viernes, 6 de julio de 2012

Cuando los corruptos aseguran una mayoría parlamentaria, malo

                   Francisco Camps (izquierda) y Alberto Fabra en Les Corts. 

Los valencianos deberíamos pedir perdón por nuestros políticos. A mí me puede la vergüenza cada vez que pienso que más del 10% de los diputados de mi parlamento autonómico están procesados o imputados por un listado de presuntos delitos que ponen la piel de gallina si se leen todos juntos: financiación ilegal, cobro de comisiones ilegales en adjudicaciones públicas, falsedad documental, fraude, prevaricación, estafa, trafico de influencias, uso de información privilegiada... De todo esto se acusa a nuestros diputados. Son 11 diputados en una cámara de 99. Podrían ser el tercer grupo parlamentario más numeroso. Serían decisivos para conformar mayorías. Todos son del Partido Popular. Y nadie está en condiciones de asegurar que, dentro de cuatro días, no haya alguno más.
Así las cosas, por favor, dejemos de decir que la corrupción política es un hecho extraordinario. Dejemos de adormecer nuestra conciencia asegurando que se trata de casos aislados. Nada de aislados. La corrupción política está instalada entre nosotros y no tiene pinta de desaparecer.
La esperanza de acabar con tanta basura sería real si, en el caso que nos ocupa, alguien en el PP valenciano, a ser posible con mando en plaza, alzara la voz y dijera que ya está bien, que siente la vergüenza de la que yo hablo. Nada. Nadie dice nada. ¿Como es posible tener un mínimo de vocación de servicio público, un mínimo de sensibilidad democrática, y seguir callado? Pues eso, silencio absoluto. Y el primer callado el president de la Generalitat, Alberto Fabra, también presidente del PP en la Comunidad Valenciana. Si Fabra fuera un político honrado ya habría fulminado a todos sus diputados a los que la justicia persigue. Le cueste lo que le cueste. Ni uno solo de ellos seguiría bajo el paraguas del partido. Es más, si Fabra fuera políticamente honrado, añadiría de inmediato que le provoca arcadas que su antecesor en el cargo, el ahora también diputado raso Francisco Camps, hubiera usado las listas electorales para blindar a quienes ya se sabía que iban a tener problemas judiciales. ¿Qué es eso de la presunción de inocencia? La presunción de inocencia es una garantía judicial pero nada tiene que ver con la política. En política, ante una duda sobre el comportamiento ético y legal de un determinado representante público, si éste no es capaz de dar explicaciones claras, debe abandonar su cargo. Luego, si pese a su imposibilidad de explicarse, la justicia demuestra (sí, demuestra) su inocencia, ya tendrá tiempo de volver.


                     Alberto Fabra (centro) con Carlos Fabra a su izquierda.

Alberto Fabra no corta por lo sano porque es uno de ellos. Sabe todo lo que saben todos. Sabe todo lo que los demás imaginamos, porque tantas coincidencias no pueden ser casualidad. Fabra sabe perfectamente todo lo que los jueces están investigando y, poco a poco, van descubriendo. Y lo que vale para Fabra, vale para Mariano Rajoy.
El PP valenciano es un partido corroído por la corrupción y la mafia. Si alguien organiza su boda y en el listado de invitados hay una docena de delincuentes solo hay dos posibilidades: o es un bobo de tomo y lomo que no sabe de quien se rodea o es un delincuente como sus invitados. Con las listas electorales pasa lo mismo. Si un dirigente político elabora una candidatura minada de corruptos o es tonto o es un corrupto. Puesto que es difícil llegar a la cúpula de un partido siendo tan tonto, yo me inclino por la segunda posibilidad.
Y acabo con un par de detalles sobre Alberto Fabra para dejar claro que, "motu poprio", no se puede esperar nada de él contra la corrupción. Fabra era de los que se rompía las manos a aplaudir cuando Camps entraba en Les Corts en el apogeo del "caso Gürtel". Sobre el mencionado expresident, poco antes de su dimisión, Alberto Fabra todavía aseguraba agradecido que “Camps es el mejor aval de crecimiento de los castellonenses" y que su gestión estaba siendo "impecable y la que mayor beneficios podría dar a esta Comunidad de la que ahora, con su progreso, los ciudadanos están orgullosos. Eso ha sido un éxito del presidente Camps”. Sobre los procesos judiciales añadía que "tratan [la oposición] de obtener en el Palacio de Justicia lo que no consiguen del respaldo popular y siempre ha quedado en nada". Es más, del otro Fabra, de Carlos Fabra, entonces presidente de la Diputación de Castellón, líder del partido en la provincia y hombre a la sombra del cual había construido su carrera política, decía que "en el caso de Carlos Fabra, no ha habido nada y sólo forma parte de una campaña continua de desprestigio".
Lo dicho: o es tonto, que no creo, o lo sabía todo porque era uno de ellos.

1 comentario:

S. Dolz dijo...

Molt bó