viernes, 20 de julio de 2012

Jodidos, empobrecidos y viendo fútbol

El caso es ir desviando la atención. Ahora se han puesto de moda las disculpas. Las pide el Rey, las piden los banqueros gallegos y las piden hasta las diputadas faltonas que destacan en el Congreso por sus insultos, y eso que destacar insultando en el Congreso no es sencillo. Lo que nadie acepta es pagar por sus errores. Ni se plantea un referéndum sobre la Monarquía, ni los banqueros gallegos devuelven el dinero a los que han engañado, ni Andrea Fabra dimite. Se comete el abuso, se discute sobre él, se matiza, se especula, se miran pros y contras, se puede hasta perdir disculpas, pero todo sigue igual. Bueno, igual no, la gente queda mucho más mareada y cada vez con más dificultad para entender lo que está pasando. El presidente norteamericano Truman decía que cuando no puedes convencer a la gente lo mejor es confundirla. En eso estamos, en la confusión masiva vía una exceso de información que hace imposible llegar a conclusiones.
Las políticas se aplican con el estribillo de fondo de que son las únicas posibles: "no nos gustan pero no hay más remedio". Sí hay más remedio. Lo que no hay es manera de poder discutir con un mínimo de tranquilidad la posibilidad de tomar medidas alternativas a las que están ahogando a los ciudadanos de este país, amargándoles la vida, jodiéndoles el presente e hipotecándoles el futuro. Resulta imposible hacer llegar a la mayoría de la ciudadanía, esa "mayoría silenciosa" a la que se refieren desde el gobierno para justificar su apoyo popular, explicaciones claras de lo que se podría hacer en lugar de que todos los recortes afecten a los menos pudientes mientras las grandes fortunas se van de rositas.
Impuestos. La solución se llama impuestos y, de forma resumida, se trata de arbitrar las normas necesarias para que nadie se quede sin sus necesidades básicas cubiertas mientras hay quien gasta dinero en dispendios que ofenden el sentido común de las personas.
Un ejemplo: lo descubrí hace un par de días leyendo el periódico por sus páginas de deportes. Jesé es un jugador de fútbol de 19 años que acaba de ganar la Eurcopa sub-19. Ha sido el máximo goleador del torneo. Pues bien, estando concentrado con la selección española, su equipo, el Castilla había de jugar la promoción de ascenso de segunda división contra el Cádiz. Para que pudiera disputar esos partidos, el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, puso su avión privado a disposición del chico y, gracias a los cuatro viajes, Jesé pudo jugar los dos encuentros y volver a la concentración de la selección sub-19.
Un avión privado arriba y abajo para que un muchacho de 19 años pueda jugar dos partidos de segunda división cuando, por ejemplo, a las personas que tienen dependientes a su cargo se les quita la seguridad social. No puede ser. La ley se ha de redactar teniendo presente que Florentino Pérez, que es muy rico, debe poder vivir muy bien pero no tener un avión privado para pasear a jóvenes futbolistas arriba y abajo.
Si somos capaces de que los trenes vayan a 300 por hora, de reimplantar manos y pies en una sala de operaciones, de trabajar genéticamente los embriones para escapar de las enfermedades hereditarias... no puede ser que seamos incapaces de buscar el dinero allí donde sobra y, en cambio, los arranquemos de las manos de aquellos que no llegan a final de mes.



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