuvieran un poco más en su sitio, la profesión, en vez premiarla, le reprocharía a Blanco su servilismo y la ciudadanía, lejos de aplaudirla, le afearía su complicidad con la desinformación.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Robar es patrimonio de los ricos

Dice el artículo 128 de la Constitución Española que "Toda la riqueza del país, en sus distintas formas y sea cual sea su titularidad, está subordinada al interés general". Repito lo dice la Constitución Española de 1978. No el Manifiesto Comunista, ni los estatutos de no sé que partido de ultraizquierda, es el artículo 128 de la Constitución Española, esa que redactaron, entre otros, "revolucionarios" de la talla de Fraga, Roca Junyent o Gabriel Cisneros.
Así que, por favor, ya está bien de escandalizarse por el robo de unos carros de comida en un par de supermercados a cargo de cargos electos andaluces para dárselos a familias necesitadas. De la forma que se está abriendo la brecha entre ricos (cada vez menos pero más acaudalados) y pobres (justo al revés) poner ahora el grito en el cielo por la acción de Sánchez Gordillo y compañía es pura ceremonia de distracción. Claro que se trata de un hecho que no puede convertirse en norma pero estamos ante un ejemplo de lo que, en el fondo, se llama "hurto hambriento", robar para comer. El Código Penal, en su artículo 20, establece que el "estado de necesidad", propio o ajeno, exime de responsabilidad criminal. Lo que sucedió ayer es una llamada de atención a los poderosos, a los políticos y a los grandes empresarios, en el sentido de que no podemos seguir así. El robo en los supermercados es donde desemboca la catarata de leyes y decisiones injustas que se están tomando desde el poder. Nadie evita que los parados se multipliquen, que se les pague cada vez menos, que se eche de sus casas a quien no puede pagar sus hipotecas, que se sigan enchufando a los hijos y sobrinos de familias bien, que los jóvenes sin padrinos deban abandonar el país, que se recorten las ayudas a la dependencia, que desaparezcan los ahorros de la pobre gente en las cajas y bancos, que la escuela pública siga desangrándose para que no haya manera de intentar que todos seamos un poco más iguales, que la sanidad pública sea un callejón sin salida para los que no se pueden pagar seguros privados, que todas las tropelías económicas de los políticos corruptos queden impunes, que solo se persiga a los jueces buenos... Si un diputado, alcalde o senador es descubierto robando millones de euros a través de organizaciones mafiosas (llámense Gürtel, EREs andaluces, Palau de la Música Catalana, trama valenciana de ONGs...) no pasa nada. El entramado judicial de recursos y más recursos acabará sepultando el caso y nadie paga. No paga Camps, ni Bárcenas, ni Pujol, ni Durán i Lleida, ni Urdangarín, ni Blasco, ni Hernández Moltó, ni Rato, ni Olivas, ni Botín, ni los Albertos, ni Fabra, ni Galeote... Nadie. Eso sí, como alguien, con la que está cayendo, se decida a llamar la atención llevándose comida de un supermercado para dársela a familias necesitadas se le cae el pelo... Anda ya.
No puede haber seguridad si no hay justicia. No todo lo legal es ético, moral o justo. Ni todo lo ilegal es injusto. Con el amparo de la ley se han cometido tropelías inmensas, basta con repasar la historia. La propiedad privada no puede estar tranquila mientras ella crece (siempre en pocas manos) y observa indiferente como lo hace a costa de la injusticia que va haciendo más y más pobre a la mayoría.
El poder político está para perseguir al que roba pero solo estará legitimado para ocuparse del que roba un supermercado para dar comida a los pobres si antes ha evitado que los que más tienen multipliquen su riqueza a costa de los miserables, con leyes a medida y escapando por la puerta de atrás cada vez que topan con la policía. Dice el ministro de Interior Fernández Díaz que robar para repartir pan entre los necesitados no es forma porque  "el fin no justifica los medios". Muy bien pero mucho peor es tener todos los medios, como tiene el gobierno, y ponerlos al servicio de los ricos contra los pobres. En su mano está legislar al revés de como lo están haciendo, pensando en los de abajo y no en los de arriba. Así evitarán los asaltos a supermercads que, en realidad, les preocupan mucho porque son "malos ejemplos" y con los tiempos que vienen es peligroso difundir determinadas ideas, a ver si al final tienen éxito y demasiados imitadores. Si no quieren hacerlo por convencimiento que lo hagan por esa fidelidad que tanto predican a la Constitución, a su artículo 128 para ser exactos.
Y, finalmente, un empresa como Mercadona, ayer robada, que es capaz de decir que no da a las ONGs la comida que tira pese a estar en condiciones y que, en todo caso, que la recojan de los contenedores si no se merece ser atracada, al menos se merecería que la cerraran por orden gubernativa, por denega ión de auxilio o concepto parecido. Su actitud si que es un verdadero mal ejemplo. El Sr. Roig se puede olvidar de mis antiguas compras de 200 euros. No pienso volver a hacerlas. Los malos son ellos, no Sánchez Gordillo.