miércoles, 25 de julio de 2012

Muerto el perro seguirá la rabia



José López Jaraba actual director general de RTVV llegó al cargo elegido por Francisco Camps y su balance es difícilmente empeorable: tiene la audiencia en el 4%, no ha informado ni del "caso Gürtel", ni del "caso Emarsa" ni de ninguna otra cuestión que perjudicara al PP, los colectivos profesionales le ponen como ejemplo de manipulación y censura, ha seguido con la defenestración de profesionales, las pérdidas económicas han continuado, ha encubierto a un alto directivo acusado de abuso sexual, ha negado información a Les Corts, ha engañado al Consejo de Administración, ha mentido al Comité de Empresa, ha impedido la recuperación del Comité de Redacción, ha acabado con la producción propia, no ha hecho ninguna reconversión tecnológica, ha externalizado servicios que se podían haber hecho en la casa, ha contratado con productoras amigas a precios diez veces los de mercado, el uso del valenciano ha retrocedido... En resumen, un desastre. Pese a lo cual...


Tanto me cansa Canal 9, y por añadidura RTVV, que voy a escribir, una vez más, sobre este ente moribundo. Es un caso perdido, ya lo sé, pero en tanto que metáfora de todo un país, o lo que sea ésto, darle una vuelta más me parece útil.
Es una irresponsabilidad encogerse de hombros ante la desaparición de Canal 9. No dudo que se trata de una televisión que nunca han prestado el servicio para el que, supuestamente, estaba pensada pero sin ella nada será mejor, ni más barato. Las cosas que desaparecen son imposibles de arreglar. En este caso, que nadie espere que muerto el perro se acabe la rabia.Canal 9 ha sido un inmenso atraco que ha ido creciendo según pasaban los años. Hoy es gran agujero negro en lo económico y en lo democrático.
Empezando por lo económico, es preciso recordar un dato que parece haberse olvidado, la deuda que se arrastra es de 1.300 millones de euros. Ésto no lo resolverá el Expediente de Regulación de Enmpleo (ERE) que cifra el ahorro en sueldos en 30 millones. Son pues 1.300 millones que deberá devolver la Generalitat, es decir, todos los valencianos, restándolos de otros servicios. Pasado el verano, ya con menos trabajadores, seguirán sumándose pérdidas, denuncias, actuaciones vergonzosas y la sangría se hará mayor. Lo que se quite de personal irá destinado a enriquecer a productoras amigas. Así hasta el cierre definitivo. No se puede esperar otra cosa. Será así porque al frente de la nave se quedarán los mismos directivos que la han llevado a la ruina, los mismos políticos que la han destrozado, los mismos malos profesionales que la han pervertido.
De todas formas, más allá de la cuestión del dinero, incluso en estos tiempos de crisis, está el sentido que tiene una televisión pública para la salud democrática de un país. Una televisión pública dedicada a la manipulación, a la censura, a la desinformación, a la propaganda partidista resulta inaguantable aunque solo cueste un euro. Una televisión pública que renuncia a ser una herramienta de debate democrático, un espejo de lo mejor que pueden dar sus ciudadanos, un punto de encuentro crítico donde las personas puedan poner sus opiniones en común no tiene razón de ser. Los medios públicos están para aportar luz, no para apagarla. RTVV no es el tipo de medio público que precisa el País Valenciano pero el País Valenciano necesita disponer de medios públicos. La comunicación democrática, el flujo de información a través de los grandes medios, no puede quedar en manos del mercado. El País Valenciano, en tanto que ámbito político con instituciones propias, necesita sus propios referentes informativos y, además, pensados en clave de servicio público. Si no hay medios públicos, o éstos, como es el caso, desarrollan su actividad de forma fraudulenta, la lucha democrática por el poder es desigual, está trucada; dicho de otra forma, no hay democracia.
Los que hoy se alegran de que cierren Canal 9 deberían pensar en todo ésto. Repartir como quieran las culpas de lo que ha pasado pero no olvidar que quienes más responsabilidad tienen, quienes mayores beneficios han obtenido, son los directivos vinculados al PP y los propios dirigentes populares, ahora con Alberto Fabra a la cabeza. Y todos éstos siguen. Con lo cual, el futuro todavía será peor. La desaparición de Canal 9 no va a resolver nada. Los corruptos se quedarán a la cabeza de las instituciones y, por tanto, lo que se ahorren por un lado lo seguirán desviando, robando, por otro.
Y ahora, déjenme que diga algo que incluso a mí me resulta increible de escuchar si lo leo en voz alta: Canal 9 podría tener solución incluso en lo económico. Los 1.300 millones de deuda, no. Esos se deberán pagar, pero no tienen porque generarse más pérdidas. Todo pasa por organizar la casa de otra forma, con nuevos modos, al revés. En vez de un ERE habría que incentivar bajas, facilitar prejubilaciones, no despilfarrar (como se ha hecho en abundancia), apostar por la producción propia, limpiar la casa de directivos y, luego, ajustar los sueldos al dinero disponible. Nada de contrato programa, todos los contenidos deberían ser puro servicio público, pero público de verdad. Eso sí, el funcionamiento también daría un giro de 180 grados. Empezando por el departamento de Informativos, deberían ser los propios trabajadores quienes eligieran a sus jefes. Ni el Parlamento, ni el Consejo de Administración. Ya se han demostrado tan inútiles, tan malvados y tan mentirosos que cuanto más lejos mejor. Qué quiten sus sucias manos de la televisión. Discutir, reflexionar y votar, ese es el procedimiento. Horizontalidad, trasparencia. Tendrían que haber muchos menos despachos pero nadie debería ocupar ninguno de ellos si no tuviera el beneplacito de los trabajadores. Y luego seguir con el debate, poner en común los planes, los objetivos, los métodos, los resultados.
Lo he dicho al principio, Canal 9, por añadidura RTVV, es un ente moribundo y se tiene que hacer con él lo que se hace con las empresas en ruinas: expulsar a los directivos, revisar papeles, entregarlos a los jueces y que los trabajadores se organicen en forma de cooperativa. Un iniciativa inédita, empresas públicas convertidas en cooperativas y los dueños, en este caso los politicos responsables,  a los tribunales. Lo agradecerían nuestros bolsillos, nuestra dignidad y nuestra democracia.

viernes, 20 de julio de 2012

Jodidos, empobrecidos y viendo fútbol

El caso es ir desviando la atención. Ahora se han puesto de moda las disculpas. Las pide el Rey, las piden los banqueros gallegos y las piden hasta las diputadas faltonas que destacan en el Congreso por sus insultos, y eso que destacar insultando en el Congreso no es sencillo. Lo que nadie acepta es pagar por sus errores. Ni se plantea un referéndum sobre la Monarquía, ni los banqueros gallegos devuelven el dinero a los que han engañado, ni Andrea Fabra dimite. Se comete el abuso, se discute sobre él, se matiza, se especula, se miran pros y contras, se puede hasta perdir disculpas, pero todo sigue igual. Bueno, igual no, la gente queda mucho más mareada y cada vez con más dificultad para entender lo que está pasando. El presidente norteamericano Truman decía que cuando no puedes convencer a la gente lo mejor es confundirla. En eso estamos, en la confusión masiva vía una exceso de información que hace imposible llegar a conclusiones.
Las políticas se aplican con el estribillo de fondo de que son las únicas posibles: "no nos gustan pero no hay más remedio". Sí hay más remedio. Lo que no hay es manera de poder discutir con un mínimo de tranquilidad la posibilidad de tomar medidas alternativas a las que están ahogando a los ciudadanos de este país, amargándoles la vida, jodiéndoles el presente e hipotecándoles el futuro. Resulta imposible hacer llegar a la mayoría de la ciudadanía, esa "mayoría silenciosa" a la que se refieren desde el gobierno para justificar su apoyo popular, explicaciones claras de lo que se podría hacer en lugar de que todos los recortes afecten a los menos pudientes mientras las grandes fortunas se van de rositas.
Impuestos. La solución se llama impuestos y, de forma resumida, se trata de arbitrar las normas necesarias para que nadie se quede sin sus necesidades básicas cubiertas mientras hay quien gasta dinero en dispendios que ofenden el sentido común de las personas.
Un ejemplo: lo descubrí hace un par de días leyendo el periódico por sus páginas de deportes. Jesé es un jugador de fútbol de 19 años que acaba de ganar la Eurcopa sub-19. Ha sido el máximo goleador del torneo. Pues bien, estando concentrado con la selección española, su equipo, el Castilla había de jugar la promoción de ascenso de segunda división contra el Cádiz. Para que pudiera disputar esos partidos, el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, puso su avión privado a disposición del chico y, gracias a los cuatro viajes, Jesé pudo jugar los dos encuentros y volver a la concentración de la selección sub-19.
Un avión privado arriba y abajo para que un muchacho de 19 años pueda jugar dos partidos de segunda división cuando, por ejemplo, a las personas que tienen dependientes a su cargo se les quita la seguridad social. No puede ser. La ley se ha de redactar teniendo presente que Florentino Pérez, que es muy rico, debe poder vivir muy bien pero no tener un avión privado para pasear a jóvenes futbolistas arriba y abajo.
Si somos capaces de que los trenes vayan a 300 por hora, de reimplantar manos y pies en una sala de operaciones, de trabajar genéticamente los embriones para escapar de las enfermedades hereditarias... no puede ser que seamos incapaces de buscar el dinero allí donde sobra y, en cambio, los arranquemos de las manos de aquellos que no llegan a final de mes.



viernes, 13 de julio de 2012

Andrea Fabra: Mozart de la política pero mal educada como su padre

                                    Andrea Fabra, diputada del Partido Popular


Doy por buena la explicación que la diputada Andrea Fabra ha ofrecido de su ya famoso "qué se jodan": se lo decía a los socialistas. Vale, de acuerdo, se lo decía a los socialistas. Digamos que la lógica dialéctica, aunque éste sea un concepto difícil de aplicar con la Sra. Fabra de por medio, hace que resulte extraño que su insulto se pudiese dirigir a los parados. No venía a cuento, sería una maldad tan exagerada y gratuita que yo me inclino a pensar que Andrea Fabra dice la verdad: "se lo decía a los socialistas". Así que, por ofender a los parados, no hace falta que dimita.
La pregunta ahora es: ¿debemos aceptar que un diputado durante un pleno del Congreso se dirija a sus oponentes políticos con un sonoro "qué se jodan"? ¿Es normal ese tipo de actitud? Cualquiera de nosotros en su trabajo o en sus relaciones sociales más formales, ¿usa normalmente estas expresiones? Se lo digo: yo no las utilizo. Si en el trabajo alguien discrepa conmigo, si me critica o me hace observaciones que no me gustan discuto con él, debatimos y, nos pongamos de acuerdo o no, yo no le insulto, y él a mí, tampoco. Solo acaban a insultos o puñetazos los salvajes y, la verdad, a mi alrededor no hay. Me extraña que haya tantos en los parlamentos. Ni que los eligieran a posta. Es vergonzoso asistir a una sesión del Congreso. Demasiados gritos, demasiados improperios, demasiadas descalificaciones. Es imposible sentirse representado por quien contesta "qué se jodan" cuando alguien le protesta. No se puede ser tan mal educado. Que un diputado tenga que reconocer que ha insultado a la oposición para salvarse de un problema mayor le inhabilita. Además, miren la imagen que sigue: Fabra aplaude y remata, con una actitud orgullosa, con su "qué jodan".




Sí, claro, me referiré a su padre. Andrea Fabra es hija de Carlos Fabra, político "polimputado", presidente provincial del PP de Castelló, expresidente de la Diputación y hombre de fortuna, como indica las muchas veces que le ha tocado la lotería. La referencia a su padre es obligada ya que una de las apariciones estelares de éste fue cuando llamó "hijo de puta" al portavoz socialista en la Diputación de Castelló. El pasaje no tiene desperdicio.

              

Un representante de la soberanía popular con un mínimo de consciencia de su papel jamás debería insultar a otro diputado ya que en el insultado recae la representación de miles de ciudadanos; pero más allá de ésto, en un Parlamento, el "templo de la palabra", los insultos no deberían tener cabida. Un diputado nunca debería rebajarse tanto.
El problema se plantea cuando las cámaras parlamentarias se llenan de personas que no dan la talla. Gente poco preparada, personas que deben sus cargos a los aparatos del partido, a los servicios prestados o, como en el caso de Andrea Fabra, al peso de su padre en el PP.
El curricúlum de la diputada castellonense está lleno de curiosidades. Se licenció en derecho a los 27 años pero ya desde los 26 era miembro de la Ejecutiva Provincial de Castelló que, claro está, dirigía su progenitor. Más extraordinario que ésto es que desde los 23 a los 25 fue asesora de la Secretaría de Estado de Hacienda del gobierno Aznar. Una estudiante de derecho de 23 años asesorando al secretario de estado de Hacienda. ¿No les parece increíble? ¿Quién sería el asesorado? Pues Juan Costa, castellonense como ella y uno de los protegidos del padre de la chica. No me digan que no es bueno.
Luego ya se sabe, senadora desde 2004 a 2008 por designación del parlamento autonómico valenciano, controlado por el PP, por supuesto, y, a continuación, dos legislaturas como diputada. Casada con Juan José Güemes, hombre que fue consejero del gobierno autonómico de Madrid con Esperanza Aguirre, Andrea Fabra, según su declaración de bienes, tiene 4 planes de pensiones con un acumulado total de 56.000 euros, dos coches, dos casas y un par de hipotecas que, sumadas, suponen alrededor de 510.000 euros.

La niña Andrea Fabra

Resumo: Andrea Fabra no debe dimitir por haber ofendido a los parados pero lo debe hacer por haber ofendido a la ciudadanía en general y por no tener el mínimo de nivel necesario que se le debería exigir a alguien para ostentar un cargo tan supuestamente digno como el de diputado. Es más, Andrea Fabra jamás debería haber llegado a diputada. Ni a senadora.

jueves, 12 de julio de 2012

¿Para cuándo la marcha de periodistas sobre Madrid?

Ya tenemos a los mineros en Madrid. No me extraña en absoluto. Lo que me sorprende es que no se se hayan organizado marchas de tantos otros colectivos que están igual o peor que los mineros. Sin ir más lejos, los periodistas. Ya sé que la FAPE (Federación de Asociaciones de la Prensa de España) no es un sindicato sino una organización profesional pero es que tal como está la situación una cosa no se puede deslindar de la otra. Por eso, me parece que la FAPE no podría prestar un mejor servicio a la profesión que organizar una marcha de periodistas sobre Madrid. Las condiciones profesionales de un periodista están estrechamente unidas a su situación laboral. Los periodistas no pueden desempeñar de ninguna forma su profesión si laboralmente están en precario y, a día de hoy, no es que el periodismo esté en precario, es peor: el periodismo está muriéndose.
En los últimos tres años, casi 6.500 periodistas se han quedado sin trabajo. Los Expedientes de Regulación de Empleo (ERE) se han cebado en profesionales con larga trayectoria y han extendido entre los más jóvenes la imagen  de que su empleo es provisional. Las redacciones cada vez funcionan con menos gente. La polivalencia es la palabra clave. Hay que saber desempeñar todos los papeles del proceso: se debe preguntar, hay que escribir, hay que documentarse, hay que hacer de productores, hay que saber editar, hay que saber coger la cámara, hay que saber montar... En resumen, lo que antes se hacía entre diez hoy lo tiene que hacer uno solo y a ese uno se le sigue llamando periodista, y sigue siendo el responsable de dar información de calidad a la ciudadanía. El periodista "moderno" es un curioso personaje que debe estar más preocupado, por ejemplo, de los últimos avances en los procesos de edición que de saber qué cara tiene el consejero de Interior del gobierno vasco o que relaciones mantiene una determinada empresa con la cúpula gubernamental en Italia, por decir algo. Eso o el despido. No hay más alternativa.

                           

El periodista polivalente es barato ya que permite ahorrarse muchos sueldos. Además siempre es más dócil que aquel otro que tiene como preocupación básica desconfiar de todo lo que huela a poder. Polivalencia y docilidad son condiciones que interesan mucho a los empresarios, facilitan el negocio. Polivalencia y docilidad son, en estos días, mucho más importantes que los conocimientos, el bagaje y la curiosidad por saber. A las redacciones llegan todas las mañanas montañas y montañas de comunicados de prensa: desde los ministerios, las direcciones generales, las consejerías, las diputaciones, los ayuntamientos, las ONGs, el Corte Inglés, Mercadona, Zara, los bancos, las cajas, Iberdrola, CEPSA, el Colegio de Médicos, de Farmacéuticos, de Arquitectos... millones de supuestas noticias que no son otra cosa que propaganda, miles de gabinetes de comunicación que no descansan. Quiere ésto decir que para llenar periódicos e informativos de radio y televisión hay material más que suficiente. Así que para qué se necesitan grandes redacciones de profesionales preparados si con pequeños equipos de periodistas polivalentes y baratos hay bastante.  Al paro con ellos.
Este es el drama. Esto es lo que se esconde detrás de tanto despido. La precarización de las redacciones no es un episodio pasajero. Ha venido para quedarse. Las condiciones laborales del pasado no van a volver. Y eso es lo mismo que decir que la mierda de periodismo que nos rodea no nos lo vamos a poder quitar de encima nunca  más. Y ya se sabe (lo voy a decir aunque sean unas frases un tanto gastadas y que a veces se escuchan en boca de verdaderos delincuentes): con mal periodismo tendremos mala democracia, o sea, no tendremos democracia. Por eso la FAPE debería ser el núcleo de la movilización.


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viernes, 6 de julio de 2012

Cuando los corruptos aseguran una mayoría parlamentaria, malo

                   Francisco Camps (izquierda) y Alberto Fabra en Les Corts. 

Los valencianos deberíamos pedir perdón por nuestros políticos. A mí me puede la vergüenza cada vez que pienso que más del 10% de los diputados de mi parlamento autonómico están procesados o imputados por un listado de presuntos delitos que ponen la piel de gallina si se leen todos juntos: financiación ilegal, cobro de comisiones ilegales en adjudicaciones públicas, falsedad documental, fraude, prevaricación, estafa, trafico de influencias, uso de información privilegiada... De todo esto se acusa a nuestros diputados. Son 11 diputados en una cámara de 99. Podrían ser el tercer grupo parlamentario más numeroso. Serían decisivos para conformar mayorías. Todos son del Partido Popular. Y nadie está en condiciones de asegurar que, dentro de cuatro días, no haya alguno más.
Así las cosas, por favor, dejemos de decir que la corrupción política es un hecho extraordinario. Dejemos de adormecer nuestra conciencia asegurando que se trata de casos aislados. Nada de aislados. La corrupción política está instalada entre nosotros y no tiene pinta de desaparecer.
La esperanza de acabar con tanta basura sería real si, en el caso que nos ocupa, alguien en el PP valenciano, a ser posible con mando en plaza, alzara la voz y dijera que ya está bien, que siente la vergüenza de la que yo hablo. Nada. Nadie dice nada. ¿Como es posible tener un mínimo de vocación de servicio público, un mínimo de sensibilidad democrática, y seguir callado? Pues eso, silencio absoluto. Y el primer callado el president de la Generalitat, Alberto Fabra, también presidente del PP en la Comunidad Valenciana. Si Fabra fuera un político honrado ya habría fulminado a todos sus diputados a los que la justicia persigue. Le cueste lo que le cueste. Ni uno solo de ellos seguiría bajo el paraguas del partido. Es más, si Fabra fuera políticamente honrado, añadiría de inmediato que le provoca arcadas que su antecesor en el cargo, el ahora también diputado raso Francisco Camps, hubiera usado las listas electorales para blindar a quienes ya se sabía que iban a tener problemas judiciales. ¿Qué es eso de la presunción de inocencia? La presunción de inocencia es una garantía judicial pero nada tiene que ver con la política. En política, ante una duda sobre el comportamiento ético y legal de un determinado representante público, si éste no es capaz de dar explicaciones claras, debe abandonar su cargo. Luego, si pese a su imposibilidad de explicarse, la justicia demuestra (sí, demuestra) su inocencia, ya tendrá tiempo de volver.


                     Alberto Fabra (centro) con Carlos Fabra a su izquierda.

Alberto Fabra no corta por lo sano porque es uno de ellos. Sabe todo lo que saben todos. Sabe todo lo que los demás imaginamos, porque tantas coincidencias no pueden ser casualidad. Fabra sabe perfectamente todo lo que los jueces están investigando y, poco a poco, van descubriendo. Y lo que vale para Fabra, vale para Mariano Rajoy.
El PP valenciano es un partido corroído por la corrupción y la mafia. Si alguien organiza su boda y en el listado de invitados hay una docena de delincuentes solo hay dos posibilidades: o es un bobo de tomo y lomo que no sabe de quien se rodea o es un delincuente como sus invitados. Con las listas electorales pasa lo mismo. Si un dirigente político elabora una candidatura minada de corruptos o es tonto o es un corrupto. Puesto que es difícil llegar a la cúpula de un partido siendo tan tonto, yo me inclino por la segunda posibilidad.
Y acabo con un par de detalles sobre Alberto Fabra para dejar claro que, "motu poprio", no se puede esperar nada de él contra la corrupción. Fabra era de los que se rompía las manos a aplaudir cuando Camps entraba en Les Corts en el apogeo del "caso Gürtel". Sobre el mencionado expresident, poco antes de su dimisión, Alberto Fabra todavía aseguraba agradecido que “Camps es el mejor aval de crecimiento de los castellonenses" y que su gestión estaba siendo "impecable y la que mayor beneficios podría dar a esta Comunidad de la que ahora, con su progreso, los ciudadanos están orgullosos. Eso ha sido un éxito del presidente Camps”. Sobre los procesos judiciales añadía que "tratan [la oposición] de obtener en el Palacio de Justicia lo que no consiguen del respaldo popular y siempre ha quedado en nada". Es más, del otro Fabra, de Carlos Fabra, entonces presidente de la Diputación de Castellón, líder del partido en la provincia y hombre a la sombra del cual había construido su carrera política, decía que "en el caso de Carlos Fabra, no ha habido nada y sólo forma parte de una campaña continua de desprestigio".
Lo dicho: o es tonto, que no creo, o lo sabía todo porque era uno de ellos.

martes, 3 de julio de 2012

La necesidad y el valor de las dimisiones

Ya. Ahora. Inmediatamente. Son las tres respuestas que se me ocurren cuándo se plantea en qué momento debe dimitir un responsable político si en su área de gestión se da un hecho excepcionalmente negativo y con gravísimas consecuencias en forma de pérdida de vidas humanas o materiales.
Digo ésto por los incendios que ha habido estos días en Valencia. Desde multitud de instancias se está pidiendo la dimisión del conseller de Gobernación de la Generalitat, Serafín Castellano. No se le denuncia ante el juez, se le pide que se vaya como responsable político de lo sucedido. Pero nada, dicen que ahora no es el momento, que cuando esté apagado el incendio ya dará las explicaciones que sean necesarios y, si es preciso, asumirá sus responsabilidades. La misma historia de siempre. Luego, dentro de no sé cuántos días, cuando la opinión pública esté atenta a cualquier otra cosa, el conseller comparecerá en el parlamento, la comparecencia pasará desapercibida para el 95% de los ciudadanos, dará cien datos y mil excusas, cargará contra la oposición, sus compañeros de escaño le aplaudirán... y a otra cosa mariposa. Todo menos asumir que recortaron casi en tres cuartas partes los presupuestos para prevención de incendios en 2012,  que contrataron a menos de la mitad de brigadistas que en años anteriores. Todo menos aceptar que no han presentado ninguna estrategia perventiva o de gestión del fuego, que no han tenido protocolos efectivos sobre sucesos como los de estos días, que hay menos bomberos o que se ha despedido a muchísimo personal de todo tipo de empresas implicadas en las tareas de control y protección de bosques.
Un cara a cara de hace unos meses entre el conseller Castellano y el diputado de Esquerra Unida, Lluís Torró, pone en evidencia los argumentos y las actitudes del gobierno valenciano. El mismo conseller que saca pecho dando por seguro que no pasará nada es evidente que a día de hoy debería tener las horas contadas.



La dimisión de Castellano ha de ser ya, ahora, inmediata porque 50.000 hectáreas quemadas no pueden salir gratis, porque un fracaso tan grande no puede pasar como si nada. No se trata de culpabilizarlo del fuego. Nada de eso. No hablo de responsabilidades penales. Hablo de responsabilidades políticas. Castellano debe dimitir porque los cargos institucionales, los políticos en general, han de saber que su continuidad en el puesto depende de que hagan las cosas bien y de que les salgan mínimamente bien. Han de saber que las arbitrariedades se pagan, que si recortan donde no deben recortar y gastan donde no han de gastar pueden pasar cosas que acaben con su carrera politica. Teniendo la certeza de que pagarán por su gestión serán más cuidadosos, más serios, colocarán a menos amiguetes, no llegará cualquier botarate a conseller. En resumen, nos administrarán mejor.
Y, por favor, que nadie diga que no se dimite mientras arde el monte porque no se puede abandonar el puesto de mando en plena tormenta. ¿Qué sabe Serafín Castellano de incendios? ¿Qué hará él que no pueda hace el propio president de la Generalitat que ante tal desastre, y después de aceptar la dimisión de su conseller, debería ponerse al frente del operativo? Pero si Serafín Castellano es un político profesional, licenciado en derecho pero que jamás ha ejercido de abogado,  afiliado al PP desde los 24 años, alcalde de su pueblo a los 27, diputado autonómico con la misma edad, vicepresidente de Nuevas Generaciones, presidente de la Federación Valenciana de Municipios, conseller de Justicia en 1999; de Sanidad, en 2000; portavoz parlamentario, en 2003. Con ese currícúlum, ¿cómo puede ser imprescindible al frente de la extinción de fuegos?


Además hoy es 3 de julio. Hace exactamente seis años, 43 personas murieron en un accidente de metro en Valencia. 47 personas más resultaron heridas. Nadie, ni un solo responsable político dimitió a raíz del suceso. En ese momento, cuando los hechos estaban recientes, también se apeló a que una vez pasará todo se iban a concretar las responsabilidades de cada cual. Mentira. Cuando pasó un tiempo, el drama se fue olvidando, desapareció de las primeras páginas de los periódicos y nadie asumió nada. El president de la Generalitat de entonces, Francisco Camps, incluso se negó a recibir a los familiares de las víctimas. Las comisiones de investigación se cerraron en falso. Se culpó de todo al conductor por ir a una velocidad excesiva. Judicialmente no se encontraron delitos. Las balizas que hubieran frenado el tren no estaban, la seguridad del convoy estaba anticuada, no se había invertido lo necesario ni de lejos, pero parece que nadie tenía la culpa de eso. El conseller del ramo murió sin pagar por nada y pese a saberse que la responsable de la empresa pública de transporte incluso llegó a contratar a una empresa de comunicación para planear lo que iban a decir ante el parlamento valenciano y ante el juez, incluso ella se ha ido de rositas.

lunes, 2 de julio de 2012

Un país en la pelota

Comprendo a todos los niños que hoy han salido a las calles de Madrid a jalear a sus ídolos futbolísticos. Cuando yo tenía 12 años también hubiera "matado" porque Iribar pusiera sus ojos en mí. Lo único que lamento es que nadie les explique que tanta pasión desbocada, tanto frenesí les puede confundir. Esos adolescentes que hoy ocupan las calles como si participaran en una gran fiesta de cumpleaños corren el riesgo de pensarse que están siendo partícipes de una gesta colectiva, que trabajar en equipo, que luchar todos juntos para una causa noble es juntarse para, entre alaridos, hacer la ola en un campo de fútbol o en una avenida cortada al tráfico. Todos esos niños pueden creer que su protagonismo ciudadano no va más allá del aplauso, en este caso a un grupo de jóvenes futbolistas multimillonarios que ni capaces son de dar sus 300.000 euros de prima para alguna causa solidaria; otro día tocará aplaudir al cantante de moda o al líder político que les prometa la luna. El aplauso como máxima expresión ciudadana.
Sobre los que ya no son tan niños pero que también se lanzan a las calles pintados, disfrazados y gritando, mi opinión es bastante peor. Me produce vergüenza ajena ver como tanta gente mayor es capaz de invertir todo un día en celebrar la victoria en un partido de fútbol como si ellos tuvieran algo que ver en ella o fuera a afectar a sus vidas. Me entristece profundamente ver tantos balcones con la bandera española y tan pocos con reivindicaciones en estos tiempos de recortes, privaciones e injusticias. Parece que hay gente dispuesta a darlo todo por una camiseta de Iniesta pero que ni se plantea ir a una manifestación para exigir a sus gobernantes un puesto de trabajo, una vivienda digna, una buena escuela para sus hijos o un hospital como debe ser para la madre enferma.
La idea de que un título en un gran torneo futbolístico es un éxito para un país es puro tercermundismo. España ni ganó ayer, ni España hubiera perdido si los italianos nos hubieran metido cinco goles. No ganamos cuando gana Nadal, ni Gasol, ni Alonso, ni Noya, ni Contador... Si el valor de un país dependiera de sus victorias deportivas, menuda mierda de país. Las dictaduras siempre han tenido en el deporte su falso ejemplo de la salud de la nación, parece mentira que sigamos con ésas.
Tanta insensatez tiene su excusa, una victoria; sus protagonistas, los jugadores; sus figurantes, la gente, y sus responsables, las autoridades y los periodistas. Esa Familia Real, ese gobierno, esos alcaldes de todo pelaje celebrando goles, recibiendo jugadores y comentando jugadas son muestra de irresponsabilidad y mentira. De ellos esperamos, yo al menos, más trabajo y menos participar en ceremonias vacías que solo sirven para desactivar a la población. Igual que del periodismo lo que se espera es información; y no se encuentra.Todos esos medios, los centenares y centenares de periodistas, llevando sus babas futboleras a todos los rincones del país son una burla a la profesión. Sean de TVE, de Tele 5, de la COPE o sea un esquirol como José Ramón de la Morena. Que nadie nos diga que estas "alegrías" ayudan a la gente, éso sería lo mismo que defender que emborracharse es una buena solución cuando se tienen problemas.