miércoles, 30 de mayo de 2012

Menos palabras y más hechos

Lo escribí hace unos días: no hay ninguna necesidad de que Mariano Rajoy, por más que sea presidente del Gobierno, haga ruedas de prensa, nos hable, nos explique, conceda entrevistas o redacte comunicados. No sirve de nada. Es inútil. Son inútiles, tanto las ruedas de prensa como el mismo Rajoy. Sus palabras no tienen ningún sentido porque todos, todos, sabemos que no dice la verdad, que nos miente, que sus apariciones son puras puestas en escena. El manual de la democracia dice: un dirigente político debe comparecer y dar explicaciones. Pues allá que se va Rajoy, y como él sus ministros, o Rubalcaba, o antes Zapatero, Leire Pajín o Pedro Solbes. Y si en una democracia los dirigentes deben comparecen y comparecen, pues nada, tranquilidad, es que estamos en democracia. Pues no. No estamos porque todo es mentira, lo saben ellos, lo sabemos nosotros, ellos saben que no nos creemos nada pero, uno y otros, asumimos nuestro papel y hacemos como que las cosas funcionan como deben.
La inutilidad de las palabras de Rajoy, que pretendían tranquilizar al grito de "sé lo que me hago", se demuestra en que fue hablar el presidente y desplomarse la bolsa mientras se disparaba la prima de riesgo. ¿Lo ven? Callado hubiera estado mejor.
Además, los ciudadanos nos haríamos el mayor de los favores si prescindiéramos de las explicaciones de Rajoy. Lo deberíamos hacer explícitamente. Interesarnos por lo que hace, por sus decisiones, por lo que no dice públicamente o por lo que comenta en privado... pero sus discursos oficiales, sus comparecencias, puesto que no tienen ningún valor, deberían ser contestadas con el silencio, con el desprecio, con el vacío. Igual llegaría un momento que se darían por aludidos. En este sentido, cuánto daño hace y ha hecho el periodismo de declaraciones, ese que considera noticia cualquier comentario de un personaje destacado aunque sus palabras no tengan nada que ver con los hechos, aunque hoy diga una cosa, mañana la contraria y hago otra absolutamente diferente.
Necesitamos confiar en las instituciones. Es verdad. Pero las palabras de nuestros dirigentes nos alejan de cualquier atisbo de confianza. El descrédito de la política ya no es cosa de los menos informados que esgrimían aquello de "todos son iguales". Hoy esa máxima, demagógica y simple, puede ser también el producto de una reflexión profunda y documentada sobre lo que está pasando en la política española. Hechos y no palabras, eso es lo que se precisa. Hechos que en política se llaman leyes y comportamientos ejemplares; hechos que pasan por llevar ante los tribunales a todos los responsables de las entidades financieras españolas y a quienes les debían controlar.
No perdamos más el tiempo escuchando a mentirosos. Hechos. Por ejemplo: que José Luis Olivas, el expresidente de Bancaja, si ha gestionado mal la entidad que ahora necesita miles de millones de euros públicos para reflotarse, tenga que devolver todo, todo, lo que ha cobrado hasta llegar al sueldo mínimo interprofesional y si, además, se descubren decisiones destinadas únicamente a enriquecerse, que se vaya a la cárcel. Y como Olivas, Rato, Serra, Hernández Moltó, Crespo, Blesa y los centenares de directivos sin escrúpulos que se han forrado a nuestra costa.

2 comentarios:

Ortín Falcó dijo...

Totalmente de acuerdo. La economía española se recuperaría un poco si todos estos malos gestores, devolviesen todas esas cantidades astronómicas que ellos mismos se firmaban. Además de inhabilitarles de por vida.
El estado también debería limitar las cantidades a cobrar por los banqueros, ya que está obligado a rescatar a todas las entidades financieras. Un máximo del sueldo q cobra el Presidente del gobierno 160.000 euros al año, aproximadamente. Si hay banqueros q creen q valen más q se marchen a bancos fuera de España. Un país con casi 6 millones de parados, culpa de todo el sistema, no puede consentir estas diferencias sociales, además absolutamente inmerecidas.
Yo le pediría a la Comunidad Europea q además de solicitar esfuerzos a los más débiles de la sociedad, reclame al Estado responsabilidades económicas de gestión, a todo aquel, que haya cometido delitos y abusos en sus tareas o no haya querido decir no, a las presiones de otros .

Ortín Falcó dijo...

Totalmente de acuerdo. La economía española se recuperaría un poco si todos estos malos gestores, devolviesen todas esas cantidades astronómicas que ellos mismos se firmaban. Además de inhabilitarles de por vida.
El estado también debería limitar las cantidades a cobrar por los banqueros, ya que está obligado a rescatar a todas las entidades financieras. Un máximo del sueldo q cobra el Presidente del gobierno 160.000 euros al año, aproximadamente. Si hay banqueros q creen q valen más q se marchen a bancos fuera de España. Un país con casi 6 millones de parados, culpa de todo el sistema, no puede consentir estas diferencias sociales, además absolutamente inmerecidas.
Yo le pediría a la Comunidad Europea q además de solicitar esfuerzos a los más débiles de la sociedad, reclame al Estado responsabilidades económicas de gestión, a todo aquel, que haya cometido delitos y abusos en sus tareas o no haya querido decir no, a las presiones de otros .