viernes, 8 de junio de 2012

No es lo mismo el ejercicio que el deporte

Esto del deporte popular es muy divertido. Además de sano, es divertido. Bueno, sano… tampoco lo es tanto. Si fuerzas, el deporte popular es, de acuerdo, sí, divertido pero no del todo saludable.
Lo que realmente agradece el cuerpo es llevar una alimentación equilibrada y no ser excesivamente sedentario. Para entendernos, hacer ejercicio. Caminar una hora al día cuatro o cinco días a la semana a un ritmo ligero es suficiente para evitar anquilosarse, para quemar calorías y evitar sobrepesos, para tonificar los músculos y para hacer que el corazón no se nos duerma. Incluso se pueden introducir algunos minutos de carrera si se tiene la sensación de que el cuerpo pide un poco más. Las caminatas se pueden combinar con paseos en bicicleta o con visitas a la piscina. La bicicleta permite un contacto directo con la naturaleza. Su enemigo son los coches pero hay distintas maneras de evitarlos. Los parques urbanos o los carriles bici son sitios bastante tranquilos. Las carreteras de interior o los caminos de montaña ofrecen paz y buenas vistas. La natación, por su parte, es un deporte muy recomendable. Nada traumático. Suave. Relajante. Meter la cabeza bajo el agua y no tener más compañía que esa raya oscura que marca el centro de la calle permite llevar la mente casi a cualquier sitio que uno se proponga. Ríanse ustedes de la meditación trascendental. Eso sí, a la natación cuesta cogerle el aire si no llevas una buena técnica adquirida desde niño. Las primeras piscinas resultan un poco pesadas, más por la dificultad de acompasar la respiración a las brazadas que por otra cosa. Por tanto, algún cursillo no está de más. Los hay en todas las piscinas.
Caminar, un poco de bicicleta y otro poco de natación son, pues, garantía de salud pero, como diría el del chiste, “vale sí, pero ¿hay alguien más?” Una cosa es hacer ejercicio, puede que sea lo más inteligente, y otra cosa es hacer deporte. Puesto que he hablado de caminar, ir en bicicleta y nadar, su equivalente deportivo es el triatlón. Los hay que empiezan por la distancia “sprint” (750 metros de natación, 20 kilómetros en bici y 5 de carrera a pie). Nada. Eso lo hace cualquiera de los de la “vida saludable” con un mínimo de valor. Luego, uno se puede plantear un “olímpico” (1500-40-10). Eso ya tiene algo más de interés. Los buenos, los que ganan, acaban en dos horas. Los populares necesitan un mínimo de media hora más. Tres horas no es un mal resultado.
Bueno pues aquí, en estas distancias y en estas marcas, está la frontera entre el ejercicio y el deporte. Quienes se aventuran más allá de estos andurriales entran ya en el estadio de “qué divertido” pero también en el de “me duele un poco aquí”, “tengo molestias allá”. Hacer deporte, interpretado, por ejemplo, por un triatleta veterano (hay que perfilar un poco el modelo de deportista del que estamos hablando), quiere decir un mínimo de cinco entrenamientos semanales. Eso, para empezar. No es cierto que “este tipo de triatleta” pretenda simplemente acabar.



Quiere “hacerlo bien”, “mejorar”, eufemismos de “voy a ir a tope”. Por tanto, cometerá el “error” de introducir series en su entrenamiento. Puede que sobre la bicicleta le empiece a dolor la espalda; en la piscina, igual le aparecen molestias en el hombro y, en la carrera a pie, uffff, ahí la variedad de los dolores es inmensa… Ese tendón de Aquiles que se inflama, esa pubalgia, esa fascitis, esas contracturas, esas roturas fibrilares. “Iba a 3’40 cuando he notado como un pellizco en el gemelo, como una pedrada”. Porque, claro, el triatleta, que trabaja (de momento), que tiene familia, obligaciones, responsabilidades… lo que a veces no tiene es tiempo para estirar cuando ha acabado su entrenamiento o para ir al fisioterapeuta al menos una vez cada 15 días para descargar. Eso son lujos. Incluso se puede dar el caso de que se tenga que levantar a las 6’30 para hacer el primer entrenamiento, con lo cual, adiós a las necesarias horas de sueño. Se me olvidaba, con las prisas ni comer ordenadamente es siempre posible. Un bocata al mediodía es la única manera de arañar el tiempo suficiente para poder pasar por la piscina o salir en bicicleta. En fin, que mal comido, mal dormido, mal masajeado y mal estirado es casi un milagro seguir en pie. Ese es el marco del triatleta popular. Así las cosas, el stress es un fantasma de presencia asegurada, el primer rival al que se tiene que controlar si se quiere seguir disfrutando aunque sea al precio de que siempre te duela algo.
(No sé yo… Me parece que esto me ha quedado demasiado personal, debo distanciarme más).

Ártículo publicado esta semana en la revista  "FREE SPORT MAGAZINE"

No hay comentarios: