jueves, 12 de julio de 2012

¿Para cuándo la marcha de periodistas sobre Madrid?

Ya tenemos a los mineros en Madrid. No me extraña en absoluto. Lo que me sorprende es que no se se hayan organizado marchas de tantos otros colectivos que están igual o peor que los mineros. Sin ir más lejos, los periodistas. Ya sé que la FAPE (Federación de Asociaciones de la Prensa de España) no es un sindicato sino una organización profesional pero es que tal como está la situación una cosa no se puede deslindar de la otra. Por eso, me parece que la FAPE no podría prestar un mejor servicio a la profesión que organizar una marcha de periodistas sobre Madrid. Las condiciones profesionales de un periodista están estrechamente unidas a su situación laboral. Los periodistas no pueden desempeñar de ninguna forma su profesión si laboralmente están en precario y, a día de hoy, no es que el periodismo esté en precario, es peor: el periodismo está muriéndose.
En los últimos tres años, casi 6.500 periodistas se han quedado sin trabajo. Los Expedientes de Regulación de Empleo (ERE) se han cebado en profesionales con larga trayectoria y han extendido entre los más jóvenes la imagen  de que su empleo es provisional. Las redacciones cada vez funcionan con menos gente. La polivalencia es la palabra clave. Hay que saber desempeñar todos los papeles del proceso: se debe preguntar, hay que escribir, hay que documentarse, hay que hacer de productores, hay que saber editar, hay que saber coger la cámara, hay que saber montar... En resumen, lo que antes se hacía entre diez hoy lo tiene que hacer uno solo y a ese uno se le sigue llamando periodista, y sigue siendo el responsable de dar información de calidad a la ciudadanía. El periodista "moderno" es un curioso personaje que debe estar más preocupado, por ejemplo, de los últimos avances en los procesos de edición que de saber qué cara tiene el consejero de Interior del gobierno vasco o que relaciones mantiene una determinada empresa con la cúpula gubernamental en Italia, por decir algo. Eso o el despido. No hay más alternativa.

                           

El periodista polivalente es barato ya que permite ahorrarse muchos sueldos. Además siempre es más dócil que aquel otro que tiene como preocupación básica desconfiar de todo lo que huela a poder. Polivalencia y docilidad son condiciones que interesan mucho a los empresarios, facilitan el negocio. Polivalencia y docilidad son, en estos días, mucho más importantes que los conocimientos, el bagaje y la curiosidad por saber. A las redacciones llegan todas las mañanas montañas y montañas de comunicados de prensa: desde los ministerios, las direcciones generales, las consejerías, las diputaciones, los ayuntamientos, las ONGs, el Corte Inglés, Mercadona, Zara, los bancos, las cajas, Iberdrola, CEPSA, el Colegio de Médicos, de Farmacéuticos, de Arquitectos... millones de supuestas noticias que no son otra cosa que propaganda, miles de gabinetes de comunicación que no descansan. Quiere ésto decir que para llenar periódicos e informativos de radio y televisión hay material más que suficiente. Así que para qué se necesitan grandes redacciones de profesionales preparados si con pequeños equipos de periodistas polivalentes y baratos hay bastante.  Al paro con ellos.
Este es el drama. Esto es lo que se esconde detrás de tanto despido. La precarización de las redacciones no es un episodio pasajero. Ha venido para quedarse. Las condiciones laborales del pasado no van a volver. Y eso es lo mismo que decir que la mierda de periodismo que nos rodea no nos lo vamos a poder quitar de encima nunca  más. Y ya se sabe (lo voy a decir aunque sean unas frases un tanto gastadas y que a veces se escuchan en boca de verdaderos delincuentes): con mal periodismo tendremos mala democracia, o sea, no tendremos democracia. Por eso la FAPE debería ser el núcleo de la movilización.


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1 comentario:

Ricardo Marí dijo...

Enhorabuena por el artículo. Estoy totalmente de acuerdo. Sin embargo, creo que debemos aprovechar Internet, el único medio 100% libre en este momento, para poder reivindicar nuestra profesión y poder cumplir con nuestra misión social imprescindible para sostener cualquier sistema democrático.

Es muy penoso que funcionarios, médicos o profesores, gentes imprescindibles, sepan defender sus derechos y los periodistas, igual de necesarios, estemos esperando el milagro de brazos cruzados.

Un saludo