jueves, 9 de febrero de 2012

Cuando el PSOE confunde retroceder con avanzar


En el inmenso debate sobre qué debe hacer el PSOE para volver a ser alternativa de gobierno hay muchas teclas a tocar, cierto. No es fácil, de acuerdo. Pero dicho esto, me parece fundamental no mentir, no engañar, no empezar tomando el pelo a los ciudadanos porque en tal actitud está el principio del desastre.
La gente, al menos la necesaria para que la izquierda vuelva a ser mayoritaria en España, tardará en comulgar con nuevas ruedas de molino socialista. Tampoco es tan grave. Si las demás fuerzas progresistas están a la altura, todo el espacio que vaya dejando el PSOE lo ocuparan ellas.
Yo, que vivo en Bétera, una población a 15 kilómetros de Valencia, no tengo ni idea de como ir a, pongamos por caso, una población belga de menos de 1500 habitantes (el nombre no importa). No sé como ir pero si sé como empezar mi camino. La dirección a tomar es Castellón, y luego Barcelona, y luego buscar la frontera francesa y, según me acerque a Bélgica, ya veremos como me organizo.
Pues eso. Cierto es que la crisis de la socialdemocracia ha dejado al PSOE sin recetas. No niego que es necesario encontrar un nuevo discurso, que lo que se entiende por debate ideológico de fondo es preciso. Lo que no puede ser es que esa supuesta dificultad, esa gran tormenta de ideas siempre pendiente, ese rearme ideológico sirva de excusa para no hacer lo que, objetivamente, es necesario llevar a cabo.
El reciente culebrón del 38 congreso del PSOE ha sido una buena pérdida de tiempo, el pulso Chacón-Rubalcaba ha estado muy bien, por decir algo, como duelo al sol para entretener a la tropa pero para ganar posiciones en la batalla ha servido para bien poco.
En este sentido, la apelación de Alfredo Pérez Rubalcaba de acabar con el Concordato con El Vaticano es muy positiva. Es justo, es necesario, es lo que querría oír una inmensa mayoría de los ciudadanos progresistas españoles. Incluso muchos conservadores, con profundos principios democráticos en su manera de pensar, también están de acuerdo. Seguramente tal decisión no tiene nada que ver con la revisión ideológica que precisa la socialdemocracia, pero acerca al PSOE a sus votantes. Es más, sin formar parte del núcleo del nuevo pensamiento de la izquierda europea, seguramente este tipo de actitudes ayudarían a clarificar los nuevos mensajes, irían marcando la senda.
Pero hete ahí que la argumentación ofrecida por Alfredo Pérez Rubalcaba tiene un añadido que tira por tierra todo el valor de su propuesta. Dice Rubalcaba que el Concordato se debe revisar si la derecha revisa también pactos y acuerdos de hace años, compromisos de la Transición. Se refiere al aborto, a los recortes sociales y dijo que si ellos "están dispuestos a retroceder 30 años, nosotros también". Pues no, ese es el "error Rubalcaba". Denunciar el Concordato no tiene nada que ver con retroceder, denunciarlo es avanzar. El Concordato con El Vaticano se ha de acabar no porque el PP acabe con otras conquistas progresistas sino porque es impropio de un país laico del siglo XXI mantener ese tipo de relaciones con una determinada religión, porque las aficiones, sean deportivas, gastronómicas o religiosas, se las debe pagar cada cual y porque las democracias y el dinero público no está para primar ni sufragar las actividades sectarias de ningún grupo ideológico.
Denunciar el Concordato, aunque no se sepa muy bien como se cierra el discurso de la socialdemocracia para el siglo XXI, es un ejemplo de lo que yo entiendo por tirar hacia Castellón aunque se desconozca como llegar a un determinado punto de Bélgica.
Además, para los que miran, para los ciudadanos a los que se pedirá el voto, observar como se enfila hacia Castellón para ir a Bélgica inspira mucha más confianza que si se te ven coger dirección Alicante. Credibilidad y coherencia, coherencia y credibilidad son atributos fundamentales. El discurso, también... pero mientras obligatoriamente se llega a él no es necesario ir haciendo el ridículo de contradicción en contradicción.

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