viernes, 27 de enero de 2012

In dubio pro Camps


Si un ladrón evidente mantiene que no ha sido él, que ha sido otro el autor del robo y que sin saber como se ha encontrado con todo el botín en su maleta, ¿quién puede asegurar que eso no es cierto? ¿Quién puede presentar pruebas de que esa otra persona no ha existido?
Si lo que esperaba el jurado para considerar culpables a Francisco Camps y Ricardo Costa era encontrar restos de pólvora en sus manos, su ADN en la piel de la víctima o la pistola todavía humeante y con con sus huellas es evidente que el juicio estaba decidido. En un caso de cohecho impropio tal tipo de pruebas es imposible.
Lo único indiscutible de la decisión del jurado popular que ha absuelto a Camps y a Costa es que ante la duda han apostado a favor de los acusados. Aquello de "in dubio pro reo" pero muy, muy a lo bestia. Tan a lo bestia que siguiendo sus procedimientos no creo que se pudiera condenar a nadie que no fuera pillado con las manos en la masa o grabado o que, autoinculpándose, pidiera por favor que lo mandaran a la cárcel.
Por concluyente que sean las pruebas, si se quiere decir de algo que no hay seguridad absoluta, se puede decir. Si algo no se ha visto integramente siempre puede pasar que no sea lo que parece. Si solo se valora, y además fuera de contexto, los datos que pueden mover a la duda, no habría nunca condena. Nunca. Pues, por caricaturesco que parezca, con Camps y Costa esta ha sido la fórmula y el método usado por el jurado que los ha declarado no culpables. Han despreciado todas las pruebas que perjudicaban a los acusados y han considerado todas las que les favorecían, aunque fueran mucho menos consistentes e, incluso, abiertamente contradictorias.
En su veredicto, el jurado defiende que la relación entre la trama y los acusados era "meramente comercial" pero al mismo tiempo dicen que no pretendían obtener nada a cambio de los regalos y que Camps y Costa no tenían influencia en las contrataciones, ¿dónde está entonces lo comercial? Pura contradicción. Además, qué tendrá de relación comercial regalar juguetes a los hijos de Camps, pulseras a la mujer, caviar a Ricardo Costa o intentar colocarlo en el gobierno. Y por cierto, ¿en qué tipo de relación comercial se habla de "amiguitos del alma" y de "te quiero un huevo".
Mantiene también el jurado que al sastre José Tomás no se le puede creer por sus contradicciones. En cambio, no parecen observar ninguna contradicción en el hecho de que Francisco Camps hubiera redactado un escrito de reconocimiento del delito y su abogado estuviera con el papel en sus manos para presentarlo ante el juez, pero que posteriormente se arrepintiera de todo y volviera a proclamar su inocencia. Tampoco les extraña que sus colaboradores Víctor Campos y Rafael Betoret sí acceptaran los hechos después de pactarlo con el propio Camps. A Tomás se le desprecia por contradictorio pero, a la vez, no se observa la contradicción de la contable de la trama que acabó diciendo que no sabía nada de los pagos a Camps pese a haber dicho lo contrario anteriormente.
El jurado mantiene que los regalos no están probados pero pasan por alto que los recibidos por la familia Camps o por la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, son reconocidos abiertamente. Lo mejor de todo es que aseguran que las dádivas no están demostradas pero, por 5 votos a 4, si consideran probado que Camps pagó sus trajes a José Tomás. No hay ni una sola prueba de eso, pero lo votaron así. Conste que ya es difícil que en estos tiempos no se pueda obtener un recibo, un extracto o alguna copia de un pago realizado, pues Camps no fue capaz de presentarlo pero el jurado da por probado el pago.
El veredicto desprecia los testigos directos, por ejemplo las dependientes de las tiendas de ropa que aseguran que Camps no pagó nunca nada, pero valora los indirectos, como el chofer que dice haber dejado al ex President 200 euros con los que entró en la tienda para salir después con diferentes piezas de ropa. Que las piezas en cuestión no fueran motivo del juicio no ha importado.
Ni las pruebas documentales han valido. Así el famoso "Documento 71" que asignaba a Camps y Costa diferentes prendas y cantidades económicas, se desprecia por ser un documento "manuscrito". Se puede leer en el veredicto que "no hay ningún documento mercantil" que les incrimine. No explican porque una prueba pierde valor al ser manuscrita, ni porque un documento para tener interés ha de ser mercantil.
Tampoco se considera para nada la declaración del técnico informático de Forever Young que aseguró que le habían ordenado borrar el nombre de Camps de unos archivos. Se le da más valor a la supuesta autora de la orden que se defendió diciendo que "un pirata" había entrado en su ordenador y había enviado el mail en su nombre. No s eha encontrado rastro del "pirata". Vamos, como aquel ladrón al que me refería al principio que aseguraba que había entrado un desconocido y le había puesto todo el botín en su maleta sin que él tuviera nada que ver. El caso es que en Valencia, con Camps y Costa, tal argumento ha valido.

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