martes, 24 de enero de 2012

Indefensos como Garzón

Hay situaciones que simplemente con su formulación hacen saltar todas las alarmas. Las cosas no suceden por casualidad.
Cuesta ver a un juez sentado en un banquillo. Verlo por dos causas a la vez parece imposible. Por tres, ya suena a broma. Y que coincidan en el tiempo, impensable. Pues no. Baltasar Garzón, después del caso de las escuchas de Gürtel de la semana pasada, hoy empieza a ser juzgado por pretender investigar los crimenes del franquismo y en breve lo será por el caso de los supuestos cobros del Banco de Santander. Es decir, no hay manera de juzgar a los jueces y resulta que hay uno, Garzón, justamente Garzón, que de golpe se ve acusado en tres causas, casi el mismo día y por cuestiones que tienen que ver más con discrepancias de carácter técnico que otra cosa. Ya que nada sucede por casualidad, ¿como se explica tanta coincidencia?
Van contra él un falso sindicato ultraderechista llamado Manos Limpias, la trama mafiosa de Correa y Crespo que saqueó a gusto las arcas públicas allá donde pudo corromper políticos y los más fanáticos seguidores del dictador Francisco Franco. Menudo grupo de adalides de la democracia, menudo grupo de ciudadanos ejemplares. El mundo al revés, los pájaros disparando a las escopetas. Pero hay más. Los palmeros anti Garzón son los medios de comunicación de derechas, desde la COPE a El Mundo, desde Jiménez Losantos a Pedro J. Ramírez y, detrás, sin aplaudir pero pero asintiendo, está el Partido Popular con Federico Trillo en el puesto de mando judicial pese a que va de fracaso en fracaso. El PP no le perdona a Garzón que haya dinamitado su organización aireando el "caso Gürtel", por eso le ha presionado por tierra, mar y aire, por eso le teme como le teme, por eso es necesario desactivar al verso suelto de la justicia que es, o era, Baltasar Garzón.


Entrevista a Baltasar Garzón sobre actualidad política.

Precisamente su condición de verso suelto es también lo que le ha distanciado de sus propios compañeros de profesión que (al menos en las encopetadas y ceremoniosas alturas de la magistratura) no pueden soportar a uno que va por libre, que se hace famoso a golpe de sentencia, que los pone en evidencia y que, por si faltara algo, trabaja mucho y casi siempre acierta. Son cuentas pendientes de tipo personal. Por eso Luciano Varela, supuestamente progresista, le niega pruebas, le recorta derechos, asesora a los acusadores y se da una prisa impensable para cerrarle cualquier escapatoria.
En la cacería vale todo y se le echa en cara a Garzón que ahora tenga enfrente al PP, cuando antes tenía al PSOE, a Herri Batasuna o a sectores de sociedad gallega que decían que dañaba la imagen de Galicia persiguiendo a los narcos. Menudos argumentos, como si tantos enemigos le hicieran malo a él. El PSOE no le perdonó la persecución de los GAL, pero yo se la agradezco; HB lamentaba que rompiera su estructura compartida con ETA, pero hoy están en las instituciones y los terroristas ya no matan, también se lo agradezco. Igual que es de agradecer que desactivara redes corruptas en la Guardia Civil, tramas de narcotraficantes gallegos o que incomodara al asesino Pinochet en sus últimos años de vida. De acuerdo, Garzón habrá cometido errores. Claro, ¿y quien no? De acuerdo, Garzón es famoso, pero ¿qué tiene eso de malo? Yo, insisto, le agradezco su tarea, me enorgullece su trabajo, estoy convencido que a hecho una aportación cívica claramente positiva, justo lo contrario de lo que ahora representa su cacería. Lo que cuenta es su currículum y resulta admirable. Si lo que no se le perdona es su protagonismo, ¿por qué no han hecho otros lo que ha hecho Garzón?


Así salió, después de más de 20 años, Garzón de la Audiencia Nacional. Difícilmente, transcurrido tanto tiempo, alguien que ha hecho las cosas mal es despedido con tanto sentimiento.


A mi me parece que hasta su incursión en política es ejemplar. Pudo ser ingenuo pero ¿a qué viene tanta acritud en la crítica? Baltasar Garzón se mete en política para ayudar en la regeneración de un partido imprescindible para la democracia española como es el PSOE y se cree que Felipe González está por esa regeneración. Luego resulta que todo es falso, que se le ha utilizado y se va. ¿Qué se hubiera dicho de él si se hubiera quedado medrando en el partido como es la tónica habitual y buscando cargos que, seguro, tantos años después ya hubiera conseguido? Igual se le criticaría menos porque sería mucho menos peligroso, seria más como todo el mundo. Sería más digerible. En política, Garzón también fue verso suelto y así le fue.
Garzón acabará condenado. Supongo que sí. Pero, como diría Fidel Castro, la historia le acabará absolviendo, y no así ha sus verdugos. La verdadera condena será para la justicia española, para nuestra democracia. En fin, para todos nosotros. La injusticia con Garzón pone en evidencia todas las limitaciones de nuestro sistema político, demuestra que la arbitrariedad es posible y, además, queda impune. Hay incluso observadores internacionales en los juicios para vergüenza nuestra. Por si había alguna duda, lo que le está sucediendo a Garzón demuestra que los ciudadanos no podemos estar tranquilos, que hay una línea que si se traspasa se paga, que el sistema no perdona. También es un aviso para los jueces. La desmesura de la persecución es la indefensión de todos.

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