viernes, 30 de marzo de 2012

Mentiras transparentes


Ahora que tanto se habla de la futura "Ley de la Transparencia", me pregunto qué confianza podemos tener en un país y en un gobierno que no es capaz de dar cifras creíbles sobre el seguimiento de una huelga o los participantes en una manifestación. No es una cuestión menor. No es que las autoridades no cumplan su deber de garantizar la información veraz a los ciudadanos, no, lo grave es que las autoridades mienten. ¿Como es posible que la administración cifre en menos de 80.000 personas las casi 300.000 que se manifestaron ayer en Barcelona o en 35.000 las más de 100.000 de Valencia? Lo mismo sucede con el seguimiento de la huelga, ¿por qué tanta confusión? Cuando se habla de tal o cual porcentaje de trabajadores que han hecho huelga, ¿cómo es posible que nadie se preocupe de separar el grano de la paja? ¿por qué no se resta a todos los parados y a todos los servicios mínimos antes de cuantificar cuanta gente ha ido a la huelga? ¿ por qué no se especifica cuántos autónomos hay? Pues se miente y se exagera porque estamos en un pulso, en una guerra de imagen. Los ciudadanos plantan cara pero el gobierno quiere hacer ver que quienes lo hacen son una minoría. Propaganda. En las guerras, ya se sabe, desaparece la información y manda la propaganda, pero esto no debería ser una guerra. Lo malo es que, mayoritariamente, damos todo eso por normal; pero no lo es. Una guerra entre administradores y administrados no es normal en democracia, como no lo es que sea el gobierno quien controle a sus ciudadanos en lugar de lo contrario. Si estamos en una guerra, ¿son nuestros representantes nuestros enemigos?
Todo ésto puede parecer una cuestión menor, pero no lo es. En realidad, es la prueba del distanciamiento entre gobernantes y gobernados, una imagen evidente de la brecha que hay abierta. Luego por esa brecha es por donde se cuelan todas la políticas, todas las decisiones que vienen a perjudicar al conjunto de ciudadanos y a privilegiar a los sectores sociales más poderosos. Por eso es preciso negarse a dar por bueno lo que no lo es, aunque nos parezca un tema secundario, porque los abusos evidentes en lo secundario son simplemente la prueba de que en lo importante no se nos va a tener en cuenta para nada.
Ahora resulta que el gobierno de Mariano Rajoy está abierto a dialogar sobre la reforma laboral pero que no piensa modificarla, entonces ¿para que dialogar? La democracia no es solo poder decir lo que uno quiera sino que se tenga en cuenta lo dicho. Si puedes protestar pero nadie te escucha, ¿qué valor tiene la protesta?¿Que valor tiene la democracia?
Transparencia real para avanzar en la participación y la horizontalidad de la política, ese es el reto planteado, y es preciso predicar con el ejemplo. Empezar mintiendo es mala señal.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Razones para una huelga

Ante la huelga general de mañana sorprende ver la virulencia con que la atacan aquellos que, al mismo tiempo, aseguran que ni sirve para nada, ni tendrá ningún seguimiento por parte de los trabajadores convocados.
A mí esa contradicción me hace pensar que hay gato encerrado. Escuchar a quienes desde la COPE, desde EL MUNDO, desde las confederaciones empresariales, desde el PP o desde FAES desprecian el valor de la huelga al mismo tiempo que tiran de todo tipo de argumentos para descalificarla, me lleva a pensar que mienten, que saben que una huelga es importante, y que la quieren ganar. Un escaso seguimiento de la huelga de mañana es su triunfo. Una huelga no vale nada por si misma sino por cuántos la secundan, por eso ellos están empeñados en desactivarla.
Esgrimen varios argumentos fuerza:
1. La acción de los piquetes impide el libre derecho a trabajar. Nada dicen, en cambio, de los "piquetes empresariales", esos jefes que avisan, incluso en las empresas públicas, no digamos en las privadas, que hacer huelga es sinónimo de despido. ¿No se habrán enterado de eso? ¿En que país viven? Por cada persona que deja de trabajar por la presión de los huelguistas, hay mil que siguen trabajando por miedo a perder el puesto de trabajo. Además, nadie ve más negado su derecho a trabajar que los más de 5 millones de parados que hay en España, y no creo que a esos los haya despedido un piquete. Añaden quienes demonizan a los piquetes que los servicios mínimos que se pactan son poca cosa, que favorecen a los trabajadores. Tampoco explican que, por ejemplo, de las últimas 30 veces que los sindicatos han llevado al juez los servicios mínimos dictados por el gobierno del PP de Madrid, en 29 de los casos la autoridad judicial los ha calificado de abusivos y ha dado la razón a los denunciantes.
2. La huelga es política. Por supuesto. Todo lo que tiene que ver con acciones con influencia social en una democracia son políticas, y la huelga, de las más evidentes. ¿Qué tiene de malo eso? Miles y miles de ciudadano, perdiendo el sueldo de un día, emplean un recurso constitucional para poner de manifiesto su posición contraria a una decisión del gobierno, sí, eso es política. ¿Hay algo criticable en eso? En democracia, que los ciudadanos de a pie ejerzan sus derechos políticos es de las cosas más dignas que puede haber. Todavía más: la huelga de mañana tiene mucho de ideológico. Cuando veo que los que desacreditan la huelga son los mismos que aplauden las visitas del Papa, los que jalean al Rey pese a sus oscuras decisiones, los mismos que quieren recortar el derecho al divorcio o al aborto, los que jamás hablan de sostenibilidad ni de ecología, los que cuando se cruzan con un homosexual ven a un maricón, los que jamás objetan nada al gasto militar, los que están a favor de las corridas de toros, los que usan el terrorismo para cargarse los gobiernos que no les gustan, los que critican lo público pero siempre preguntan qué hay de lo mío, los que creen que quienes no hablan castellano lo hacen por joder, aquellos a quienes molestan tantos negros pobres por nuestras calles, los que nunca han condenado el franquismo, los que dicen con entusiasmo que Garzón es un juez prevaricador y Pilar Manjón una farsante... cuando veo todo eso, y lo veo todo junto, me entran unas ganas imparables de hacer huelga.
3. Esta huelga no tiene sentido. Yo sí se lo veo. Lo veo pensando en mí y en mi hija que tiene seis años y que, al paso que vamos, se encontrará en un mundo mucho más complicado que el mío. No voy a enumerar aquí las razones que justifican la huelga: se facilita el despido por tierra, mar y aire, echar a los trabajadores es muy barato o gratis, se acaba con la negociación colectiva, se precarizan las condiciones laborales, se rebajan los salarios... Pero mejor ilustro los motivos con este video del diputado Joan Tardá en el Congreso.

lunes, 26 de marzo de 2012

Que dimitan todos y vuelta a empezar







Conocido el resultado, el "ganador" Javier Arenas se sabía derrotado.


En Andalucía deberían dimitir los dos grandes perdedores de las elecciones. Debería dimitir el candidato del PP, Javier Arenas, que, pese a tenerlo supuestamente todo hecho, ha vuelto a fracasar. Tan confiado estaba que se negó incluso a debatir con el candidato socialista. Arenas ha perdido. Ganando ha perdido. Se ha dejado por el camino 180.000 votos, más del 10% de los que tenía. Será su cuarto aterrizaje en los escaños de la oposición. Arenas debería irse a casa. Y José Antonio Griñán, lo mismo. El candidato del PSOE seguirá, seguramente, en la presidencia de la Junta pero ha perdido 660.000 votos, un tercio de los que obtuvo el PSOE en 2008. Cuando leo que esta derrota ha desatado la euforia en la sede socialista, me echo a temblar. No entienden nada. Griñán también ha fracasado. Tiene 9 escaños menos de los que tenía. Mejor dejarlo.




El sonriente candidato socialista José Antonio Griñán ha perdido las elecciones, ha retrocedido 9 escaños, 660.000 votos, uno de cada tres votantes le ha abandonado, ¿a qué no lo parece?




Las elecciones andaluzas y asturianas apuntan varias cosas de mucho interés. La primera es que la gente está harta. Harta. Como siempre, después de un par de falsas lágrimas de cocodrilo lamentando el aumento de la abstención, los grandes partidos volverán a lo de siempre: a sus cálculos para el reparto de poder y a ir maquillando la realidad para que todo siga igual. Me parece que se empieza a ver que la gente quiero otra cosa.
La participación ha caído 10 puntos en Andalucía y 11 en Asturias. Con la gente atemorizada, rodeada de incertidumbres, lo que ha pasado es que el votante ha decido desertar. Si los políticos son el tercer problema del país, ¿para que votarles? Eso es lo que ha pasado.
El sistema de dos grandes partidos instalados en la alternancia no vale. La cuestión es que su sustitución no es sencilla, pero está en marcha. El bipartidismo se tambalea. En Andalucía, los dos grandes partidos copaban el 87% del porcentaje electoral en 2008; ayer, el 80. Y eso que el sistema trabaja sin descanso para que la conclusión de la gente sea que las elecciones son cosa de dos. Solo dos aparecen en los medios. Solo los dos grandes se ven beneficiados por la ley electoral. Lo más alarmante es observar que sobre un censo de más de 6'2 millones de votantes, pasan por las urnas 3'8. En cuatro años, 650.000 personas se han sumado a los más de 1'6 millones que ya dejaron de votar en las últimas elecciones. El supuestamente gran vencedor, los que se quedan a las puertas de la mayoría absoluta, el PP, recoge un millón y medio de votos. Menos del 25% del censo. Casi mayoría absoluta pero de cada cuatro andaluces, no llega a uno que les vota. Y qué decir de quien va a a gobernar. Lo hará incluso con menos respaldo. ¿A que parece imposible intentar hacer ver que no pasa nada? Pues la clase política pretenderá que pensemos que todo es normal.
Puede decirse que el PP ha ganado las elecciones en Andalucía, de acuerdo, pero la derecha las ha perdido. El PP tiene un 40% del voto, pero la izquierda, un 50%. La victoria de la izquierda llega de la mano del ascenso de Izquierda Unida, que ha doblado sus diputados, pero no puede ignorarse que de los 660.000 votos que se dejan los socialistas, IU solo capta 117.000. Casi 550.000 antiguos votos de izquierda que se han quedado en casa. Uf.
Y en Asturias, tres cuartos de lo mismo. Los dos grandes que en el 2007 suponían el 83% del voto, están ahora en el 53%. Cierto, Izquierda Unida sube 7.000 votos, pero es que los socialistas, que se declaran pletóricos, han perdido 20.000. Del 2007 a ahora, los socialistas han visto evaporarse 100.000 votos, casi la mitad de los que tenían. Esta vez, quien más ha retrocedido ha sido el Foro de Francisco Álvarez Casco, 55.000 votos pero son sufragios que no han vuelto al PP, que ha retrocedido otros 12.000. Este último dato, sumado al retroceso andaluz, es un buen aviso para Mariano Rajoy y el gobierno de España. Podrán tomar las decisiones que quieran, pero la gente no se lo piensa perdonar todo. Si el gobierno no cumple, si el gobierno no resuelve nada, ni tiene otras soluciones que apretar siempre por los más débiles, que no cuente con ellos. La gente puede estar desorientada y perpleja, igual no sabe por dónde va el camino, pero empieza a ver por dónde no va. Grecia es, en este sentido, una referencia interesante. Allá los dos grandes partidos se ponen de acuerdo para aprobar una medidas que la gente contesta en la calle, incluso quemando edificios, y a los diputados que se resisten, los expulsan. Las encuestas dicen que el equivalente al PP y al PSOE español, Nueva Democracia y el Pasok, que ahora representan un 80% del Parlamento griego, difícilmente pasarán del 35 en las próximas elecciones.
La abstención es ampliamente el "partido" ganador de las elecciones de ayer en Andalucía y en Asturias y va camino de la mayoría absoluta. Más allá del pulso entre partidos, la nueva política ha de dirigirse e implicar a los que se han alejado de las urnas. No es cuestión de que allí estén los votos. Es que allí está la democracia.

viernes, 23 de marzo de 2012

Privaticemos la Comisión Nacional de la Competencia para generar competencia

La viñeta es de Perú pero vale, trazo a trazo, letra a letra, para España.


La Comisión Nacional de la Competencia (CNC) "valora positivamente" (como si se pudiera valorar negativamente) la privatización de las televisiones autonómicas que pretende el gobierno de Mariano Rajoy (aunque Javier Arenas dice que Canal Sur es "imprivatizable"). El ejecutivo del PP asegura que es una buena medida para mejorar la gestión de los canales regionales, para ahorrar dinero público. Lo que no dicen es que mucho mejor sería relevar a los directivos que ellos mismos han colocado en Telemadrid, en Canal 9 o en TVG y que son los primeros responsables no solo de haber perdido dinero a espuertas sino de su robo, del descenso de audiencia y de la pérdida de prestigio de sus respectivos canales. Es como si a un coche que en lugar de llevarnos a Bilbao nos llevara a Jerez le cambiáramos las ruedas pero nada dijéramos de quienes lo conducen. Nada dice tampoco del "conductor" la CNC que se limita a informar del anteproyecto de modificación de la Ley de Comunicación Audiovisual (aquí se puede enlazar con el texto) que les ha hecho llegar el gobierno del PP como si ese texto estuviera en un tubo de ensayo, ajeno a toda realidad.
Asegura la CNC que la privatización de los terceros canales puede "contribuir a introducir competencia en estos ámbitos, además de las ventajas que supone para la gestión de los recursos públicos". Yo haría aquí un par de precisiones. Cuando dice competencia es evidente que se refiere solo a "competencia económica" ya que hay toda otra serie de competencias que se obvian. Es más, hay una competencia que se vería objetivamente recortada, me refiero a la variedad de puntos de vista que los medios públicos pueden ofrecer y que no entran en la lógica de las empresas privadas.
Además, en cuanto a la "competencia económica" no estaría mal que la CNC tuviera en cuenta lo que ha sucedido con la "competencia" generada por las TDTs privadas; una competencia que, en general, no va más allá de quién es más facha, quién sablea con más estilo a las administraciones, quién paga peor a sus trabajadores, quién hace peores productos o qué tonalidad de la pantalla a negro es más elegante.



Sobre la apelación de la ventajas para "la gestión de los recursos públicos", es lo del coche, ¿por qué la gestión privada ha de ser más barata? La culpa del desfase actual es de los gestores escogidos por los mismos que ahora defienden la modificación. Los señores de la CNC saben muy bien, o deberían saber, que todas estas privatizaciones que se barruntan sin inyecciones de dinero público son lo mismo que buscar mariposas blancas en la nieve, un imposible.
Por encima de todo lo dicho, la CNC tendría que ser mucho más modesta y especificar claramente que sus juicios son de "laboratorio económico", una especie de "ceteris paribus" permanente. Si aclararan eso se les prodría perdonar que pasen por alto el valor que los medios públicos tienen para la democracia informativa y para la comunicación democrática en particular.
Igual pedirles esa sensibilidad es pedirles demasiado pero, teniendo en cuenta, que la mayoría de los miembros de la CNC han desarrollado toda su actividad profesional en la función pública, qué menos que esperar algo de atención al respecto. En fin, visto que la Comisión "valora positivamente" la privatización de las televisiones públicas supongo que no tendrán ninguna objeción en defender también la privatización, total o parcial, de si mismos. Me parece que, dejando las funciones resolutorias en manos de los tribunales, todas las demás tareas de control de la competencia podrían pasar a gestión privada, ello también " podría contribuir a introducir competencia en estos ámbitos".

martes, 20 de marzo de 2012

1812-2012. ¡Vivan las cadenas!


Sillas como tronos, reyes aplaudidos, imágenes de santos, flores de ofrenda, políticos trajeados, banderas milimétricamente dispuestas, militares de asistencia, oros, terciopelos... la solemnidad propia seguramente de 1812 para honrar a quienes hace 200 años querían romper con el pasado.

Cierto. El Rey Juan Carlos tiene razón, y el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, también: los promotores de la Constitución de 1812 demuestran que en momentos de dificultad se pueden dar pasos adelante que doscientos años después son unánimemente reconocidos. En lo único que no acertaron fue en el papel que se atribuyeron ambos. El Rey y Rajoy tienen poco que ver con los constituyentes de Cádiz. El Rey y Rajoy son más, mucho más, los representantes de lo antiguo, los que no quieren que nada cambie. La apuesta liberal de "La Pepa" equivaldría hoy a más democracia, a profundizar en la descentralización, en la transparencia y en la igualdad de oportunidades de todos los ciudadanos como garantia de libertad. Vamos, todo lo que parece no importar al Rey y a Rajoy. Escuchar a este último identificar sus reformas con la Constitución de 1812 no demuestra otra cosa que su falta de vergüenza y su mínimo respeto a la inteligencia de los ciudadanos.
Tomémosle la palabra al Rey y al Presidente. Seamos valientes. Ellos son los absolutistas del siglo XXI. España necesita hoy su nueva Constitución de Cádiz. La que sea un ejemplo de democracia y de espíritu progresista como lo fue la de hace dos siglos.
Hagamos una nueva Constitución. Que empiece a sonar el run run de esta necesidad. Cualquier otra cosa son parches, tiempo que ganan los culpables del desastre que nos rodea. España hace aguas por todos lados y las leyes tienen una culpa evidente. Hasta que no haya nueva Constitución todo seguirá igual. Las leyes son el contrafuerte que los poderosos del país han levantado para seguir beneficiándose de la ruina de todos. Los islandeses están en ello, han hecho una nueva constitución entre todos. No es imposible. Es más, lo que es imposible es seguir como estamos. Seguro que al Rey y a Rajoy ya les va bien, pero a la mayoría le va fatal.
Pensemos en una Constitución que ponga la economía al servicio de los ciudadanos. Una Carta Magma que mire al futuro y que sitúe la sostenibilidad medioambiental y la equidad social como ejes de los nuevos tiempos; que abra la puerta a la III República, que recorte los privilegios de los que más tienen y donde ninguna religión tenga más presencia pública que aquella que le quieran otorgar sus seguidores sin molestar a quienes no lo son. Un Constitución que sea fuente de leyes iguales para todos, de las que no puedan escapar ni los políticos, ni los banqueros; que cada cual pague impuestos según lo que gana y que cada cual vaya a la cárcel según lo que roba, que en ninguno de los dos casos haya escapatoria. Un marco legal que busque la puesta en pie de un ejército de ciudadanos conscientes de sus deberes y de sus derechos, hijos de una educación bien dotada y de una administración absolutamente transparente. Un nuevo texto que asegure unas instituciones más proporcionalmente representativas y que permita que la relación entre las distintas naciones que conforman España se establezca como cada una de ellas considere mejor.
Concluyendo: si alguien no debiera identificarse con los promotores de la Constiución de 1812 son el Rey y Rajoy. El primero, doscientos años después, sigue representando una institución, la monarquía, contra cuyos prerrogativas se redactó el texto que ahora se conmemora, y, en cuanto a Rajoy, teniendo en cuenta que ha llegado a La Moncloa con el único interés de salvaguardar a los ricos de la crisis, lo mejor que podría hacer sería ponerse de perfil. En realidad, su grito sigue siendo aquel ¡Viva las cadenas!... pero ahora de televisión, ellos las controlan y así quieren tener a la gente domesticada.

viernes, 16 de marzo de 2012

Los políticos buscan palmeros


Decir una cosa y hacer otra es una constante en buena parte de los representantes políticos. Tan constante es que ya se dispone de un manual de excusas; la básica es que los compromisos se adquieren cuando no se dispone todavía de toda la información y que una vez se accede a ella, algunas cosas no se pueden hacer o, como mínimo, se han de revisar las prioridades.
Obviamente, no es verdad. Por tanto, para depositar la confianza en tal o cual candidato lo menos importante es saber lo que promete. Lo fundamental es conocer sus obras. Juzgarlas precisa de tiempo pero hay pistas importantes que ayudan a ir entendiendo por dónde irán los tiros. Una de esas pistas es la agenda de los dirigentes políticos.
En este sentido, ver lo que ha hecho el President de la Generalitat valenciana, Alberto Fabra, en este último mes resulta muy ilustrativo.
Es un ejercicio sencillo, basta con revisar la prensa para abarcar la mayor parte de su actividad.
En estos últimos 30 días, Fabra ha estado en los sitios que siguen y ha tenido contactos con las personas e instituciones que siguen:
- Presentación el Plan de Igualdad de su gobierno. Le rodeó la cúpula de sus consejeros y de su partido. Estaba, por ejemplo, la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, o el expresidente de Bancaixa, José Luis Olivas.
- Reunión con empresarios exportadores, junto al ministro de Exteriores José Manuel García Margallo. También estaba Rita Barberá.
- Presencia en la Noche de las Finanzas. Entrega de premios Forinvest a destacados empresarios.
- Reunión con empresarios en Alicante.
- Reunión con la patronal de Castellón.
- Tres días de Congreso del PP en Sevilla.
- Presencia en el Congreso Nacional de Familias. Estaba la ministra de Sanidad Ana Mato.
- Participación en la fiesta del Día de Andalucía junto a destacados miembros del PP.
- Presencia en la Crida fallera. A su lado, Rita Barberá.
- Reunión con Joan Rosell, presidente de la CEOE.
- Reunión con Mariano Rajoy.
- Cena con 240 empresarios en un acto organizado por la Fundación Centesimus Annus Pro Pontificia.
- Conferencia en el Club Diario Levante. Los asistentes eran, en su práctica totalidad, miembros de su gobierno, empresarios y dirigenets del PP valenciano.
- Presencia en la "mascletá" de las fietas falleras junto a Rita Barberá.
- Suelta de aves en un parque natural, en Eslida, Castellón. Le acompaña el alcalde de la población, del PP.
- Almuerzo en Vall d'Alba, Castellón, con los militantes del PP de la comarca.
- Visita a unos talleres falleros acompañado de la alcaldesa de Valencia Rita Barberá y otras autoridades, todas ellas del PP.
- Reunión en Madrid con los diputados y senadores valencianos del PP.
- Reunión de la Comisión Oficial del 30 aniversario del Estatuto de Autonomía. Básicamente altos cargos de la administración.
- Reunión con los empresarios de la Asociación para el Progreso d la Dirección.
- Presencia en la Romería de les Canyes de las fiestas de Castellón. Le acompaña la delegada del Gobierno, Paula Sánchez de León, y autoridades locales, todas del PP.
- Reunión con la Confederación Empresarial Valenciana.
- Reunión con la Cámara de Comercio de Alicante.
- Visita a la Oficina para la Armonización del Mercado Interior (OAMI), institución europea para el control de marcas. Le acompaña la alcaldesa de Alicante, del PP, Sonia Castedo.
Añádase a esta relación, su presencia en los plenos de las Corts Valencianes más las reuniones del Consell y tendremos delante toda la actividad pública del President de la Generalitat valenciana durante el último.


En tiempos de crisis, de despidos, de paro, de recortes, de manifestaciones, de cargas policiales, de detenidos, de EREs en la administración, de zozobra ante el futuro, Alberto Fabra no ha tenido ni un solo contacto con gente que no sepa de antemano que está con él. Ni un roce con con la oposición política, ni con los sindicatos, ni con los estudiantes, ni con los trabajadores abocados al paro. Nada. Fiestas bien acompañados, compañeros de partido y empresarios. Ese es el horizonte del President de todos los valencianos. Solo gente con la que está de acuerdo, como si la única forma de avanzar en tiempos de problemas no fuera llegar a acuerdos con quienes tienen opiniones diferentes.
Un President de todos pero que no se habla con la mayoría. Claro, ya llegará la campaña electoral para que vuelvan los buenos propósitos y las promesas de puertas abiertas y voluntad de diálogo.
Por cierto, era San Mateo quien inmortalizó aquello de que "por sus obras los conoceréis". No creo que el arzobispo Carlos Osoro se lo recordará al President Fabra en la reunión que ambos mantuvieron hace 10 días. Igual hubieran tenido que discutir y ya vemos que Fabra no discute con nadie.

lunes, 12 de marzo de 2012

El cambio necesario


La sociedad española lleva muchos años instalada en que importa mucho más el "qué" que el "cómo". Tal actitud se dignificaba calificándola de sensata, realista, pragmática o aquello de que "todo el mundo hace lo mismo". Ahora estamos pagando la factura. Si lo simple funcionaba para qué más: la gente quiere el dinero por encima de todo y a los partidos políticos les importa más el poder que la forma de conseguirlo, pues adelante. No es nuevo, ya lo sé, pero es una combinación letal. Lo uno alimenta lo otro y no hay maneras de que se enciendan las señales de alerta cuando las llamas se acercan. Ahora estamos en pleno incendio. Lo que antes se planteaba como garantía de desarrollo, de progreso y la calidad de vida ahora se ve que eran atajos que no llevaban a sitio alguno.



Revisemos pues nuestros comportamientos. Aprendamos a decir que no, cuando no es noble lo que nos plantean, aunque eso nos cueste perder un fin de semana en París, aunque nos tengamos que conformar con una casa rural cercana. Si no lo hacemos nos quedaremos incluso sin fines de semana. No esperemos que los demás nos den la tarea hecha, reflexionemos sobre lo que pasa en nuestra sociedad, discutamos, critiquemos.
Seamos políticamente desconfiados. Nada de cheques en blanco. Que no nos de miedo pensar por nuestra propia cuenta, ni negarnos a seguir al de al bandera si pensamos que va por mal camino. Nada de sectas. De ningún tipo. No debemos dar por buena una democracia si no es democrática. Luego viene una reforma laboral para crear empleo a través de despidos, una educación mejor en base a recortar los recursos que se destinan a ella o una sanidad para todos que arranca privatizando más y más servicios.
No nos olvidemos de leer, ni de que no somos los propietarios del mundo, que estamos de paso y debemos dejar la Tierra para que los que van a venir puedan seguir disfrutando de ella. Lo que es nuestro es la política y esa sí que la tenemos que adaptar a nuestros intereses, tenerla a nuestro servicio. Controlemos a los partidos políticos y no dejemos que ellos nos controlen a nosotros. No votemos a quien nos miente, a quien no es transparente. Acabarán siendo lo que nosotros queramos. Que no nos pierdan el respeto las instituciones. No son nada sin nosotros. Los políticos que no son honrados no son garantía de habilidad a nuestro servicio. Los corruptos además de dedicarse a robar son pésimos gestores y, como se ha visto, nos llevan a la más absoluta de las ruinas. Aplaudamos a los buenos y no a los listos.
Cuando a nuestro alrededor veamos comportamientos innobles, no nos sumemos a ellos, se tienen que denunciar. Denunciar aunque solo sea por propio interés ya que, al final, la corrupción se va a volver contra nosotros. No vamos a escapar de ella. Mantengamos nuestra baldosa vital en perfecto estado, nuestro sitio en este mundo limpio. La suma de baldosas limpias es una sociedad habitable.
Pensábamos que las trampas no eran tan malas en la medida que nos favorecían pero en la sociedad de las trampas no hay manera de escapar de ser víctima. Vivimos en un mundo de "suma cero" así que si todos hacemos trampas no hay manera de salir beneficiado. Nada mejor que no hacerlas, ni permitir que te las hagan. Lo contrario es miopía y acaba costando un ojo de la cara.

viernes, 9 de marzo de 2012

Mercadona quiere trabajadores chinos


Hace un par de días la empresa de supermercados Mercadona presentó sus resultados de 2011: sus ventas crecieron un 7'9% hasta los 16.400 millones; sus beneficios, un 19% hasta los 474 millones. La empresa creó 6.500 puestos de trabajo y ya son 70.000 las personas que trabajan en Mercadona. En fin, grandes números.
La presentación de todas estas cifras es la ocasión que aprovecha cada año el propietario de Mercadona, Joan Roig, para hacerse visible al resto de humanos e impartir doctrina. Es ya un clásico, un oráculo de los tiempos modernos. Roig, que no concede entrevistas bajo ningún concepto, usa la rendición de cuentas para una puesta en escena solemne. Sus instalaciones de Puçol, una localidad cercana a Valencia, sirven de marco. Allá llegan los periodistas, y un ejército de sus colaboradores los conducen por los pasillos de las naves como si el destino fuera una entrevista con un estadista superprotegido. Al final están Roig y los datos.
Tiene un valor inmenso levantar una empresa de estas características, su éxito empresarial es indiscutible. El hecho de tener ni más ni menos que 70.000 trabajadores merece el mayor de los respetos, tiene un gran valor social ser capaz de poner un pie un proyecto así. Crear 6.500 empleos en unos tiempos de paro es ejemplar.
Pero ya está. Todo lo demás ya no es tan ejemplar. El discurso con el que Roig envuelve sus espectaculares números es muy de derechas, muy injusto y muy poco respetuoso con la cantidad de ciudadanos que están sufriendo por una economía que se va al garete sin que ellos hayan tenido ninguna culpa, sin tener otro protagonismo que ser las principales víctimas.
Roig parece obsesionado por la necesidad de abandonar "la cultura del maná" e ir a la cultura del "trabajo y del esfuerzo". Eso se lo debería decir a sus iguales, a sus colegas empresarios y a sus amigos políticos. Los ciudadanos de a pie saben poco del maná. Conozco decenas de periodistas que se han quedado en la calle después de años y años de trabajar mucho, de haberse formado adecuadamente, de haberse esforzado para sacar adelante sus noticias, sus radios, sus periódicos o sus teles. ¿Habla de ellos Roig? Si lo hace se equivoca.
Las palabras del amo de Mercadona llegaban justo el mismo día que la Generalitat valenciana compraba la empresa Valmor que era la responsable de la organización de la Fórmula 1 en Valencia. Uno de sus principales accionistas era precisamente el hermano de Joan Roig, Fernando. La empresa arrastraba unas deudas de 20 millones. Ahora la pagarán todos los ciudadanos. Eso debe ser el maná del que hablaba Joan Roig, ¿no?
"En España nos hemos pasado 20 pueblos y en la Comunidad Valenciana 25", esta fue una de las frases concretas del propietario de Mercadona. Lo dice ahora. Se le podría reclamar, qué menos que pedirle eso a quien ejerce de oráculo, que lo hubiese dicho cuando todo estaba pasando, cuando, por ejemplo, se reunía con Francisco Camps, el President de la Generalitat valenciana, y jamás se le escuchó un reproche. Es más, lo podía haber explicado cuando era utilizado como un referente para las fotos de quien ya sentía el aliento de la justicia en la espalda. Si sus críticas se hubieran producido entonces, si hubiera sido capaz de poner en evidencia a los dirigentes que nos estaban llevando al patíbulo, hoy sus palabras tendían una credibilidad y una legitimidad de la que adolecen.
Roig dejó muchas más perlas, desde poner los bazares chinos como ejemplo de productividad hasta lamentar la existencia de impuestos, reclamar que se vaya más lejos en la reforma laboral o pedir a los trabajadores que estén más atentos a los deberes que a los derechos. En general son palabras que tienen mucha repercusión por venir de quien vienen y por la solemnidad del acto en el que se escuchan... pero no tienen nada de particular. Son las afirmaciones típicas y tópicas de todos los empresarios que gastan como referencia absoluta que cuando menos límites tenga su actividad mucho mejor y que si ellos van bien, todo va bien.
Mercadona es uno de los grandes reportajes pendientes del periodismo español. Se debería prestar atención al origen del dinero que alumbró el nacimiento de Mercadona. No estaría de más revisar su política de personal, la forma como se concretan los traslados de centro o las relaciones sindicales. En 2011 más de 3.500 empleados dejaron la empresa. No parece una cuestión baladí. Se podría investigar también como es su política con los proveedores y como usa su posición de cliente preferente para forzar los precios y las condiciones en las que negocia. Debería verse su sistema de alquiler de locales para largos periodos y como se plantea la renegociación de las condiciones durante los periodos de vigencia de los contratos. Lo dicho, un reportaje pendiente porque una empresa con 70.000 trabajadores merece respeto pero no puede quedar al margen de ser escrutada, ni criticada.

domingo, 4 de marzo de 2012

"El País" en el reino de las maravillas borbónicas


La prensa escrita pierde lectores, cierto. Los pierde porque cuesta que las nuevas generaciones se enganchen al papel pero también porque se equivoca mucho. Un periódico, para ser comprado, precisa de una identificación con el ciudadano que va más allá de la voluntad de estar informado. Un periódico es un referente y, como tal, se espera de él que esté a la altura. Hoy "El País" no lo ha estado. El editorial sobre la Monarquía española, a vueltas con el "caso Urdangarín", podría estar en las páginas de "La Razón" o del "ABC". Es verdad, uno puede avergonzarse incluso de sus propias acciones. Pero en ese supuesto, nadie puede desentenderse de uno mismo. De un periódico, sí. Cuando tu periódico te avergüenza lo mínimo es dejar de comprarlo.
El editorial sobre la Monarquía es una babosada en toda regla revestida de esa responsabilidad institucional que coloca el cartel de cuestión de Estado a lo que no se quiere que sea discutido, como si en una democracia hubiera espacio para tales actitudes. El estilo Juan Luis Cebrián está presente en cada renglón. Eso de "la eficiente y arrolladora personalidad del Rey contrasta a veces con las rigideces y corsés, cuando no el oscurantismo, de quienes le adulan" es caricaturesco. Como lo es pretender que la reacción del Monarca a los tejemanes del yerno fuera rápida y ejemplar, cuando no hizo otra cosa que intentar esconder a la ciudadanía unos supuestos delitos que conocía. En otro cargo público esto hubiera sido ocultamiento cuando no complicidad. Su dimisión habría sido el menor de los costes.
Sí, la Monarquía española está cuestionada. Claro que está cuestionada. Y lo está absolutamente al margen del "caso Urdangarín". El "caso" ha facilitado la visualización de las dudas y las objeciones, de las opiniones de los contrarios a los regímenes monárquicos. Nada más. Decir que discutir sobre la Monarquía es una "contorsión intelectual" o que la "ovación [del Congreso] desmiente" las críticas son afirmaciones tan vacías que demuestran la falta de argumentos. Igual que lo demuestra tachar de frívolo, populista o amarillista el que, ahora que el escándalo del yerno está de actualidad, se pueda debatir sobre el futuro de la Monarquía. ¿No se puede ser republicano? En fín , el editorial está lleno de adjetivos y de descalificaciones. Uno no espera esas formas en "El País". "Discusión ficticia", "debate artificial", "lucubraciones y cotilleos", "teatrales escaramuzas"... quizá son demasiados epítetos. Igual que apuntar la crítica a la Monarquía a los que "andan al acecho para desestabilizar la democracia" suena a teoría de la conspiración. Eso de que los "prácticamente nadie duda hoy —y ese nadie incluye a los más relevantes republicanos de nuestra historia reciente— que el Rey y la Corona han rendido y seguirán prestando servicios impagables a la libertad de nuestros ciudadanos" es, simplemente, mentira. Mentira.
De "El País" no se espera una publi-editorial monárquico, ni una lectura de cartilla estilo institutriz autoritaria, "España debe rechazar con contundencia [el debate sobre la Jefatura del Estado]". De "El País" se espera un análisis profundo de la realidad, un análisis que no niegue las evidencias, que aporte el máximo de consideraciones, que esté hecho con sensibilidad democrática pero que no huya de que el tiempo pasa y de que no hay nada ni invariable, ni sagrado. Aceptando que puedan haber cuestiones de Estado, estas no han de venir a proteger a las más altas instancias del poder sino, precisamente, a los ciudadanos. Lo único imprescindible para el Estado es contar con ciudadanos. Los reyes son pura circunstancia. "El País", quizá el "ABC" no tanto, debería tenerlo claro.
En este sentido, cuestionar la Monarquía, con o sin Urdangarín, no tiene nada de particular. La Monarquía hereditaria es un cuerpo extraño en una democracia por más que haya muchas democracias con rey. Pretender que la preocupación sobre la economía impida hablar de nada más es pura trampa. Precisamente esta crisis y el empobrecimiento del país tienen mucho que ver con el trato de privilegio que determinados poderes reciben frente al común de los mortales. Unas leyes hechas siempre, como si de un embudo se tratara, a favor de banqueros, empresarios y políticos (en todo el mundo, ya lo sé) nos ha llevado hasta aquí. Por tanto, si este mal momento sirve para evidenciar a los ojos del ciudadano que ya está bien de privilegios y ventajas, habrá servido de algo. En tal supuesto, la institución monárquica ha de ser la primera en cuestionarse. Eso que dice el editorial de buscar una "protección jurídica adecuada para el heredero" parece una broma. Puestos a proteger jurídicamente, a mi se me ocurren alrededor de 40 millones de españoles más necesitados que el heredero.
Basar la inoportunidad del debate sobre la Monarquía española en los servicios prestados tampoco me parece argumento. Después de Franco, la democracia la trajo el pueblo. Mejor dicho, el pueblo y los tiempos. Con Juan Carlos o sin Juan Carlos hoy España sería una democracia, al menos, del nivel que lo es ahora. Igual que Portugal, que Grecia, que Francia, que Irlanda o que Austria.
Es cierto, la Corona forma parte del "pacto en el que se fundaron nuestras libertades" allá por 1978. Discutible sería si eso es bueno o es malo, pero la afirmación del pacto es verdad. Lo que sucede es que pasadas más de tres décadas es oportuno preguntarse a cuántas generaciones más debe obligar tal pacto sin que tengan la posibilidad de expresar su opinión. Sí, en el Congreso de los Diputados, representantes de 20 millones de españoles aplaudieron al Rey pero España tiene más de 40 millones de habitantes y la representatividad de los diputados no es universal, ni se debe entender de forma automática al referirse a una cosa tan concreta. Cuando se habla de la necesidad de "apoyar nuestras instituciones" es muy evidente que en la medida que son "nuestras" se nos debe consultar qué pensamos al respecto y no dar nada por hecho. La afirmación de que se precisa "potenciar la solidez y el prestigio de las instituciones" olvida que solo profundizando en la democracia se refuerzan las instituciones que la conforman. Y puesto que democracia es debatir y no callar, únicamente el debate sobre la Corona puede definir su futuro.
¿Sin entrar en cual ha sido su trayectoria, tenemos que recordar a estas alturas que al Rey lo puso Franco? ¿Se nos ha olvidado que el supuesto refrendo popular al Rey vino de una votación constitucional en el cual se planteaba, a todo o nada, democracia o no se sabe qué? ¿Vamos a fingir que no sabemos que en este país llevamos 35 años de campaña de imagen de la intocable familia real con todos los grandes medios, los grandes partidos y las grandes fortunas al mando del botafumeiro?

jueves, 1 de marzo de 2012

Mentirosos contra manifestantes; políticos contra cuidadanos


Me parece obligatorio hacer alguna consideración sobre el tema de las manifestaciones que se están multiplicando por toda España. De forma interesada, se está hablando más de violencia que de reivindicaciones, y no es casual. La violencia es obra, lamentable obra, de dos grupos muy concretos: por un lado, una parte insignificante de los manifestantes y, por otra, mucho peor y más grave, la policía. Una vez conseguidos los incidentes, la campaña de imagen es sencilla. Desde el gobierno, con la ayuda de sus voceros mediáticos, desde Intereconomía a El Mundo, desde la COPE a ABC, desde Telemadrid a La Gaceta, se pone la lupa en los actos violentos y se manipulan convenientemente para, primero, desacreditar a los manifestantes y, segundo, extender un clima de preocupación y miedo que desactive las movilizaciones. Es todo muy viejo.
Se empieza siempre con lo de que el derecho de manifestación es sagrado pero luego se encadenan los argumentos, las conspiraciones, los prejuicios y las mentiras para "recomendar" que las cosas se hagan de otra manera. En realidad, lo que se pretende es que no se hagan. Y ya está.
Efectivamente, el derecho de manifestación está en la Constitución y, por sus características, es ridículo esperar que los manifestantes pidan las cosas por favor y digan "caramba, caramba" en lugar de "estamos hasta los huevos". Una manifestación es un acto de participación política, uno de los más extremos, es verdad, pero un acto estrictamente político al que se llega después de haber agotado las vías de diálogo y acuerdo. Cuando un gobierno tiene tanta gente en la calle, algo estará haciendo mal. En el acto de manifestarse no hay ninguna irresponsabilidad, sino todo lo contrario. El participante asume la plena responsabilidad de su papel político y lo ejerce directamente y no por representación.
Lo que está pasando en las manifestaciones de estos días es, básicamente, responsabilidad del gobierno de Mariano Rajoy. No solo del gobierno, de acuerdo, pero sobre todo del gobierno. Se plantea que sindicatos, partidos de oposición y demás grupos convocantes han de extremar las precauciones y la prudencia para evitar enrarecer más el clima de tensión social existente. Yo creo que nada está crispando más el clima social que el incumplimiento sistemático de las promesas electorales de hace tres meses. Nada cabrea más que las mentiras. El PP ganó unas elecciones sabiendo que iba a cortar por lo sano pero dijo todo lo contrario. Es así de sencillo, si el PP hiciera desde el gobierno lo que aseguró que iba a hacer cuando pedía el voto, las manifestaciones no se hubieran producido. Pues que lo haga.
La gente sale porque ve desmoronarse su vida, porque tiene la sensación de haberse quedado sin futuro. La gente grita porque tiene problemas y porque quienes deberían aportar las soluciones ni están, ni se les espera. En todo caso, si aparecen, es para algún nuevo engaño. ¿Alguien puede honradamente extrañase de que haya manifestaciones en un país que considera que sus dos principales problemas son, primero, la economía y, a continuación, los políticos?
Deberíamos mentir, mentirnos, menos. Estas manifestaciones no son como las que organizaba la Conferencia Episcopal y a las que asistía el PP. Ahora no se trata de protestar por el hecho de que los homosexuales puedan casarse o por el cuarto supuesto del aborto. Ahora no son cosas que, de hecho, afectan a otros porque nadie se casa o aborta por decreto. Ahora, sin más opción, es que te quedes sin trabajo, que te dejen sin sueldo, que tus hijos tengan problemas para comer, que no puedan estudiar, que te quedes sin casa o que no te atiendan en el hospital. Tal como están las cosas, de lo único que podemos estar orgullosos en este país es, precisamente, de las manifestaciones. Si no las hubiera, estaríamos muertos. Y para los del "Santiago y cierra España" que se acuerden de cuando se hizo frente a la ocupación francesa y piensen que, de hecho, dos siglos después, la resistencia en la calle también es una prueba de valor, en este caso democrático.