miércoles, 25 de abril de 2012

Buenas noches pero qué mala suerte

Anoche la periodista Ana Pastor (a la izquierda en la imagen superior) conocida por el rigor de sus entrevistas matinales en TVE, estuvo presentando un libro en Madrid junto a Mercedes Milá (derecha), veterana presentadora del espacio televisivo "Gran Hermano" y de diferentes reportajes espectaculares que Tele 5 hace con cámara oculta sobre temas diversos, siempre caracterizados por la sordidez, el morbo o el ensañamineto con pequeños delincuentes.
El pasado viernes Jordi González, presentador de "La Noria" o de "Más allá de la vida", programa en el que se habla con espíritus, de nuevo Tele 5, hizo un debate especial sobre la situación de la monarquía española. En él se incluyó un larga entrevista que el propio González hizo al periodista Iñaki Gabilondo, referente de la solvencia periodística y constante defensor del periodismo de calidad como servicio social frente al amarillismo.

Por último, este fin de semana, Andreu Buenafuente, un humorista responsable de los mejores programas de televisión que se han hecho últimamente en España y que en su día, por ejemplo, se negó a compartir premio con Federico Jiménez Losantos, en su espacio "Buenas noches y Buenafuente", tuvo de invitados estrella a personajes del "famoseo" como Ana García Obregón o Alaska y su marido, Mario Vaquerizo.
Pues bien. Tales combinaciones, la de Pastor y Milá; la de Gabilondo y González; la de Buenafuente y la Obregón y compañía, me parecen inaceptables. Son muy mal ejemplo. Son mezclas que confunden. Relativizarlo todo no es positivo, no ayuda para nada a que la gente sepa que en las profesiones, como en la vida en general, hay líneas rojas que no deben traspasarse y que, en todo caso, si se traspasan no puede hacerse sin que se note o impunemente.
No todos somos iguales, no todo vale. Milá, González, Obregón, Alaska o Vaquerizo son ejemplos de la banalización televisiva, del espectáculo a costa de lo que sea, del aprovechamiento de las bajas pasiones, de la apuesta por las vísceras en lugar del cerebro. Y eso les da dinero, mucho. Se forran a costa de tanta sobreactuación, de tanta mala televisión, para entendernos, de tanta telebasura. Por tanto, es básico que no puedan limpiar su imagen juntándose con quien representa justo lo contrario; no por ellos, no es nada personal, sino por una cuestión de higiene social, de que cada cual esté en su sitio.

Ya sé que Pastor, Gabilondo o Buenafuente no necesitan diferenciarse, que sus marcas ya son reconocidas. Lo grave es el ejemplo que su comportamiento supone. Lo grave es que lanzan el mensaje de que "todo vale", "no pasa nada". Con su participación en formatos junto a personajes tan diferentesa a ellos legitiman que al grito de "yo soy un profesional" se pueda hacer cualquier cosa, cualquier barbaridad. Eso es lo grave.
Mientras, sin tanto nombre, sin tanta fama, hay centenares y centenares de periodistas (y vale para muchas otras profesiones) que intentan mantener los principios de su trabajo, que son rigurosos, que no aceptan cualquier cosa, que no juegan con los sentimientos de los demás, ni dan gato por liebre. Gente que nada contracorriente, que no coge atajos, ni hace trampas. Profesionales que se sienten en minoría pero que se saben acompañados cuando ven a figuras manteniendo el tipo. El enemigo de esta gente "diferente" no es tanto el jefe incapaz, el comisario político sectario o el directivo sin escrúpulos que pide indignidades, no, el verdadero enemigo es la desmoralización, y ver a Gabilondo entrevistado por Jordi González, desmoraliza.

¿Por qué lo hacen? ¿Qué consigue Pastor compartiendo estrado con Milá? ¿Es simple cuestión de amistad? ¿No es consciente de su valor como referente público? ¿Y Gabilondo? ¿Qué necesidad tiene de que se le escuche en los formatos de Tele 5? ¿No se da cuenta de que son pura banalidad, puro interés comercial, cero interés informativo? ¿De verdad cree que ahí hay debate más allá de los gritos? ¿No se percata de que se le utiliza como tapadera para hacer pasar por serio lo que es pura representación?

"Buenas noches y Buenafuente" es un buen título inspirado en una frase del periodista americano, Edward R. Murrow que a principios de los 50 se enfrentó a la "caza de brujas" del senador McCarthy. Murrow siempre despedía su programa de radio con un "buenas noches y buena suerte". ¿De verdad piensa Buenafuente que hace honor a Murrow con la Obregón o con Alaska y Vaquerizo? Ya sé que es humor pero ¿no hay personajes más adecuados? Siempre los ha tenido, ¿por qué ahora no? Ser plural no tiene nada que echar mano de todo lo que está en la realidad. Cuando la realidad que aparece en televisión está tan recortada, es tan sectaria, ser plural es permitir el acceso a la pantalla de aquello que, estando en la realidad, se ve desplazado por lo más convencional, por lo más cómodo, por lo mismo de siempre. No hay que confundir la pluralidad con los lugares comunes a la búsqueda de una audiencia que, por cierto, Andreu Buenafuente no está consiguiendo. A mi me parece que su audiencia no necesita ni a la Obregón, ni a los demás... pero eso es otro tema.

domingo, 22 de abril de 2012

Por favor, al menos una encuesta sobre el Rey


Igual es mucho pedir pero me gustaría que algún medio de comunicación potente o institución importante hicieran una buena encuesta preguntando a la gente si quiere monarquía o república. Claro, lo ideal sería que se convocara un referéndum pero a ver que gobierno se atreve. ¿Consultar al pueblo? No, hombre, no, que luego son capaces de ponerlo todo patas arriba. Siguen convencidos de que nos deben proteger de nosotros mismos. Yo, por contra, lo que pediría es que me protegieran de los políticos, de los banqueros, de lo reyes, de los directores de periódicos, de los presidentes del Consejo General del Poder Judicial y de los Jueces del Tribunal Supremo, del Corte Inglés, del Barça y del Real Madrid. Pero, ¿a quien se lo pido?
Sea monarquía o sea república es evidente que no se van a resolver como por ensalmo todos los problemas, tantos, que tenemos planteados a día de hoy. El sistema político por si solo no solucionará nada pero consultarnos sobre él posibilitaría, de una vez, que fuera la voz del pueblo la que se oyera, con menos intermediarios, sin más paternalismos falsos. Igual nos llevábamos una sorpresa. Podría pasar que esa monarquía que todos los poderosos dan por segura no lo fuera tanto y que el grito de la ciudadanía rompiera esa tranquilidad de cementerio en la que estamos instalados, donde todo se desmorona ante la impotencia de la gente. El "no" a la monarquía, incluso sin ser mayoritario, sería un aviso, un toque de atención civilizado y tranquilo para evidenciar que no nos gustan las cosas como están, que queremos ser dueños de nuestro futuro, que no queremos que nos lo hipotequen los mismos que después dicen tener la receta para salir del pozo. El "no nos representan" es ya un clamor, la política necesita reformularse para avanzar. Los parches ya no sirven. Hagamos memoria, ¿desde cuando no tenemos una buena noticia? ¿Quién dice que nuestros políticos solo están para pedirnos sacrificios? Si no son capaces de ilusionarnos, ¿para que los queremos? ¿No los hay mejores? ¿Que saben ellos de austeridad cuando han despilfarrado lo que no teníamos y siguen con unos coches oficiales galácticos?
En fin, seguimos hundidos en el barro y no van a hacer nada para sacarnos de él. El poder aspira incluso a comerciar con ese barro, a sacar tajada de nuestras penas. Miren el desmantelamiento de la sanidad o la educación, la amnistía fiscal, el aumento de impuestos a la clase media y no a los ricos, las pensiones, los despidos, la negativa a asistir a los "sin papeles", la subida de los precios de la energía, la voladura de la televisión pública, el encarecimiento de la justicia, el endurecimiento del Código Penal, el aborto... Ni un solo paso a mejor, todo a la salud de los más fachas y mejor instalados. Aguantarán y aguantarán hasta que ya no podamos más y cuando la reacción de la gente llegue, que llegará, y no sea ni civilizada, ni tranquila, nos echarán la policía encima y luego... ¿luego? No sé... Pero nada de lo que pasa está pasando por casualidad.

jueves, 19 de abril de 2012

¿Qué siente el Rey?



"Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir". De las tres frases, solo hay una indiscutible: el Rey se ha equivocado, y su equivocación no se va a olvidar. Eso de que lo siente mucho y de que no volverá a ocurrir ya es más discutible. El "lo siento" supone un arrepentimiento que difícilmente se puede considerar sincero en boca de un señor de 74 años que lleva 50 de cacería en cacería, de safari en safari. Falta saber, además, de qué dice arrepentirse, si del viaje, de no visitar a su nieto herido, de sus compañeros de andanzas, de lo que costó la fiesta, de haberse dejado invitar, de matar elefantes, de su accidente... No queda nada claro.
En cuanto al "no volverá a ocurrir", cuesta creer que un hombre que no se alejó de las armas ni después de matar accidentalmente de un tiro a su hermano, abandone las grandes cacerías por esta polémica. Más probable parece que le retiren su edad y su salud.
Lo que ha hecho la cacería de elefantes del Rey en Botsuana es dejar definitivamente a la Monarquía española al pie de los caballos. Han sido muchos años de constante campaña de imagen de una familia real que se quería hacer pasar como ejemplo y modelo para la ciudadanía y que, a estas alturas, ya sabemos que de ejemplar, nada. Y lo sabemos pese a lo mucho que hay escondido, pese a la poca transparencia que rodea a la institución, pese a los muchos silencios comparados. Así pues, si la supuesta ejemplaridad era falsa, ello nos da derecho a pensar que también es discutible eso de que sin el Rey no hubiera habido democracia. La democracia la hicieron los españoles con la ayuda del calendario y la geografía. A finales del siglo XX y en plena Europa, no cabía otra cosa que la democracia. En todo caso, los casi 40 años pasados desde la muerte de Franco, con el acompañamiento de los acontecimientos recientes en la Corte, permiten plantearse seriamente si la Monarquía forma parte del modelo de Estado que los ciudadanos quieren para España. Ya toca.
Las disculpas y el arrepentimiento del Monarca serían una burla si no desembocaran en una futura fiscalización absoluta de sus actividades, de su financiación y de sus comportamientos. Transparencia total, no hay otra. Tal como están las cosas, se habla de la necesaria "democratización" de la Corona. "Democratizar" es una forma de decir adecuarla a los tiempos que corren. Yo no creo que eso sea posible. Una institución pública irresponsable, a la que nada se puede reclamar, está fuera de la democracia y de nuestro tiempo pero, como mínimo, se podría hacer algo para saber si la gente la quiere. Por tanto, me parece que es el momento de convocar ya un referéndum sobre Monarquía o República. Las cortes reales son elementos totalmente ajenos a los principios democráticos y su existencia en pleno siglo XXI debería merecer, cuanto menos, una ratificación explícita por parte del pueblo.
Por cierto, nada dijo ayer Juan Carlos sobre sus relaciones con los negocios de su yerno Iñaki Urdangarín. El tema está en los juzgados. ¿Se arrepiente también de eso?

miércoles, 18 de abril de 2012

Políticos tramposos, ridículos políticos


Como no vamos a estar en crisis económica, política, social, ecológica, de valores y tantas más si nos gobierna una manada de políticos irresponsables (y no precisamente por ley como el Monarca) que se matan a trampas aún sabiendo que los paganos de tanto desvarío son los ciudadanos a los que dicen servir. Es mentira no sirven al pueblo, si sirven del pueblo para medrar, para enriquecerse o, como mínimo, para disponer de despacho, de coche oficial y de un trato privilegiado que por sus méritos no merecen. La inmensa mayoría de ellos son profesionales de la política que lo serían igual estuviera de Jefe de Estado el actual Rey Juan Carlos, el difunto Francisco Franco, el anciano Fidel Castro, el ajusticiado Sadam Hussein o el abatido,a tiros, Gaddafi.
Lo que estamos viendo con las deudas de las distintas comunidades autónomas no es de recibo. Puede que esté pasando desapercibido pero es un capítulo que da la medida de nuestros gobernantes. Resulta que es imposible saber lo que cada autonomía debe porque todos los gobiernos mienten, esconden, manipulan, disimulan, maquillan. Como si el dinero no fuera del contribuyente y estuvieran obligados a decir la verdad.
Sucede que el PSOE está denunciando la opacidad en las cuentas de los gobiernos autonómicos que dirige el PP, la inmensa mayoría. A su vez, el ministro de Hacienda Cristobal Montoro duda de las cifras de deuda que presenta Andalucía, gobernada por el PSOE. La conclusión es sencilla: todos mienten. Todos. Sin lugar a dudas. Los comportamientos son idénticos: desde el gobierno se niega información, se niegan papeles, se impide la mínima transparencia; desde las oposición se reclaman datos y se acusa a los gobernantes de no darlos.
Moraleja: de acuerdo, que la gestión económica la lleven los gobiernos que para eso han ganado las elecciones pero el control de los datos, de los documentos, de los números que quede en manos de las oposiciones. Así pues, si el gobierno de España quiere saber el estado de las cuentas andaluzas que se las pida al PP andaluz y que éste tenga todos los documentos, ¡¡todos!!, a sus disposición. Si por el contrario quiere las cuentas de Euskadi, que se las pida al PNV; si las que desea son las del País Valencià al PSPV, a Compromís y a Esquerra Unida; las extremeñas, al PSOE; las de Madrid, al PSOE, a Izquerda Unida y a UPyD... y así sucesivamente. Y si la Unión Europea quiere saber algo de las finanzas del Estado español ya sabe, tiene que hablar con cualquier partido menos con el PP.
¿Les parece ridículo? No, los que son ridículos son nuestros políticos. ¿Les parece imposible? No, lo imposible es avanzar con este tipo de gobernantes.

martes, 17 de abril de 2012

Un cementerio de elefantes, reyes y periódicos

¿Puede un ciudadano español decir que se siente avergonzado de que la primera autoridad del Estado dedique, en este 2012, su ocio a matar elefantes en el Tercer Mundo? ¿Debe conformarse ese ciudadano con que esa primera autoridad le avergüence y no poder hacer nada al respecto? Esa es la cuestión. Más allá de cómo se desenvuelve el Rey Juan Carlos, esa es la cuestión.
El reciente episodio protagonizado por el Rey en Botsuana es simplemente el síntoma de un problema mucho mayor: no es tal o cual comportamiento lo que chirría, lo que no encaja con la democracia es la institución monárquica. Si la monarquía se basa en la irresponsabilidad política del rey mientras que en una democracia el principio fundamental es que todos somos responsables de nuestros actos, empezando por las autoridades, la conclusión evidente es que democracia y monarquía son conceptos incompatibles.
Matar elefantes a mí me parece miserable pero sé muy bien que hay gente que se dedica a eso. Puede pasar incluso que un aficionado a matar elefantes sea un alto dirigente político y que se vaya de safari pese a tener a su país sumido en la crisis. Que lo haga, de acuerdo, pero que se le juzgue políticamente por ello, que asuma su responsabilidad, que si a la mayoría de ciudadanos no le gusta tal actitud, usando unas elecciones, se le pueda sustituir.
Se suponía que los privilegios de un Rey se veían compensados por su actitud ejemplar, por su saber estar. Nos mintieron también en eso. Desde su origen hasta hoy el reinado del actual monarca no tiene nada de ejemplar. Desde Franco al elefante, es todo muy poco presentable. El último episodio conocido hoy sobre la supuesta intermediación a favor de Urdangarín alrededor de la Copa América apuntan a que si conociéramos las conversaciones habituales del Rey se parecerían más a las de "El Bigotes" y Camps que a las de un estadista preocupado por su país.
Empiezan a sonar voces que apuntan a la abdicación de Juan Carlos en su hijo Felipe. No se trata de eso. Suponiendo que el heredero fuera más razonable (cosa que cuesta de creer si recordamos aquel episodio con una joven que le hizo unas observaciones en plena calle en Pamplona y que recojo a continuación), el problema es que tampoco se le puede controlar de ninguna forma. ¿Y si en lugar de ser más razonable, resultara que lo es menos?



También del Rey Juan Carlos se ofreció, y caló socialmente, una imagen intachable: razonable, moderno, cercano, honesto, escrupuloso, preocupado por el interés de España, buen padre de familia. Todo falso. La realidad es, simplemente, que no sabíamos nada de lo que estaba pasando, que la monarquía estaba tan blindada mediáticamente que no nos enterábamos de nada. Por eso en la Casa Real no quieren oír hablar de medidas que favorezcan la transparencia de la institución, por eso tanto el PP como el PSOE tienen tan poco interés en impulsarlas. Lo que pasa es que los tiempos del muro de silencio se han acabado. Se ha abierto la veda (con perdón) y ahora vemos que todas las imágenes eran falsas.
Ni la denodada tarea de los medios convencionales a favor del Rey sirve ya. En este episodio de la cacería de elefantes se ha visto que la información y el debate estaban en internet. Mientras los grandes medios se dedicaban a pasar de puntillas sobre el fondo de la cuestión y se obsesionaban en explicarnos la operación de cadera de Juan Carlos y su currículum quirúrgico (como si eso tuviera algún interés), los detalles del safari, los pormenores del accidente, sus compañías, sus anfitriones, el runrún republicano que se escucha... todo eso estaba en blogs y en diarios digitales. En este sentido, el papel del periódico "El País", y no es nuevo, ha sido especialmente triste y ha estado mucho más cerca del oficialismo monárquico del "ABC" o "La Razón" que de su supuesto papel de agente intelectual alrededor del cual se reúnen miles de lectores progresistas. No es extraño que la prensa de papel esté pasando un mal momento. Grandes, viejos y pesados como son, los periódicos no parecen buscar el futuro sino más bien encontrarse camino de su propio "cementerio de los elefantes". Vamos, como la monarquía.

viernes, 13 de abril de 2012

Solo nos quedará el miedo

Nos mienten. Con la excusa de que "no somos tan ricos como pensábamos" quieren hacernos creer que una sociedad más modesta, que bienvendida sea, es sinónimo de una sociedad peor. Es mentira. La falsa consigna es clara: puesto que el "sistema" ya no da para más, recortemos derechos. Como si tales recortes solucionaran los problemas de fondo, como si los sacrificios ciudadanos sirvieran para resolver el evidente agotamiento de un modelo económico basado en el mito del crecimiento infinito. Entonces no lo sabíamos pero hace un par de años, cuando tanto camino había aún por delante, estabamos tocando techo en nuestra condición de ciudadanos y empezó el descenso. Hoy la legislación democrática ya solo está para restar.



Se lesgisla contra los derechos de reunión, de manifestación, contra la libertad de expresión. Ni se plantea la búsqueda de nuevas y mejores formas de participación. Se desmantelan las televisiones públicas para garantizar el negocio de los amigos privados y su modelo de sociedad, aunque se obligue a todo el mundo a pasarse tardes venenosas ante televisiones que solo vomitan estupideces. La enseñanza va camino de pasar de derecho a privilegio. Tendremos que conformarnos con menos maestros y con clases saturadas y, por supuesto, no será gratis. Adiós becas.
La sanidad universal está en plena cuenta atrás. Solo tendrá garantía de atención adecuada quien se la pueda pagar y los pobres enfermos dependientes volverán a ser cargas inasumibles para tantas y tantas familias. Por supuesto, olvidemos el orgullo de ser ciudadanos de un país preocupado por la pobreza del mundo, ni pensar en destinar dinero a cooperación internacional. Los pobres estarán en casa, y ni para ellos habrá dinero. Blindaremos, más todavía, las fronteras. A los de fuera de casa solo les abriremos la puerta si vienen a jugar a golf.
Las carreteras seguirán siendo de peaje. Se disparan la gasolina, la electricidad y el gas. Internet será más caro, los impuestos básicos subirán. Solo los sueldos retroceden. Nos quedaremos con muy poquito, y presidiendo tanta nada, un miedo inmenso.
El derecho al trabajo y a una vivienda digna va camino de ser una especie de reliquia para declaraciones solemnes. Debemos aceptar que el trabajo del futuro será siempre precario, que la posibilidad de mantenerlo dependerá de nuestra capacidad para decir sí a todo, que cuando nos despidan nos darán las gracias a modo de finiquito y que el cobro del paro se irá recortando y recortando. En cuanto a tener un techo, la única garantía será la vuelta al hogar paterno. Nuestros padres, de momento, seguirán percibiendo pensión, nosotros ya veremos.
Se encarece la justicia. Meternos en pleitos, costará más que hasta ahora. Recurrir a los tribunales quedará lejos de las posibilidades del ciudadano de a pie que, además, no dispondrá ni de una justicia gratuita que haga honor a tal nombre.


Así están las cosas y no van a parar. Debemos tenerlo claro y estar preparados. Les da todo igual. Están dispuestos a convertir la sociedad en un campo de batalla porque están seguros de que ellos, los jefes del universo financiero, son mucho más fuertes. No pararán. Lo vimos en Grecia, cuarenta y tres edificios en llamas en pleno Atenas y los diputados votando com si tal cosa. Lo vemos en España, la única respuesta a las huelgas es cargar contra los sindicatos mayoritarios, como si prefirieran prescindir de ellos para que las protestas se conviertan en algaradas que se puedan sofocar a sangre y fuego.
Ante las insuficiencias y las contradicciones del actual modelo económico, los grandes poderes financieros, con la inestimable ayuda de sus servidores políticos, tenían dos alternativas: plantearse seriamente un cambio de modelo o acallar las protestas para hacer ver que no pasa nada aún a riesgo de que la tensión crezca y crezca; es evidente que se han decido por la segunda opción.

Por favor, dediquen ocho minutos más a José Saramago:

martes, 10 de abril de 2012

La democracia española tiene doble fondo



Este vídeo de Mariano Rajoy es del verano de 2010 y, ya ven, la simple posibilidad, el rumor de que un gobierno del PSOE decretara una amnistía fiscal le parecía una barbaridad. Hoy él, un año y medio después, ya como presidente del Gobierno, la ha decretado.
El vídeo de Rajoy es solo uno de los muchos que se pueden ver en internet y que ponen de manifiesto el doble lenguaje del PP, la poca confianza que merecen, el ínfimo valor de sus palabras. Son todos bastante parecidos: son lo actuales gobernantes del Partido Popular cuando estaban en la oposición. El hoy Presidente Rajoy, la actual "vicetodo" Sáenz de Santamaría, la Secretaria General del partido, Dolores de Cospedal y algunos otros criticando con trazos gruesos decisiones del gobierno Zapatero. Tan gruesos son los trazos que, en algunos cosas, descalifican lo que no son más que rumores. La lástima, lo triste, es que son descalificaciones a políticas que, pasados unos meses y ya con ellos en el gobierno, se están tomando como si de fotocopias corregidas y aumentadas se tratara.

Son vídeos que se pueden ver en internet y los agrupo para facilitar una imagen general de la manera como se ejerce la política supuestamente democrática en España. No hay un mínimo interés por el servicio al ciudadano. Los intereses de la calle están siempre supeditados a los intereses de los políticos y de sus partidos. Por eso la política española funciona como un escenario de doble fondo: un ámbito público donde todo son buenas intenciones y un escenario oculto donde las estrategias y las medidas se deciden al margen de las pautas democráticas con el único objetivo de asegurar la propia supervivencia, ya sea ganar una elecciones, mantener el poder o seguir en el cargo del que se come.
Por eso existen estos vídeos donde los dirigentes del PP dicen lo contrario de lo que acaban haciendo así que tienen ocasión. Por eso pese a la existencia de estos vídeos, ninguna de sus protagonistas se avergüenza, pide perdón y se va para casa. Miren estos dos a modos de colofón y, si quedan con ganas, en internet hay muchos más.


Conste que mi pretensión con este post no es poner de manifiesto simplemente la falta de honestidad política del PP. No. Es más que eso. Es denunciar el doble lenguaje como forma de hacer política en España. Que se puedan dar públicamente estos comportamientos tan poco honrados, tan poco honestos, tan falsos y no suceda nada es un síntoma preocupante que demuestra la pobre calidad de nuestra democracia.
Si el problema fuera un partido, en este caso el PP, la cuestión no sería tan grave. Lo alarmante es que con el PSOE sucede lo mismo.
Miren si no como argumentaba sus reformas económicas José Luis Rodríguez Zapatero.
Esto decía de la reforma laboral:


Y así explicaba los recortes económicos, de sueldos y derechos que, en su opinión, venían obligados por la crisis:


Nadie en las filas socialistas levantó entonces la voz ante Zapatero. Era 2010 y quien se quejaba era el PP. Ahora se han invertido los papeles. No me dirán que no parece una obra de teatro, una pura representación donde cada cual se ajusta a un guión preestablecido que nada tiene que ver con los proyectos políticos, las ideológías o las corrientes de pensamiento.
En mi opinión es precisamente la falta de reacción desde las propias filas de quien gobierna lo que prueba el pésimo estado de la política en España. En este seguidismo acrítico está la tumba de la democracia. Es inconcebible que dentro de partidos democráticos nunca haya voces discrepantes como si de organizaciones caudillistas propias de regímenes dictatoriales se tratara. Me temo que el control que el poder económico ejerce sobre la democracia es de tal finura que ya ni necesita sacar los tanques a la calle, que en la democracia de hoy el común de los ciudadanos está igual de controlado que en las dictaduras pero más tranquilo. Esto no puede acabar bien.

martes, 3 de abril de 2012

El pelo de Zaplana molesta en las calles de Madrid

Miren este coche:


Es bonito, ¿verdad? Un cochazo. Es el coche de un expresident de la Generalitat Valenciana, exalcalde de Benidorm, exportavoz del Gobierno, exministro de Trabajo... Es el coche de Eduardo Zaplana Hernández-Soro. Es un Audi de alta gama. Dispone de chófer, claro.
El ostentoso Audi de Zaplana estuvo la semana pasada una hora y media aparcado, mal aparcado, en plena acera de una zona peatonal del centro de Madrid mientras D. Eduardo se acicalaba en una peluquería de altísimo nivel muy cercana.
Fue el sábado día 31 de marzo, a las 9'30 de la mañana. El automóvil de Zaplana se detuvo en la esquina de la plaza Santa Bárbara con la calle Orellana y del asiento trasero bajó el exministro que, en dos zancadas, entró en la peluquería "Teatro. Hair and Care" que está en el número 3 de la mencionada calle Orellana. Tardó casi una hora y media en salir.
Durante todo ese tiempo, ninguna patrulla de la policía municipal de Madrid se acercó al vehículo. Nadie molestó al chófer, que se quedó de guardia y que no tuvo que mover el coche en todo el rato.
Resulta inaceptable que cualquier ciudadano invada una zona peatonal para circular en coche y está peor todavía que se aparque en ella; es falta de civismo y va contra las normas. Por eso a quien lo hace se le multa. Las prisas o la falta de alternativas pueden ser un atenuante, pero no es el caso que nos ocupa. No había urgencia que apremiara a Eduardo Zaplana y, además, al disponer de chófer, al menos podría haberse evitado tanto rato de aparcamiento irregular. No parece mucho pedir que el vehículo busque una zona de estacionamiento permitido una vez su ocupante ya está donde quería ir, en este caso, en la peluquería. De todas maneras, lo peor es que quien comete la infracción ha sido una alta autoridad del Estado que, en función de su pasado cargo al frente de la Generalitat valenciana, sigue ostentando el tratamiento de "Molt Honorable". Lo dicho, inaceptable.

Eduardo Zaplana en una subasta benéfica de botellas de cava organizada por la Fundación Fashion Art Institute.


Los personajes públicos son modelos sociales. Lo quieran ellos o no, lo son. Tal condición supone algo de esclavitud, es cierto, pero también viene acompañada de privilegios. Los políticos están especialmente obligados a un comportamiento intachable. Al menos, a un comportamiento que esté a la altura de su discurso.
Eduardo Zaplana es hoy un político más o menos retirado a sueldo de Telefónica. Primero fue adjunto a la Secretaria General y ahora se mantiene como asesor.
No se puede decir que Eduardo Zaplana fuera un buen ejemplo ciudadano ya en sus años de ejercicio político. Su "nacimiento" a lomos de una concejal socialista transfuga que le dio la alcaldía de Benidorm o sus apariciones estelares en las conversaciones del "caso Naseiro" con sus peticiones de comisiones "bajo mano", más su "generosa" gestión del dinero público con amigos y conocidos mientras tuvo responsabiliaddes de gobierno, son prueba evidente de que las leyes para Zaplana están pero, bueno, siempre es posible hacer de más y de menos.
No puede sorprender, pues, que una minúscula norma legal sobre aparcamiento se le pase por alto a Eduardo Zaplana. De todas formas, su ya referida condición de "Molt Honorable", un tratamiento que de por vida le concede el Estatuto de los expresidentes de la Generalitat Valenciana , le podría mover a ser un poco más cuidadoso y a no ir por Madrid como elefante en cacharrería.
Por cierto, ¿saben cuánto vale cortarse el pelo en "Teatro. Hair and Care? 74 euros.

lunes, 2 de abril de 2012

El PSPV es un partido enfermo

Ximo Puig, nuevo Secretario General del PSPV-PSOE


No deberíamos engañarnos. El problema del Partit Socialista del País Valencià (PSPV) no es de nombres. Que en el XII Congreso de este fin de semana el escogido como nuevo secretario general haya sido Ximo Puig, más de lo mismo, tiene poco valor. Puig ni mejorará, ni empeorará (bueno, eso sí pero por la propia inercia) la situación y los resultados electorales del PSPV.
Repito, no es cuestión de nombres. El PSPV, y la reflexión sirve también al PSOE en general, es un partido enfermo, en descomposición. Digamos que los valencianos están en una fase más avanzada que el conjunto del partido en España. Su proceso de degradación es una evidencia y cada decisión que toman es un nuevo error. Lo que pasa es que a estas alturas ya no se puede hablar de equivocaciones sino de una deriva que ha contaminado tanto la estructura de la formación que no hay manera de que el análisis de la realidad y de su propia razón de ser les lleve a tomar una sola decisión acertada. No aciertan ni por casualidad porque barajan datos falsos y los calculan con reglas amañadas.
El "caso PSPV" se estudiará en los libros de ciencias políticas, capítulo partidos, como ejemplo de hasta que punto la denominada selección adversa dentro de las formaciones políticas las hace inútiles. El PSPV es un partido que parece autista pero que, en realidad, lo que pasa es que sus decisiones no responden a los parámetros que se plantea la gente normal.
El PSPV ni piensa, ni debate en clave de como adoptar mensajes y comportamientos que le acerquen a la sociedad. Ni de lejos. El PSPV es una "empresa" que no entiende otro rendimiento que el mantenimiento de los puestos de trabajo de sus máximos dirigentes y de un grupo de un par de centenares de militantes cuyos sueldos también dependen del control de la formación. Ganar las elecciones es secundario. Si para ganar las elecciones es necesario renovar el partido de arriba a abajo, pues no se ganan. La posibilidad de que se sacrifiquen quienes viven del partido, ni se plantea. No es cuestión solamente de ausencia de razón política, lo que no hay es ni asomo de generosidad humana. La realidad es cruel. Los que mandan en el PSPV ni se imaginan una vida sin conspiración política, ni tienen oficios con los que ganarse la vida. Nadie. Miren la cúpula estrenada este fin de semana. Ni Ximo Puig, ni Leire Pajín, ni Francesc Romeu, ni Ciprià Císcar, ni Alfred Boix, ni José Manuel Orengo, ni el "padre" en la sombra, Joan Lerma, tienen otra forma de ganarse la vida que la política. Y como ellos, el 90% de sus corifeos. Lo dicho, la selección adversa en su máxima expresión. Los peores se han ido promocionando mientras los mejores se quedaban por el camino hartos de tanta miseria.
Por eso todas las decisiones que toman parecen eequivocadas. Por eso cuesta de entender que siempre hagan lecturas objetivamente equivocadas de las cosas que les pasan. No es que sean equivocadas, es que persiguen objetivos que no son los que cualquier ciudadano corriente cree que son.
El PSPV lleva años y años cogiendo la vía errónea cada vez que está en un cruce de caminos. Pasado tanto tiempo, los socialistas valencianos están en las antípodas de sus supuestos objetivos, cada día más lejos de una victoria electoral, cada día menos presentes, cada día más lejos de la gente.
Del XII Congreso del PSPV ha salido una nueva componenda entre familias, una vez más. Ni un segundo destinado de verdad a reflexionar sobre los fallos cometidos, ni a buscar fórmulas para superarlos. Nada de discutir sobre la crisis poliédrica que nos aplasta o sobre el agotamiento del discurso socialdemócrata clásico. Ni por asomo. El resultado ha sido una ejecutiva amplia para que todos tengan su cuota, aunque las decisiones sigan tomándose entre cuatro. Continúan vivos los "lermistas" que vuelven al puente de mando, no desaparecen los "ciscaristas", asoman los "pajinistas", se envalentonan los "romeuristas" y ya empiezan a afilar sus armas los "alartistas". Es verdad que hay cosas que les unen: básicamente tres, desconfían unos de otros, todos amasan ambiciones a costa de los demás y sus universos son internos. En fin, no me digan que no dan un poco de pena. No me digan que les extraña que el PSPV tenga hoy la mitad del porcentaje de voto que tenía hace 30 años, que haya perdido más de 300.000 votos en este tiempo pese al aumento de la población o que el PP tenga el doble de votos que ellos. Díganme por favor: ¿como puede ser que un partido después de tres décadas encadenando fracasos crea que la solución pasa por seguir como siempre? No tiene explicación. Bueno sí, lo que decía al principio. El PSPV es un partido enfermo, el problema son ellos.