lunes, 26 de marzo de 2012

Que dimitan todos y vuelta a empezar







Conocido el resultado, el "ganador" Javier Arenas se sabía derrotado.


En Andalucía deberían dimitir los dos grandes perdedores de las elecciones. Debería dimitir el candidato del PP, Javier Arenas, que, pese a tenerlo supuestamente todo hecho, ha vuelto a fracasar. Tan confiado estaba que se negó incluso a debatir con el candidato socialista. Arenas ha perdido. Ganando ha perdido. Se ha dejado por el camino 180.000 votos, más del 10% de los que tenía. Será su cuarto aterrizaje en los escaños de la oposición. Arenas debería irse a casa. Y José Antonio Griñán, lo mismo. El candidato del PSOE seguirá, seguramente, en la presidencia de la Junta pero ha perdido 660.000 votos, un tercio de los que obtuvo el PSOE en 2008. Cuando leo que esta derrota ha desatado la euforia en la sede socialista, me echo a temblar. No entienden nada. Griñán también ha fracasado. Tiene 9 escaños menos de los que tenía. Mejor dejarlo.




El sonriente candidato socialista José Antonio Griñán ha perdido las elecciones, ha retrocedido 9 escaños, 660.000 votos, uno de cada tres votantes le ha abandonado, ¿a qué no lo parece?




Las elecciones andaluzas y asturianas apuntan varias cosas de mucho interés. La primera es que la gente está harta. Harta. Como siempre, después de un par de falsas lágrimas de cocodrilo lamentando el aumento de la abstención, los grandes partidos volverán a lo de siempre: a sus cálculos para el reparto de poder y a ir maquillando la realidad para que todo siga igual. Me parece que se empieza a ver que la gente quiero otra cosa.
La participación ha caído 10 puntos en Andalucía y 11 en Asturias. Con la gente atemorizada, rodeada de incertidumbres, lo que ha pasado es que el votante ha decido desertar. Si los políticos son el tercer problema del país, ¿para que votarles? Eso es lo que ha pasado.
El sistema de dos grandes partidos instalados en la alternancia no vale. La cuestión es que su sustitución no es sencilla, pero está en marcha. El bipartidismo se tambalea. En Andalucía, los dos grandes partidos copaban el 87% del porcentaje electoral en 2008; ayer, el 80. Y eso que el sistema trabaja sin descanso para que la conclusión de la gente sea que las elecciones son cosa de dos. Solo dos aparecen en los medios. Solo los dos grandes se ven beneficiados por la ley electoral. Lo más alarmante es observar que sobre un censo de más de 6'2 millones de votantes, pasan por las urnas 3'8. En cuatro años, 650.000 personas se han sumado a los más de 1'6 millones que ya dejaron de votar en las últimas elecciones. El supuestamente gran vencedor, los que se quedan a las puertas de la mayoría absoluta, el PP, recoge un millón y medio de votos. Menos del 25% del censo. Casi mayoría absoluta pero de cada cuatro andaluces, no llega a uno que les vota. Y qué decir de quien va a a gobernar. Lo hará incluso con menos respaldo. ¿A que parece imposible intentar hacer ver que no pasa nada? Pues la clase política pretenderá que pensemos que todo es normal.
Puede decirse que el PP ha ganado las elecciones en Andalucía, de acuerdo, pero la derecha las ha perdido. El PP tiene un 40% del voto, pero la izquierda, un 50%. La victoria de la izquierda llega de la mano del ascenso de Izquierda Unida, que ha doblado sus diputados, pero no puede ignorarse que de los 660.000 votos que se dejan los socialistas, IU solo capta 117.000. Casi 550.000 antiguos votos de izquierda que se han quedado en casa. Uf.
Y en Asturias, tres cuartos de lo mismo. Los dos grandes que en el 2007 suponían el 83% del voto, están ahora en el 53%. Cierto, Izquierda Unida sube 7.000 votos, pero es que los socialistas, que se declaran pletóricos, han perdido 20.000. Del 2007 a ahora, los socialistas han visto evaporarse 100.000 votos, casi la mitad de los que tenían. Esta vez, quien más ha retrocedido ha sido el Foro de Francisco Álvarez Casco, 55.000 votos pero son sufragios que no han vuelto al PP, que ha retrocedido otros 12.000. Este último dato, sumado al retroceso andaluz, es un buen aviso para Mariano Rajoy y el gobierno de España. Podrán tomar las decisiones que quieran, pero la gente no se lo piensa perdonar todo. Si el gobierno no cumple, si el gobierno no resuelve nada, ni tiene otras soluciones que apretar siempre por los más débiles, que no cuente con ellos. La gente puede estar desorientada y perpleja, igual no sabe por dónde va el camino, pero empieza a ver por dónde no va. Grecia es, en este sentido, una referencia interesante. Allá los dos grandes partidos se ponen de acuerdo para aprobar una medidas que la gente contesta en la calle, incluso quemando edificios, y a los diputados que se resisten, los expulsan. Las encuestas dicen que el equivalente al PP y al PSOE español, Nueva Democracia y el Pasok, que ahora representan un 80% del Parlamento griego, difícilmente pasarán del 35 en las próximas elecciones.
La abstención es ampliamente el "partido" ganador de las elecciones de ayer en Andalucía y en Asturias y va camino de la mayoría absoluta. Más allá del pulso entre partidos, la nueva política ha de dirigirse e implicar a los que se han alejado de las urnas. No es cuestión de que allí estén los votos. Es que allí está la democracia.

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