lunes, 25 de junio de 2012

Serrat, Sabina y Pilatos


Una decepción llega antes de que pensemos en ella. Vemos algo, leemos algo, oímos algo y, a veces, plaf, nos asalta la decepción. Es un pellizco entre doloroso y triste, difícil de defenir, que llega sin avisar, a traición. Luego, como mecanismo de defensa, nos esforzamos para que nuestro cerebro encuentre una explicación, algo que justifique el hecho decepcionante, un matiz por el que escapar. La decepción ya está, es intuitiva, pero esperamos que reflexionar sobre ella, añadirle datos y tiempo, nos permita llegar a la conclusión de que ha sido un malentendido, un espejismo, un sentimiento precipitado.
Sabina y Serrat me han decepcionado profundamente con su actuación en Tel Aviv. Ya sé que en Israel tienen amigos, gente que no asesina, ni discrimina, ni persigue a los palestinos. Ya sé que su concierto iba dedicado a ellos. Faltaría más. En Israel hay muy buena gente, claro; también la había en la Alemania nazi o en la Sudàfrica del apartheid pero no imagino a Sabina y Serrat  cantando allí. A los que sufren y a los que luchan en un país donde no se respetan los derechos humanos, se les ayuda más desde fuera poniendo en evidencia los atropellos que padecen, que visitándoles como si no pasara nada.
La gente que se parte la cara o incluso muere en su batalla contra el poder, contra los abusos, contra la injusticia puede soportar derrotas a manos del enemigo pero no sentirse huérfana de aquellos que creía amigos, de aquellos que personificaban su esperanza. Es la gente que les pidió en un video que suspendieran su concierto. Es la gente a quien Serrat y Sabina no escucharon.



He intentado racionalizar la decepción. No puedo. Me hunde tan poca sensibilidad en dos personas como Serrat y Sabina. No han sido coherentes con sus discursos habituales. No han estado a la altura de sus reivindicaciones de siempre. No han hecho honor a las letras de sus canciones. En otros no hubiera llamado la atención; en ellos es imperdonable, y más con la de voces que se habían levantado. Los argumentos que han dado no son convincentes. No lo son ni para mí que siempre he estado entregado a ellos. No me convence ni esa actitud ácrata de Sabina, ni esas respuestas de ofensa permanente que suelta Serrat cuando alguien osa ponerle un pero. Les "sobraban los motivos" para no haber ido pero fueron y Serrat se olvidó, incluso, de recordarles que como dice en aquella canción que "amb el que es gasten en bombes podrien matar la fam".

1 comentario:

Anónimo dijo...

Jo, pot ser, que estiga decebut amb aquests dos pardals espavilats fa molt temps. Allò del "La, la, la" de la TVE franquista del Sr. Serrat ja em va posar damunt la pista de què el noi del Poble Sec ens donaria una de calç i tres o quatre d'arena. I així fins ara. No és la primera vegada que fa d'aquestes. Respecte del Sr. Sabina, té també una taca anomenada Javier Krahe insuperable. També va dir fa anys que la seua alcaldessa era la simpar Trinidad Jiménez.
A mi no m'han desil·lusionat. No m'esperava res d'ells. Ells cobren pel seu treball i au.

Tomàs