viernes, 10 de febrero de 2012

Garzón, ministro de Justicia


La sentencia contra el juez Baltasar Garzón, sus 11 años de inhabilitación son un aviso a navegantes en el sentido de que nada ni nadie está libre de que la arbitrariedad acabe con él. Los encargados de nuestra seguridad jurídica nos envían el mensaje de que esto se ha acabado, de que no hay seguridad jurídica, de que lo mejor es "no meterse en política", entiéndase política como cualquier tipo de complicaciones. Nadie está a salvo. Lo que sirve para acabar con la carrera judicial de Garzón sirve para que el banco abuse de nosotros impunemente, para que nuestros hijos sean discriminados cuando intenten acceder a un puesto de trabajo, para que a nosotros nos despidan por el simple hecho de no dorarle la píldora al jefe o por la mala costumbre de exigir derechos laborales, para que nos traten como ganado cuando vamos a un ambulatorio o un hospital, para que nos echen de casa por no pagar una hipoteca que se mantiene como si fuera de acero mientras nuestro sueldo se desmorona, para que nos sigan envenenado el cerebro con una tele deleznable, para que haya dinero para pagar profesores de religión pero no para tener calefacción en las aulas, para que no sepamos ni lo que comemos, para que nos roben aquellos a quienes votamos. Sirve para todo esto y para que no pase nada. Y tenemos que callar.
Envueltos en nuestra gloriosa bandera, podemos estar orgullosos. El mundo está pendiente de nosotros. Nos miran. Avergonzados, tristes, apenados, pero nos miran. Somos el hazmerreir. Felicidades. Los únicos que celebran el gran papel de la justicia española son los fans de Pinochet. Solo ellos acompañan a la caverna del PP, a sus voceros y a ese aparato judicial que, como el Rey, nos asegura solemnemente que la justicia es igual para todos y que como nos atrevamos a decir lo contrario nos vamos a enterar.
Esto es una broma. Los ladrones, absueltos y los jueces, condenados. Botín, los Albertos, La Infanta Cristina, Urdangarín, Camps, Felipe González y sus GAL, Pujol y su Banca Catalana, Naseiro, los banqueros que han robado por millones, Fabra, los cientos de políticos corruptos... todos en la calle. Y Garzón fuera de la carrera judicial. Se lo han cargado con todos los focos dirigidos a él. No ha sido anónimamente, ha sido sacando pecho. Y ahora se escaparan los Gürtel, y luego la Familia Real, y los que han saqueado la CAM, o la Caja de Castilla-La Mancha, o Bancaixa, o el Banco de Valencia, o Cajasur. Qué más da.
No voy a entrar en la discusión de cuestiones técnicas sobre la sentencia del Tribunal Supremo. No sé lo suficiente. Ni me parece que Garzón sea la bondad personificada. Ni le voy a defender por cepisodios como la detención masiva de independentistas catalanes en 1992 con torturas denunciadas y sentencia en contra de los tribunales europeos. No es una cuestión de blanco y negro. La clave está en la impunidad del poder, del verdadero poder que no tiene nada que ver con el que sale de las urnas. Ese poder que conforman las altas instancias financieras, con brazos que van más allá de lo nacional, y en cuya mano come la cúpula política de los dos grandes partidos y la cúpula judicial. Este es el mensaje del "caso Garzón".
Desde que Franco murió en 1975 han pasado 36 años. De ellos, 22 han sido de gobiernos socialistas. Hoy, lo que le ha pasado a Garzón demuestra que sí, que hemos mejorada en pensiones, en carreteras, en sanidad o en educación (y bueno, ya veremos como queda todo en poco tiempo) pero que la impunidad del poder sigue igual que entonces. Ciertamente todo es más sofisticado pero las leyes que deberían evitar que siga habiendo ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda siguen inéditas. 22 años de gobiernos socialistas no han podido con los privilegios de los grandes poderes, con su arbitrariedad, con su impunidad. ¿No han podido? No, no han querido, ni lo han intentado.
Así las cosas, puesto que el Nobel de la Paz es tan poca cosa que lo tiene hasta Kissinger, propongo que cuando haya un gobierno que crea de verdad que la justicia ha de ser igual para todos nombre de ministro del ramo a Baltasar Garzón.

1 comentario:

Anónimo dijo...

y qué tal si Garzón emprendiera carrera política? Sería esperanzador...