lunes, 18 de junio de 2012

Sospechas griegas

Evangelos Venizelos y Andonis Samarás (americana más clara) son los respectivos líderes del PASOK y Nueva Democracia.



Si, a cuenta de Grecia, a los partidos que aplauden y aplican políticas de derechas se les llama de izquierdas (PASOK) y a quienes defiende medidas progresistas y transformadoras se les llama radicales (Syriza) creo que es conveniente empezar a sospechar. Sospechar y reflexionar sobre que, quizá, quizá, las cosas no son como nos las cuentan.
Si no miramos más allá de finales de esta semana, o de este mes, se puede decir que  la derecha ha ganado claramente las elecciones en Grecia.  Las ha ganado claramente porque se ha evidenciado que sumando los votos del partido más votado, la derechista Nueva Democracia (nuestro PP), más los de sus seguros socios del PASOK (nuestro PSOE) superan con creces el 40%, a lo que añadiendo el plus de 50 diputados les asegura la gobernabilidad. Al menos, formal y a corto plazo.
Queda definido también que frente a ese futuro gobierno de derechas la única alternativa real es Syriza, un partido que hace tres años era poco más que testimonial con 300.000 votos (el 4%) y 13 diputados y hoy es gran fuerza progresista con 1.700.000 votos (27%) y 71 escaños. Hace tres años, el PASOK tenía 3.000.000 de votos y ayer no llegó a los 800.000.


Alexis Tsipras, máximo responsable de Syriza.

Esta clara definición de las posiciones de cada uno, ND y PASOK alineados en las políticas de derechas y Syriza por la izquierda,  no me parece una cuestión menor dado que ayuda a entender hacia donde puede ir la política mucho más allá de Grecia. La fidelidad a los mercados, a los designios comunitarios y a la ortodoxia económica está resituando a los antiguos partidos socialdemócratas europeos en el centro derecha y ello, inevitablemente, transforma los equilibrios mayoritarios en la izquierda. Si lo que antes era la izquierda europea se hace de derechas, ha de aparecer una nueva izquierda. Grecia es el primer ejemplo pero el crecimiento de los partidos verdes, de las formaciones alternativas y la consolidación de movimientos ciudadanos apuntan en la misma dirección.
Mientras decenas de brillante pensadores se esfuerzan en teorizar sobre el futuro de la socialdemocracia, sus nuevas respuestas y su necesaria transformación, la realidad no espera. ¿La socialdemocracia puede modernizarse? ¿Sí? Bueno, pues que lo haga, pero, mientras, la gente confía en nuevas propuestas, en nuevas voces, en actitudes menos oficialistas, menos obedientes a los mercados, menos institucionalizadas, más próximas a la calle; alternativas que plantean un nuevo escenario, un nuevo marco, no remendar lo viejo sino levantar algo diferente. Hay dos ideas clave en los que los partidos socialdemócratas tradicionales ni están ni se les espera: uno, la necesidad de prestar menos atención a la competitividad, que no puede ser infinita, y estar más atentos a la cooperación a partir de un modelo económico sostenible; el otro, profundizar en la democracia en base a más horizontalidad y más transparencia. Syriza va en esa dirección. Syriza es esto y por eso es fuerte. Tan fuerte como para salir reforzados de unas elecciones que han sido una vergüenza para la supuesta democracia europea. La campaña del miedo contra Syriza, las amenazas "urbi et orbi" desde todo tipo de instituciones internacionales ponen la piel de gallina a cualquiera con una mínima sensibilidad democrática: expulsión de euro, cierre de fronteras, corralitos... La mentiras se han multiplicado. La información se ha escondido. Nada se ha dicho de que las trampas de los gobiernos derechistas de ND han sido las que han hundido Grecia; a su líder,  Andonis Samaras, se le ha presentado como paladín del europeismo cuando hace cuatro días era un nacionalista  antieuropeo que hizo caer un gobierno y votó contra el primer rescate comunitario; se ha pasado por alto que todos los meses con un gobierno de tecnócratas encabezado por Lukas Papademos no sirvieron para nada; a Syriza se les ha identificado como "contrarios al euro" cuando siempre lo han defendido; se ha obviado que, con la que ya ha caído, Grecia tiene pendiente todavía la "obligación" de despedir este año a 15.000 funcionarios más y a 150.000 hasta 2015; ampliar el programa de privatizaciones para recaudar 50.000 millones de euros añadidos e implantar nuevas medidas de austeridad con el fin de ahorrar otros 11.000 millones entre este año y el que viene.

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