jueves, 3 de mayo de 2012

Desconfíen del periodismo y desconfíen de Juan Luis Cebrián


Sí, sí, desconfíen de todo lo que leen, de este artículo, también.
Hoy, que es el Día Mundial de la Libertad de Prensa, es imprescindible renovar la voluntad de los ciudadanos de desconfiar de los medios de comunicación, del periodismo y de los periodistas.
Las supuestas garantías para proteger a la sociedad frente a la desinformación han saltado por los aires, todas, así que, esperando tiempos mejores, es necesario que cada cual se preocupe de su seguridad informativa, que cada cual vigile que no le engañan. Nadie lo hará por nosotros. Hay que desconfiar.
El resumen del problema es que los tres grandes agentes del hecho informativo (políticos, editores y periodistas), por diferentes motivos, han puesto sus intereses particulares por delante de su responsabilidad social y de su profesionalidad.
Los políticos, incumpliendo la ley con absoluta desvergüenza, no sólo no hacen nada para garantizar el cumplimiento del derecho constitucional a recibir información libre y veraz sino que manipulan las noticias tanto como pueden. Usan los presupuestos públicos para hacer trampas, para mentir, para perseguir al discrepante y para engañar. ¿Toleran y colaboran con el material informativo adulterado? Sí, ¿y qué?
Los editores, como si las noticias fueron una mercancía cualquiera, se preocupan únicamente de la cuenta de resultados y si se tienen que vender, se venden; si tienen que colocar becarios en lugar de profesionales, los colocan, y si hay que hacer periodismo sin periodistas, que son muy caros, lo hacen. ¿Dan material adulterado? Sí, ¿y qué?
En cuanto a los periodistas, olvidando los principios éticos de la profesión, aceptan lo que nunca tendrían que aceptar, se prestan a ser correas de transmisión de la propaganda elaborada por todo tipo de gabinetes, aplauden y no preguntan, escriben sin investigar, se dedican a las estupideces y dan la espalda a la realidad. Todo por un despacho, todo antes que el paro. ¿Elaboran material adulterado? Sí, ¿y qué?
Pues, ya ven, nada... por eso ustedes desconfíen. De este artículo y de un servidor, periodista, también.



(*) Estas líneas van dedicadas a Juan Luis Cebrián, consejero delegado de PRISA, que lleva años y años impartiendo doctrina periodística, marcando los límites de la buena y la mala información, indicándole al común de los mortales hacia dónde va el futuro... pero que ve como se desmorona el imperio de la comunicación que dirige. Ahora, Cebrián, que el año pasado se embolsó más de 8 millones de euros como directivo de PRISA pese a que la empresa perdió casi 500, anuncia a sus redactores que no les puede pagar y que debe despedir a buena parte de la plantilla. Él que siempre ha dicho que la receta es la calidad pretende hacer más periodismo con menos periodistas. Juan Luis Cebrián agrupa en una sola persona a los tres agentes del hecho informativo del que hablaba antes y multiplica toda su capacidad de desintegración informativa. Detenta el poder como un político, se enriquece como un gran empresario editor y se autodenomina periodista. Desconfíen; un señor que cobra más de 8 millones de euros al año no puede ser periodista.



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