lunes, 13 de febrero de 2012

Las reformas laborales siempre las pagan los mismos

Luis de Guindos, ministro de Economía.

Cuando un político habla de que una determinada decisión relacionada con la economía va a "ser muy dura", o será "altamente dolorosa", o entrañará "sacrificios importantes", nadie pregunta: ¿dura, dolorosa, sacrificios... para quién? Nadie lo pregunta. Todos sabemos que se están refiriendo a las clases populares; de clase media para abajo. Por eso cuando, hace unos días, el ministro Luis de Guindos anunciaba que la reforma laboral iba a ser "extremadamente agresiva" ni un solo ciudadano dudó que, de las dos partes implicadas en una reforma laboral, la agresividad iba a recaer en una de ellas, solo en una, en los trabajadores. Estaba claro que de Guindos daba por sentado que no debía dar más datos, que si en una reforma laboral se habla de sacrificios se entiende que se refiere a los trabajadores, no se plantea la posibilidad de que les toque a los empresarios. De hecho, solo hay que recordar las reivindicaciones de la patronal para ver que la reforma se ha hecho a su dictado.
No me extenderé en las mil reformas anteriores (llevamos 52 desde 1977). Es obvio que han sido una concatenación de fracasos (empezando por la reciente del PSOE). Tampoco diré nada de lo prometido por el PP durante la reciente campaña electoral; promesas incumplidas de la cruz hasta la raya. Lo que sí me parece necesario tener en cuenta es que intentar hacernos creer que abaratando el despido se facilita la creación de empleo es un insulto a la inteligencia, un desprecio a los ciudadano y, por tanto, una vergüenza política. La proclama de que con un despido más barato los empresarios se atreverán a contratar más trabajadores es, como mínimo, una ingenuidad. Facilitando los despidos los que se hace, como su propio nombre indica, es facilitar los despidos. Nada más. Lo de favorecer nuevas contrataciones, seamos generosos, sería en una segunda fase pero los datos, llevamos ya muchos intentos, nos demuestran una y otra vez que a esa segunda fase no se llega nunca... A no ser que vengan las "vacas gordas" y, entonces sí, somos líderes en creación de empleo, independientemente de una ley u otra.
El abaratamiento de los despidos es una cuestión de reparto de los sacrificios. Cuando vienen mal dadas y las empresas ven recortados sus beneficios hacen una cosa que cuando todo va bien no hacen tanto, me refiero a repartir, reparten las pérdidas. Ellos pierden ganancias y los trabajadores pierden sueldo o, simple y llanamente, el puesto de trabajo. Para esos casos, la ley contempla que el trabajador no quede desasistido y disponga de garantías en el despido y una determinada indemnización. Cuando la reforma recorta eso lo que está haciendo es permitir que del montante de dinero destinado a finiquitar la relación laboral, el empresario se lleve más y el trabajador, menos. Es así de simple. El trabajador se va con menos porque el empresario se queda con más. Por más que se vista con elaborados discursos y se disfrace con bondades futuras, es todo mentira. No hay nada estratégico, nada estructural. Es más sacrificio para el que menos tiene, menos para el que más...Y punto. Luego, lo de crear nuevos puestos de trabajo, pues ya veremos.
Sea en el restaurante, en la fábrica o en la gestoría, cuando la crisis sea historia se contratará otra vez. Serán trabajadores un poco más necesitados que los anteriores, con lo cual también se les podrá pagar un poco menos; los nuevos convenios también echarán una mano. Todo perfecto. Bueno, casi todo... porque a este pasó a los restaurantes, a las fábricas y a las gestorías les será más fácil tener trabajadores que clientes.

1 comentario:

Espigador digital dijo...

Las reformas laborales y las estafas inmobliarias. El ministro nos habla de la dación en pago como quien nos perdona la vida. Y todavía hay quien se lo agradece y dice que es una medida "de izquierdas". Si eso es lo que quiere, que empiece por abolir, con carácter retroactivo, la Ley del Suelo. El origen del problema. Pero, claro, ese engendro es de J. M. Aznar, ¿cómo osar a tal atrevimiento?. Mejor que los pardillos sigan pagando lo que no vale nada. Y al pardillo que no pueda, se le embarga, se le esquilma -dación en pago- y... suma y sigue.
Más en http://elespigadordigital.wordpress.com de 24-02-2012