viernes, 13 de abril de 2012

Solo nos quedará el miedo

Nos mienten. Con la excusa de que "no somos tan ricos como pensábamos" quieren hacernos creer que una sociedad más modesta, que bienvendida sea, es sinónimo de una sociedad peor. Es mentira. La falsa consigna es clara: puesto que el "sistema" ya no da para más, recortemos derechos. Como si tales recortes solucionaran los problemas de fondo, como si los sacrificios ciudadanos sirvieran para resolver el evidente agotamiento de un modelo económico basado en el mito del crecimiento infinito. Entonces no lo sabíamos pero hace un par de años, cuando tanto camino había aún por delante, estabamos tocando techo en nuestra condición de ciudadanos y empezó el descenso. Hoy la legislación democrática ya solo está para restar.



Se lesgisla contra los derechos de reunión, de manifestación, contra la libertad de expresión. Ni se plantea la búsqueda de nuevas y mejores formas de participación. Se desmantelan las televisiones públicas para garantizar el negocio de los amigos privados y su modelo de sociedad, aunque se obligue a todo el mundo a pasarse tardes venenosas ante televisiones que solo vomitan estupideces. La enseñanza va camino de pasar de derecho a privilegio. Tendremos que conformarnos con menos maestros y con clases saturadas y, por supuesto, no será gratis. Adiós becas.
La sanidad universal está en plena cuenta atrás. Solo tendrá garantía de atención adecuada quien se la pueda pagar y los pobres enfermos dependientes volverán a ser cargas inasumibles para tantas y tantas familias. Por supuesto, olvidemos el orgullo de ser ciudadanos de un país preocupado por la pobreza del mundo, ni pensar en destinar dinero a cooperación internacional. Los pobres estarán en casa, y ni para ellos habrá dinero. Blindaremos, más todavía, las fronteras. A los de fuera de casa solo les abriremos la puerta si vienen a jugar a golf.
Las carreteras seguirán siendo de peaje. Se disparan la gasolina, la electricidad y el gas. Internet será más caro, los impuestos básicos subirán. Solo los sueldos retroceden. Nos quedaremos con muy poquito, y presidiendo tanta nada, un miedo inmenso.
El derecho al trabajo y a una vivienda digna va camino de ser una especie de reliquia para declaraciones solemnes. Debemos aceptar que el trabajo del futuro será siempre precario, que la posibilidad de mantenerlo dependerá de nuestra capacidad para decir sí a todo, que cuando nos despidan nos darán las gracias a modo de finiquito y que el cobro del paro se irá recortando y recortando. En cuanto a tener un techo, la única garantía será la vuelta al hogar paterno. Nuestros padres, de momento, seguirán percibiendo pensión, nosotros ya veremos.
Se encarece la justicia. Meternos en pleitos, costará más que hasta ahora. Recurrir a los tribunales quedará lejos de las posibilidades del ciudadano de a pie que, además, no dispondrá ni de una justicia gratuita que haga honor a tal nombre.


Así están las cosas y no van a parar. Debemos tenerlo claro y estar preparados. Les da todo igual. Están dispuestos a convertir la sociedad en un campo de batalla porque están seguros de que ellos, los jefes del universo financiero, son mucho más fuertes. No pararán. Lo vimos en Grecia, cuarenta y tres edificios en llamas en pleno Atenas y los diputados votando com si tal cosa. Lo vemos en España, la única respuesta a las huelgas es cargar contra los sindicatos mayoritarios, como si prefirieran prescindir de ellos para que las protestas se conviertan en algaradas que se puedan sofocar a sangre y fuego.
Ante las insuficiencias y las contradicciones del actual modelo económico, los grandes poderes financieros, con la inestimable ayuda de sus servidores políticos, tenían dos alternativas: plantearse seriamente un cambio de modelo o acallar las protestas para hacer ver que no pasa nada aún a riesgo de que la tensión crezca y crezca; es evidente que se han decido por la segunda opción.

Por favor, dediquen ocho minutos más a José Saramago:

1 comentario:

Anónimo dijo...

Julià, espectaCULares tus reflexiones y Saramago "sencillamente" genial.

eme.