viernes, 18 de mayo de 2012

Políticos de utilidad cero



"Malditas elecciones" es una canción de Chicho Sánchez Ferlosio dentro de un trabajo que hizo sobre la figura del anarquista Buenaventura Durruti con la II República como marco. Su mensaje de fondo me parece de lo más actual y, puesto que acabo el "post" con una referencia a su hermano Rafael, me ha parecido adecuado empezar por el fallecido Chicho.

¿A qué se refieren nuestros políticos cuando piden que se confíe en ellos, que se les crea? ¿De qué hablan? ¿A quien se dirigen? La sociedad española vive inmersa en una crisis múltiple, económica pero también política y moral, y mira a sus dirigentes como un enfermo que se siente en peligro y no confía para nada en el médico que le atiende porque sabe que siempre le miente, que no ha curado a nadie y que sus reiterados diagnósticos equivocados tiene la culpa de todo lo que le pasa. Eso sí, el médico no calla.
Ahora que se necesita un mínimo de confianza en quienes nos dirigen, explotan, en nuestra cara y en la suya,  todas las trampas y los abusos cometidos. Tanto da que digan que los sacrificios que nos piden son por nuestro bien, que no hay otro camino, que saben lo que hacen, que las cuentas cuadran, que los planes son de fiar; es igual que nos digan blanco que negro, sí que no. Nadie se los cree. Nuestros políticos, pero también nuestros banqueros, nuestros grandes empresarios o nuestros insignes periodistas de relumbrón, llevan tanto tiempo diciendo lo que les interesa a ellos y no la verdad, que ya nadie se puede fiar. Han sido años, décadas, viendo como los argumentos estaban permanentemente a disposición de sus intereses y tácticas, oyendo como lo que valía para los demás no valía para ellos, como los fallos o corrupciones propias se justificaban con razones peregrinas. Siempre tenían una excusa para lo que pasaba en su partido, siempre un motivo  para aplaudir la gestión propia. Todo lo de los otros estaba fatal, daba igual que hicieran o que dejaran de hacer. La raya entre lo bueno y lo malo siempre se movía según interesaba. Y siguen así. Y quieren que se les crea. Pues no. No deberían ni cansarse, ni cansarnos. La ciudadanía sabe que de esta crisis, o lo que sea, se saldrá cuando se salga y será pese a quienes ocupan las instituciones, pese a quienes están en los grandes consejos de administración. Qué saben ellos, pobres ignorantes, si llegan a los cargos supremos personajes que no dan la  talla ni para presidentes de escalera.  No nos avisaron de la que venía y nadie espera que sepan dónde está ahora la solución. Si entonces callaron porque no se enteraban, malo, y si lo sabían pero les convenía no decirnos nada, todavía peor.
Estos días se habla mucho de que el presidente Mariano Rajoy está ausente, que no da la cara. Sí, ¿y qué? ¿Qué va a decir? Que Rajoy comparezca o no es insignificante. Los miembros del gobierno están todo el día en televisión, sus gabinetes de prensa nos bombardean a comunicados, sus mamporreros mediáticos no  paran, ¿y qué? ¿De qué sirve, de qué sirven? De nada, utilidad cero. Rajoy no tiene cosa alguna que decir, nadie le va a creer. Rajoy no sabe nada. Rajoy no va a contestar a lo que se le pregunte, no nos va a decir la verdad porque él, en si mismo, es el primer figurante de una mala comedia que se representa a nuestra costa. Los actuales dirigentes políticos existen porque nosotros existimos, están porque nosotros les pagamos pero trabajan para otros, para esa superestructura de gente poderosa que, de tanto en tanto, ha de destrozarlo todo para que la rueda de su negocio no pare. En esas estamos ahora. Me asaltan aquellas palabras de Rafael Sánchez Ferlosio en su "Vendrán más años malos", donde, después de referirse a la perversidad de la tolerancia, remataba con la petición de que quien pretenda mandar debe tener un mínimo de respeto por el mandado y "abstenerse de darle explicaciones". Pues por eso creo que no hace falta que hable Rajoy; ahórrenos la pérdida de tiempo, buscaremos el futuro sin usted y los suyos; no tener guía es jodido pero creer que lo tienes y que te mienta es un desastre definitivo.

No hay comentarios: