viernes, 30 de marzo de 2012

Mentiras transparentes


Ahora que tanto se habla de la futura "Ley de la Transparencia", me pregunto qué confianza podemos tener en un país y en un gobierno que no es capaz de dar cifras creíbles sobre el seguimiento de una huelga o los participantes en una manifestación. No es una cuestión menor. No es que las autoridades no cumplan su deber de garantizar la información veraz a los ciudadanos, no, lo grave es que las autoridades mienten. ¿Como es posible que la administración cifre en menos de 80.000 personas las casi 300.000 que se manifestaron ayer en Barcelona o en 35.000 las más de 100.000 de Valencia? Lo mismo sucede con el seguimiento de la huelga, ¿por qué tanta confusión? Cuando se habla de tal o cual porcentaje de trabajadores que han hecho huelga, ¿cómo es posible que nadie se preocupe de separar el grano de la paja? ¿por qué no se resta a todos los parados y a todos los servicios mínimos antes de cuantificar cuanta gente ha ido a la huelga? ¿ por qué no se especifica cuántos autónomos hay? Pues se miente y se exagera porque estamos en un pulso, en una guerra de imagen. Los ciudadanos plantan cara pero el gobierno quiere hacer ver que quienes lo hacen son una minoría. Propaganda. En las guerras, ya se sabe, desaparece la información y manda la propaganda, pero esto no debería ser una guerra. Lo malo es que, mayoritariamente, damos todo eso por normal; pero no lo es. Una guerra entre administradores y administrados no es normal en democracia, como no lo es que sea el gobierno quien controle a sus ciudadanos en lugar de lo contrario. Si estamos en una guerra, ¿son nuestros representantes nuestros enemigos?
Todo ésto puede parecer una cuestión menor, pero no lo es. En realidad, es la prueba del distanciamiento entre gobernantes y gobernados, una imagen evidente de la brecha que hay abierta. Luego por esa brecha es por donde se cuelan todas la políticas, todas las decisiones que vienen a perjudicar al conjunto de ciudadanos y a privilegiar a los sectores sociales más poderosos. Por eso es preciso negarse a dar por bueno lo que no lo es, aunque nos parezca un tema secundario, porque los abusos evidentes en lo secundario son simplemente la prueba de que en lo importante no se nos va a tener en cuenta para nada.
Ahora resulta que el gobierno de Mariano Rajoy está abierto a dialogar sobre la reforma laboral pero que no piensa modificarla, entonces ¿para que dialogar? La democracia no es solo poder decir lo que uno quiera sino que se tenga en cuenta lo dicho. Si puedes protestar pero nadie te escucha, ¿qué valor tiene la protesta?¿Que valor tiene la democracia?
Transparencia real para avanzar en la participación y la horizontalidad de la política, ese es el reto planteado, y es preciso predicar con el ejemplo. Empezar mintiendo es mala señal.

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