miércoles, 25 de abril de 2012

Buenas noches pero qué mala suerte

Anoche la periodista Ana Pastor (a la izquierda en la imagen superior) conocida por el rigor de sus entrevistas matinales en TVE, estuvo presentando un libro en Madrid junto a Mercedes Milá (derecha), veterana presentadora del espacio televisivo "Gran Hermano" y de diferentes reportajes espectaculares que Tele 5 hace con cámara oculta sobre temas diversos, siempre caracterizados por la sordidez, el morbo o el ensañamineto con pequeños delincuentes.
El pasado viernes Jordi González, presentador de "La Noria" o de "Más allá de la vida", programa en el que se habla con espíritus, de nuevo Tele 5, hizo un debate especial sobre la situación de la monarquía española. En él se incluyó un larga entrevista que el propio González hizo al periodista Iñaki Gabilondo, referente de la solvencia periodística y constante defensor del periodismo de calidad como servicio social frente al amarillismo.

Por último, este fin de semana, Andreu Buenafuente, un humorista responsable de los mejores programas de televisión que se han hecho últimamente en España y que en su día, por ejemplo, se negó a compartir premio con Federico Jiménez Losantos, en su espacio "Buenas noches y Buenafuente", tuvo de invitados estrella a personajes del "famoseo" como Ana García Obregón o Alaska y su marido, Mario Vaquerizo.
Pues bien. Tales combinaciones, la de Pastor y Milá; la de Gabilondo y González; la de Buenafuente y la Obregón y compañía, me parecen inaceptables. Son muy mal ejemplo. Son mezclas que confunden. Relativizarlo todo no es positivo, no ayuda para nada a que la gente sepa que en las profesiones, como en la vida en general, hay líneas rojas que no deben traspasarse y que, en todo caso, si se traspasan no puede hacerse sin que se note o impunemente.
No todos somos iguales, no todo vale. Milá, González, Obregón, Alaska o Vaquerizo son ejemplos de la banalización televisiva, del espectáculo a costa de lo que sea, del aprovechamiento de las bajas pasiones, de la apuesta por las vísceras en lugar del cerebro. Y eso les da dinero, mucho. Se forran a costa de tanta sobreactuación, de tanta mala televisión, para entendernos, de tanta telebasura. Por tanto, es básico que no puedan limpiar su imagen juntándose con quien representa justo lo contrario; no por ellos, no es nada personal, sino por una cuestión de higiene social, de que cada cual esté en su sitio.

Ya sé que Pastor, Gabilondo o Buenafuente no necesitan diferenciarse, que sus marcas ya son reconocidas. Lo grave es el ejemplo que su comportamiento supone. Lo grave es que lanzan el mensaje de que "todo vale", "no pasa nada". Con su participación en formatos junto a personajes tan diferentesa a ellos legitiman que al grito de "yo soy un profesional" se pueda hacer cualquier cosa, cualquier barbaridad. Eso es lo grave.
Mientras, sin tanto nombre, sin tanta fama, hay centenares y centenares de periodistas (y vale para muchas otras profesiones) que intentan mantener los principios de su trabajo, que son rigurosos, que no aceptan cualquier cosa, que no juegan con los sentimientos de los demás, ni dan gato por liebre. Gente que nada contracorriente, que no coge atajos, ni hace trampas. Profesionales que se sienten en minoría pero que se saben acompañados cuando ven a figuras manteniendo el tipo. El enemigo de esta gente "diferente" no es tanto el jefe incapaz, el comisario político sectario o el directivo sin escrúpulos que pide indignidades, no, el verdadero enemigo es la desmoralización, y ver a Gabilondo entrevistado por Jordi González, desmoraliza.

¿Por qué lo hacen? ¿Qué consigue Pastor compartiendo estrado con Milá? ¿Es simple cuestión de amistad? ¿No es consciente de su valor como referente público? ¿Y Gabilondo? ¿Qué necesidad tiene de que se le escuche en los formatos de Tele 5? ¿No se da cuenta de que son pura banalidad, puro interés comercial, cero interés informativo? ¿De verdad cree que ahí hay debate más allá de los gritos? ¿No se percata de que se le utiliza como tapadera para hacer pasar por serio lo que es pura representación?

"Buenas noches y Buenafuente" es un buen título inspirado en una frase del periodista americano, Edward R. Murrow que a principios de los 50 se enfrentó a la "caza de brujas" del senador McCarthy. Murrow siempre despedía su programa de radio con un "buenas noches y buena suerte". ¿De verdad piensa Buenafuente que hace honor a Murrow con la Obregón o con Alaska y Vaquerizo? Ya sé que es humor pero ¿no hay personajes más adecuados? Siempre los ha tenido, ¿por qué ahora no? Ser plural no tiene nada que echar mano de todo lo que está en la realidad. Cuando la realidad que aparece en televisión está tan recortada, es tan sectaria, ser plural es permitir el acceso a la pantalla de aquello que, estando en la realidad, se ve desplazado por lo más convencional, por lo más cómodo, por lo mismo de siempre. No hay que confundir la pluralidad con los lugares comunes a la búsqueda de una audiencia que, por cierto, Andreu Buenafuente no está consiguiendo. A mi me parece que su audiencia no necesita ni a la Obregón, ni a los demás... pero eso es otro tema.

1 comentario:

franmmartin dijo...

¿Ignacio Gabilondo,antiguo sevillí, una referencia ética en el periodismo?.Hay que limpiar las gafas esas de ver el color según se mira.
Sigamos el consejo introductorio, de no fiarnos ni de nuestro padre en éstas procelosas cuestiones.