lunes, 21 de mayo de 2012

No es política, es mucho peor


"Entrañable" saludo entre la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, y el líder del PP valenciano, Alberto Fabra, en el Congreso regional PP.


Lo reconozco: de los dirigentes políticos lo que más me molesta es que me tomen el pelo, que me tomen por tonto, que me traten como si fueran un menor de edad mental. Los enanos intelectuales, sea cual sea su coeficiente, son ellos. Además, vistos con perspectiva, analizados los resultados de su gestión, se demuestran dos cosas: son poco honrados, mala gente, y, además, incompetentes. Si solo fueran una de las dos cosas, habría solución; con el paquete completo, estamos perdidos.
Este fin de semana, el Partido Popular celebró varios congresos regionales. Es verdad que llamarle congreso a esas ceremonias de sonrisa, palmadas en la espalda, aplausos y unanimidades, es una broma, pero bueno, nos entendemos.
Pues bien, en Valencia, el nuevo líder autonómico de los populares, Alberto Fabra, hizo un discurso en "plan Churchill": "No os puedo prometer un camino fácil sino esfuerzo, exigencia y un compromiso alejado de electoralismos y frivolidades, un compromiso con la libertad y la dignidad de las personas". Eso dijo.
Luego se embarcaron en el reconocimiento, a su particular manera, de los errores del pasado: "los ciudadanos deben saber que les respetamos lo suficiente como para saber reconocerlos [los errores] y pedir disculpas". Humildad, diálogo, colaboración y consenso, esas fueron las referencias más escuchadas. Si fueran sinceros, si creyeran de verdad que los errores del pasado vinieron por no escuchar a los ciudadanos, por no tenerlos en cuenta, hoy atenderían a lo que se les está diciendo. No lo hacen. Si estuvieran diciendo la verdad cuando reconocen fallos pasados, hoy reconsiderarían sus planes de ajuste, sus reformas laborales, sus hachazos en educación, sus ayudas a los bancos, su olvido de los sectores sociales más desfavorecidos, su desprecio a los inmigrantes sin papeles, su obsesión por privatizar... pero no. Nada. Es mentira. Su "mea culpa" es pura cosmética, puro teatro, como siempre, comedia, comedia y comedia (dicho sea en el peor de los sentidos). "Si nos equivocamos, pediremos disculpas, rectificaremos y aprenderemos de nuestros errores", remato. Yo añado que, hombre, podrían aprender ya de sus errores pasados y rectificar antes de cometer los nuevos errores. En política no sirve la confensión como en la religión católica donde pecas, te confiesas y a otra cosa mariposa. No. Aquí hay víctimas y la contumacia en el error es signo de mala fe.
Hablan también de su intransigencia ante la corrupción pero el Congreso de Alicante lo presidió una imputada, la alcaldesa de la ciudad, Sonia Castedo; uno de los más aplaudidos a su llegada fue Carlos Fabra, un verdadero "Al Capone político", los diputados y alcaldes perseguidos por la justicia siguen en sus puestos y el elegido como número dos del partido, Serafín Castellano, todavía tiene que aclarar los líos con su amigo constructor José Miguel Pérez a quien daba contratos desde todos los cargos por los que pasaba y con quien le unían incluso negocios familiares.
Si fueran gente honrada, no se apuñalarían entre ellos, no se traicionarían, debatirían sober ideas o estrategias, no lo dejarían todo en manos del líder. Y conste que cuando digo líder me refiero a Alberto Fabra, no a Charles de Gaulle, ni Adenauer, ni Fidel Castro, ni Obama... Hablo, recuérdese, de Alberto Fabra, un  aparejador sin ninguna trayectoria profesional, político criado a la sombra del"multi-imputado" Carlos Fabra, palmero durante años del ahora olvidado Francisco Camps y president de la Generalitat por el "dedazo" desde Madrid. Pues bien, un ejemplo del sectarismo, de la baja calidad humana de sus dirigentes, de como la promoción interna es siempre en base a pegar puñaladas, a cambiar de bando y a hacer la pelota, un ejemplo, digo, es que ninguno de los tres anteriores presidents de la Generalitat estuvieron en el Congreso. Ni Eduardo Zaplana, ni José Luis Olivas, ni Francisco Camps... con lo que les habían llegado a jalear, con lo que los habían adorado... Hoy nadie se acuerda de ellos. La desmemoria es fundamental, se vive en la desmemoria. El pasado no puede hipotecarles la carrera, igual que lo dicho y lo comprometido no puede condicionar su gestión. Decir es una cosa; hacer, otra muy distinta. Todos los que estaban ayer en el Congreso de Alicante son supervivientes y solo se sobrevive olvidando a los que no están y rindiendo pleitesía a quien está al mando. Así las cosas, ¿como se puede confiar en este tipo de gente? Es más: aunque no se confie en ellos, ¿como se puede esperar algo de este tipo de gente? No es cuestión de política, es mucho peor.

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