viernes, 27 de enero de 2012

In dubio pro Camps


Si un ladrón evidente mantiene que no ha sido él, que ha sido otro el autor del robo y que sin saber como se ha encontrado con todo el botín en su maleta, ¿quién puede asegurar que eso no es cierto? ¿Quién puede presentar pruebas de que esa otra persona no ha existido?
Si lo que esperaba el jurado para considerar culpables a Francisco Camps y Ricardo Costa era encontrar restos de pólvora en sus manos, su ADN en la piel de la víctima o la pistola todavía humeante y con con sus huellas es evidente que el juicio estaba decidido. En un caso de cohecho impropio tal tipo de pruebas es imposible.
Lo único indiscutible de la decisión del jurado popular que ha absuelto a Camps y a Costa es que ante la duda han apostado a favor de los acusados. Aquello de "in dubio pro reo" pero muy, muy a lo bestia. Tan a lo bestia que siguiendo sus procedimientos no creo que se pudiera condenar a nadie que no fuera pillado con las manos en la masa o grabado o que, autoinculpándose, pidiera por favor que lo mandaran a la cárcel.
Por concluyente que sean las pruebas, si se quiere decir de algo que no hay seguridad absoluta, se puede decir. Si algo no se ha visto integramente siempre puede pasar que no sea lo que parece. Si solo se valora, y además fuera de contexto, los datos que pueden mover a la duda, no habría nunca condena. Nunca. Pues, por caricaturesco que parezca, con Camps y Costa esta ha sido la fórmula y el método usado por el jurado que los ha declarado no culpables. Han despreciado todas las pruebas que perjudicaban a los acusados y han considerado todas las que les favorecían, aunque fueran mucho menos consistentes e, incluso, abiertamente contradictorias.
En su veredicto, el jurado defiende que la relación entre la trama y los acusados era "meramente comercial" pero al mismo tiempo dicen que no pretendían obtener nada a cambio de los regalos y que Camps y Costa no tenían influencia en las contrataciones, ¿dónde está entonces lo comercial? Pura contradicción. Además, qué tendrá de relación comercial regalar juguetes a los hijos de Camps, pulseras a la mujer, caviar a Ricardo Costa o intentar colocarlo en el gobierno. Y por cierto, ¿en qué tipo de relación comercial se habla de "amiguitos del alma" y de "te quiero un huevo".
Mantiene también el jurado que al sastre José Tomás no se le puede creer por sus contradicciones. En cambio, no parecen observar ninguna contradicción en el hecho de que Francisco Camps hubiera redactado un escrito de reconocimiento del delito y su abogado estuviera con el papel en sus manos para presentarlo ante el juez, pero que posteriormente se arrepintiera de todo y volviera a proclamar su inocencia. Tampoco les extraña que sus colaboradores Víctor Campos y Rafael Betoret sí acceptaran los hechos después de pactarlo con el propio Camps. A Tomás se le desprecia por contradictorio pero, a la vez, no se observa la contradicción de la contable de la trama que acabó diciendo que no sabía nada de los pagos a Camps pese a haber dicho lo contrario anteriormente.
El jurado mantiene que los regalos no están probados pero pasan por alto que los recibidos por la familia Camps o por la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, son reconocidos abiertamente. Lo mejor de todo es que aseguran que las dádivas no están demostradas pero, por 5 votos a 4, si consideran probado que Camps pagó sus trajes a José Tomás. No hay ni una sola prueba de eso, pero lo votaron así. Conste que ya es difícil que en estos tiempos no se pueda obtener un recibo, un extracto o alguna copia de un pago realizado, pues Camps no fue capaz de presentarlo pero el jurado da por probado el pago.
El veredicto desprecia los testigos directos, por ejemplo las dependientes de las tiendas de ropa que aseguran que Camps no pagó nunca nada, pero valora los indirectos, como el chofer que dice haber dejado al ex President 200 euros con los que entró en la tienda para salir después con diferentes piezas de ropa. Que las piezas en cuestión no fueran motivo del juicio no ha importado.
Ni las pruebas documentales han valido. Así el famoso "Documento 71" que asignaba a Camps y Costa diferentes prendas y cantidades económicas, se desprecia por ser un documento "manuscrito". Se puede leer en el veredicto que "no hay ningún documento mercantil" que les incrimine. No explican porque una prueba pierde valor al ser manuscrita, ni porque un documento para tener interés ha de ser mercantil.
Tampoco se considera para nada la declaración del técnico informático de Forever Young que aseguró que le habían ordenado borrar el nombre de Camps de unos archivos. Se le da más valor a la supuesta autora de la orden que se defendió diciendo que "un pirata" había entrado en su ordenador y había enviado el mail en su nombre. No s eha encontrado rastro del "pirata". Vamos, como aquel ladrón al que me refería al principio que aseguraba que había entrado un desconocido y le había puesto todo el botín en su maleta sin que él tuviera nada que ver. El caso es que en Valencia, con Camps y Costa, tal argumento ha valido.

jueves, 26 de enero de 2012

¿Qué quién le devuelve al honorabilidad a Camps? Nadie


Nadie. Respondiendo a la pregunta que encabeza este artículo, yo creo que nadie le puede devolver ya la honorabilidad a Francisco Camps porque el juicio del "caso de los trajes", del que ha salido absuelto, demuestra que Camps puede ser cualquier cosa menos un político honorable.
Más allá de la opinión que a cada cual le pueda merecer el veredicto del jurado y a expensas de posibles recursos, el honor no se le puede devolver a Francisco Camps porque ha sido él con sus palabras, con sus amistades, con sus decisiones políticas y con sus comportamientos el que ha dejado claro que ni tiene honor, ni parece importarle.
La sentencia es una decisión judicial que supone que el ex President de la Generalitat no es un delincuente, pero lo de honorable es otra cosa. La honorabilidad de un cargo público reviste un contenido político ante el que Camps no tiene defensa posible.
Todos lo que ha trascendido, todo lo que hemos oído, todo lo que se ha hecho público durante las sesiones del juicio no lo borra una sentencia. Sabemos, entre otras muchas cosas, que los técnicos informáticos de las tiendas de ropa se dedicaron a manipular archivos para borrar el rastro de las piezas a nombre de Francisco Camps, que las dependientas aseguran que para lo único que pasaba por caja era para saludar, que nadie le vio pagar nunca nada, que era amigo íntimo de los cabecillas de la trama, que su familia recibía regalos con toda normalidad pagados por los mafiosos a los que él mismo denominaba "amiguitos del alma", que la red Gürtel se infló a contratos a dedo, que "El Bigotes", Crespo y compañía trabajaban con información privilegiada, que los regalos iban también a la alcaldesa de Valencia y a multitud de otros cargos, que Gürtel operaba como intermediario para que empresas adjudicatarias de obras públicas financiaran gastos del PP... todo esto lo hemos podido escuchar, lo hemos podido ver en documentos. ¿Alguien puede decir que todo esto es lo que se espera de un servidor público, de un político en democracia? No, nadie puede decirlo. Por tanto, todo esto es lo que imposibilita restablecer a Francisco Camps su honorabilidad. ¿Qué honor le puede quedar a un dirigente político que deja en la estacada a sus colaboradores como hizo Francisco Camps cuando escurrió el bulto mientras Víctor Campos y Rafael Betoret asumían que los regalos existían y aceptaban ser condenados por ello? Por cierto, menudo papel el de Campos y Betoret.
Pero no pasa nada. Todo esto son mis opiniones, el parecer de alguien sin ninguna responsabilidad para restablecer a Camps en sus cargos. María Dolores de Cospedal, que ayer se preguntaba sobre quién le devuelve la honorabilidad al ahora absuelto, sí puede hacerlo. Ya tarda en dejarle la Secretaria General del PP, ahora que ella tiene puriempleo como Presidenta de Castilla-La Mancha. Es una posibilidad. Otra sería devolverlo a la presidencia de la Generalitat. A ver si se atreven. Personalmente me parece que no lo harán. Es más, dudo que al PP le interesara esta sentencia. Para el partido no había nada mejor que pasar página. Si Camps es un muerto político, nada mejor que enterrarlo adecuadamente. Tenerlo como "zombie" solo puede ser una molestia. Ahora Camps, con esa personalidad compleja que ha demostrado tener, y con sus cuatro seguidores crecidos, pueden pretender vueltas al pasado que seguro que al partido no le hacen ninguna gracia. La presencia de Camps será un recordatorio constante de quien es el responsable de la bancarrota del País Valenciano, de como se ha llegado a donde se ha llegado y de con quienes y como se ha gastado el dinero que ahora se recorta a diestro y siniestro. La "era Camps" tiene todavía muchos juicios pendientes y con él de cuerpo presente no se podrá decir que toda la porquería que saldrá es cosa del pasado. Atentos.

martes, 24 de enero de 2012

Indefensos como Garzón

Hay situaciones que simplemente con su formulación hacen saltar todas las alarmas. Las cosas no suceden por casualidad.
Cuesta ver a un juez sentado en un banquillo. Verlo por dos causas a la vez parece imposible. Por tres, ya suena a broma. Y que coincidan en el tiempo, impensable. Pues no. Baltasar Garzón, después del caso de las escuchas de Gürtel de la semana pasada, hoy empieza a ser juzgado por pretender investigar los crimenes del franquismo y en breve lo será por el caso de los supuestos cobros del Banco de Santander. Es decir, no hay manera de juzgar a los jueces y resulta que hay uno, Garzón, justamente Garzón, que de golpe se ve acusado en tres causas, casi el mismo día y por cuestiones que tienen que ver más con discrepancias de carácter técnico que otra cosa. Ya que nada sucede por casualidad, ¿como se explica tanta coincidencia?
Van contra él un falso sindicato ultraderechista llamado Manos Limpias, la trama mafiosa de Correa y Crespo que saqueó a gusto las arcas públicas allá donde pudo corromper políticos y los más fanáticos seguidores del dictador Francisco Franco. Menudo grupo de adalides de la democracia, menudo grupo de ciudadanos ejemplares. El mundo al revés, los pájaros disparando a las escopetas. Pero hay más. Los palmeros anti Garzón son los medios de comunicación de derechas, desde la COPE a El Mundo, desde Jiménez Losantos a Pedro J. Ramírez y, detrás, sin aplaudir pero pero asintiendo, está el Partido Popular con Federico Trillo en el puesto de mando judicial pese a que va de fracaso en fracaso. El PP no le perdona a Garzón que haya dinamitado su organización aireando el "caso Gürtel", por eso le ha presionado por tierra, mar y aire, por eso le teme como le teme, por eso es necesario desactivar al verso suelto de la justicia que es, o era, Baltasar Garzón.


Entrevista a Baltasar Garzón sobre actualidad política.

Precisamente su condición de verso suelto es también lo que le ha distanciado de sus propios compañeros de profesión que (al menos en las encopetadas y ceremoniosas alturas de la magistratura) no pueden soportar a uno que va por libre, que se hace famoso a golpe de sentencia, que los pone en evidencia y que, por si faltara algo, trabaja mucho y casi siempre acierta. Son cuentas pendientes de tipo personal. Por eso Luciano Varela, supuestamente progresista, le niega pruebas, le recorta derechos, asesora a los acusadores y se da una prisa impensable para cerrarle cualquier escapatoria.
En la cacería vale todo y se le echa en cara a Garzón que ahora tenga enfrente al PP, cuando antes tenía al PSOE, a Herri Batasuna o a sectores de sociedad gallega que decían que dañaba la imagen de Galicia persiguiendo a los narcos. Menudos argumentos, como si tantos enemigos le hicieran malo a él. El PSOE no le perdonó la persecución de los GAL, pero yo se la agradezco; HB lamentaba que rompiera su estructura compartida con ETA, pero hoy están en las instituciones y los terroristas ya no matan, también se lo agradezco. Igual que es de agradecer que desactivara redes corruptas en la Guardia Civil, tramas de narcotraficantes gallegos o que incomodara al asesino Pinochet en sus últimos años de vida. De acuerdo, Garzón habrá cometido errores. Claro, ¿y quien no? De acuerdo, Garzón es famoso, pero ¿qué tiene eso de malo? Yo, insisto, le agradezco su tarea, me enorgullece su trabajo, estoy convencido que a hecho una aportación cívica claramente positiva, justo lo contrario de lo que ahora representa su cacería. Lo que cuenta es su currículum y resulta admirable. Si lo que no se le perdona es su protagonismo, ¿por qué no han hecho otros lo que ha hecho Garzón?


Así salió, después de más de 20 años, Garzón de la Audiencia Nacional. Difícilmente, transcurrido tanto tiempo, alguien que ha hecho las cosas mal es despedido con tanto sentimiento.


A mi me parece que hasta su incursión en política es ejemplar. Pudo ser ingenuo pero ¿a qué viene tanta acritud en la crítica? Baltasar Garzón se mete en política para ayudar en la regeneración de un partido imprescindible para la democracia española como es el PSOE y se cree que Felipe González está por esa regeneración. Luego resulta que todo es falso, que se le ha utilizado y se va. ¿Qué se hubiera dicho de él si se hubiera quedado medrando en el partido como es la tónica habitual y buscando cargos que, seguro, tantos años después ya hubiera conseguido? Igual se le criticaría menos porque sería mucho menos peligroso, seria más como todo el mundo. Sería más digerible. En política, Garzón también fue verso suelto y así le fue.
Garzón acabará condenado. Supongo que sí. Pero, como diría Fidel Castro, la historia le acabará absolviendo, y no así ha sus verdugos. La verdadera condena será para la justicia española, para nuestra democracia. En fin, para todos nosotros. La injusticia con Garzón pone en evidencia todas las limitaciones de nuestro sistema político, demuestra que la arbitrariedad es posible y, además, queda impune. Hay incluso observadores internacionales en los juicios para vergüenza nuestra. Por si había alguna duda, lo que le está sucediendo a Garzón demuestra que los ciudadanos no podemos estar tranquilos, que hay una línea que si se traspasa se paga, que el sistema no perdona. También es un aviso para los jueces. La desmesura de la persecución es la indefensión de todos.

miércoles, 18 de enero de 2012

RTVV: Fumar hasta morir.

(Artículo publicado hoy en el diario "El País)


La actitud del presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, en relación con el futuro de Ràdio Televisió Valenciana (RTVV) es igual de irresponsable y necia que la de un médico que estuviera dispuesto a extirparle un pulmón a un enfermo para que pudiera seguir fumando.

El Consell ha anunciado una reforma de la ley de RTVV en paralelo con un expediente de regulación de empleo (ERE). Aseguran que ambas cosas responden a un proceso de actualización del modelo. Así de abstracto lo dicen, así de etéreo. No concretan porque no pueden, porque no saben, porque no hay modelo, ni nada parecido. Y si algo pudieran explicar, es tan indigno que prefieren callar.

La reforma legal que ha presentado el Consell es para que todo pueda seguir igual de mal que hasta ahora. A ellos les va bien. Las prioridades que se plantean son las mismas que se han incumplido sistemáticamente todos estos años, empezando por los contenidos informativos, cuyo valor se destaca pero sin arbitrar ninguna fórmula para garantizar su imparcialidad. No hay definición de lo que se entiende por servicio público, ni se explica por qué solo un parte de la programación ha de responder a tal condición. La elección del director general sigue dependiendo del Gobierno, igual que la composición del consejo de administración. En cuanto a la novedad de que los directivos puedan ser destituidos por mala gestión, se esconde que tal destitución también queda en manos de instancias directamente controladas desde el Consell. Es decir, no es una reforma, es un fraude. Para entendernos, extirpar para seguir fumando.

En cuanto al ERE, se trata tan solo de soltar lastre. El objetivo es deshacerse de personal incómodo y ahorrar un puñado de euros para gastar ese dinero contratando empresas amigas para que hagan más caro lo que podrían haber hecho esos trabajadores despedidos, siempre que su tarea se hubiera organizado bien y con honradez. Externalizar despilfarrando es una de sus especialidades. Lo dicho, seguir fumando.

Estamos ante una empresa enferma que, ciertamente, necesita una terapia de choque. RTVV malvive llena de directivos incompetentes y poco honrados; con unos informativos manipulados y manipuladores siempre al servicio del PP; con una programación que ha oscilado entre la telebasura y la inanidad; con unas cuentas pensadas para enriquecer a los amigos aun a riesgo, cumplido, de caer en la bancarrota; con el valenciano como idioma ausente, y con la plantilla, mayoritariamente complaciente y despreocupada, hinchada a base de enchufar a hijas de diputados, cuñados de directores generales, hermanos de concejales, primos de cualquier militante del PP y amigos varios.

La dramática situación financiera y profesional de la radiotelevisión pública valenciana, igual que su quiebra ética y su desprestigio social, es el resultado de años de penosa gestión. A la falta de modelo durante el periodo de Gobiernos socialistas, le siguió la desvergüenza desacomplejada de la gestión zaplanista (incluyendo al curioso millonario Olivas). Después llegaron los tiempos sin escrúpulos de la era Camps. No hay empresa capaz de aguantar tantos años de mala gente en su puente de mando.

¿Quién se acuerda ahora de Jesús Sánchez Carrascosa, su estulticia y sus salvas con pólvora de rey? ¿Quién asume el dontancredismo de José Vicente Villaescusa? Y de la desfachatez de Emilio Fernández en el consejo de administración, ¿qué? ¿Alguien piensa responder por las cuentas de Pedro García? ¿Quién se responsabiliza de las brutalidades de Genoveva Reig? ¿Alguien recuerda que hubo un director de Canal 9 llamado Antxo Quintanilla? ¿Alguien sabe qué hizo? ¿Y Vicente Sanz? ¿Lo colocaron acaso los críticos en los cargos que detentó? ¿Podía haber sido peor gestor o más miserable? ¿Y Lola Johnson? Cuando dirigió Canal 9, ¿ya actuaba de consejera? ¿Quién paga por todas las noticias manipuladas y censuradas desde la época de Pau Pérez Rico, pasando por Lluís Motes, Maite Fernández o ahora Salud Pedrós? ¿Y López Jaraba? ¿A qué se ha dedicado, de qué ha servido? ¿Algo tendrán que ver todos estos nombres con la bancarrota actual, no? Pues no, Fabra debe considerar que no. Joan Fuster decía que muchas veces "no hay que mirar la bandera sino al abanderado". En este caso, los que llevan la bandera de la salvación de la empresa son los mismos que la han hundido, así que...

Desde la casa, y también desde fuera, pero sobre todo desde dentro, ha habido durante todo este tiempo voces advirtiendo de la deriva que se llevaba y sugiriendo otras vías. Ha sido inútil. Se ha ignorado a los discrepantes, se les ha perseguido y represaliado, incluso vía familiares interpuestos. A fecha de hoy, resulta que esos críticos tenían razón: que la empresa ha sido expoliada, que se ha convertido en inútil e inservible, que se ha alejado de la ciudadanía, que se ha quedado sin futuro.

Sería, pues, el momento, de recoger esas voces, esas alternativas y ponerse a trabajar. Olvidar de una vez el sectarismo, reconocer los errores cometidos y desandar lo andado. Esa, y no otra, es la tarea de Alberto Fabra.

Antes de reformas legales o ERE, debería quedar claro que los medios audiovisuales públicos valencianos no pueden ser otra cosa que una garantía de comunicación democrática más allá de las apetencias de los grandes mass-media. Un país que deja en manos del sector privado y de los intereses económicos el ámbito de la comunicación pública de masas se condena a vivir a la deriva en cuanto a cohesión social. RTVV ha de ser útil a la sociedad y solo lo será si se convierte en un marco plural y democrático en el que los valencianos pongan en común lo que hacen y lo que opinan, si su calidad está por encima de la media de la oferta audiovisual, si sirve para prestigiar el idioma propio, para controlar el funcionamiento de la Administración y para potenciar una industria audiovisual propia como sector estratégico. Lástima que de esto no hable nadie, ni a nadie parezca preocuparle. Lástima que se siga fumando. Así estamos.

domingo, 15 de enero de 2012

Fraga, Barberá, bolsos y espíritus franquistas

Hoy, que la noticia de la muerte de Fraga sigue ocupando mucho espacio informativo, yo quiero hablar de una política que siempre se ha declarado "hija política" del fallecido: Rita Barberá. Ayer estuvo en su capilla ardiente. Fraga y Barberá se tenían, según parece, un aprecio mutuo. Hace apenas dos años, con los escándalos en Valencia a todo trapo, el político gallego apostaba por la alcaldesa valenciana como posible nuevo líder regional.



Hay muchos políticos a los que resulta vergonzoso escuchar. Fraga me parece un inteligente oportunista ("Talento para adaptarse a los tiempos", ha dicho muy respetuosamente Santiago Carrillo) que no tuvo reparos en ponerse a las órdenes de un dictador igual que, como dijo él mismo un día, podía haber sido Fidel Castro en Cuba; pero a Fraga, la mayoría de las veces, valía la pena escucharle.
No es lo habitual. En sus largos discursos y sus excesivas presencias en los medios, lo más usual es que los políticos se limiten a los lugares comunes, las descalificaciones de los rivales, las proclamaciones de fe ciega en la propia gestión y una capacidad casi infinita para no decir nada por más que hablen. Esperar de nuestros profesionales de la política algún comentario brillante o una reflexión suguerente es, me temo, imposible. Hasta ahí todo normal. Triste pero normal. Lo peor es cuando no solo no suman sino que restan; cuando sus palabras son monumentos a la corrupción, a la deshonestidad, a la estulticia y a la falta de vergüenza. En este caso se convierten en pésimos ejemplos para una sociedad que necesita, precisamente, liderazgos morales. Rita Barberá, la alcaldesa de Valencia, es uno de los políticos menos ejemplares que conozco.
Barberá ve el mundo en blanco y negro: los suyos y los demás, el error siempre le lleva la contraria y las evidencias, para ella, siempre que le perjudiquen, como si no existieran. Responsabilidad política, transparencia, debate o reflexión son términos que parece desconocer.
Con el PP del País Valenciano sumido en la corrupción, ella, que es un puntal de la organización, nunca ha expresado ni un asomo de preocupación, ni, mucho menos, de autocrítica. Barberá siempre ha adoptado una actitud ofendida cuando se le han señalado posibles responsabilidades en esos casos de práctica corrupta. Nadie como Rita Barberá estuvo al lado de Francisco Camps mientras las evidencias del "caso Gürtel" le rodeaban. Ella fue su principal valedora y quien más intentó que Camps no dimitiera.



De Rita Barberá es aquella frase de que "todos los políticos reciben regalos". Ella fue quien sacó a colación las anchoas que el Presidente cántabro Revilla regalaba al Presidente del gobierno Zapatero, y que, por tanto, eso se igualaba con los trajes de Camps.
Ahora sabemos que ella sí recibía lujos sos regalos de los "amiguitos del alma" de "Gurtel". Se pudo escuchar claramente en una conversación grabada por la policía al jefe de la trama en Valencia, Álvaro Pérez, "El Bigotes", cuando dice que está “comprándole un bolso a la alcaldesa, como llevo haciendo desde hace cuatro años". Todo lo que ha dicho Barberá al respecto es que "un bolso se Louis Vuitton es un regalo habitual".
Ahora, Barberá está directamente implicada en el escándalo político que representa el "caso Emarsa", una empresa que estaba controlada por el Ayuntamiento de Valencia y que ha generado un agujero que puede que llegue a 40 millones de euros por culpa de prácticas corruptas de todo tipo. La alcaldesa de Valencia no se da por aludida. No quiere hablar de los directivos a los que nombró, ni de cuantos de los ahora acusados eran afines suyos. No quiere ni detenerse en los regalos (otra vez más regalos para la alcaldesa) que, según una carta enviada por ella misma, le hacían los directivos ahora que ahora están ante el juez. Cuando se le pregunta, Barberá ni se plantea dar explicaciones. Su actitud es justo la contraria. Displecente, ofendida o retadora según el día, pero jamás dispuesta a contestar a lo que se le cuestiona.
Cuando hace unos días le inquirieron por el caso, Rita Barberá negó cualquier respuesta y dijo que no pensaba contribuir al enredo. Terrible. Se le piden explicaciones a un cargo público sobre un asunto turbio gestado en su ámbito de responsabilidad y dice que contestar sería aumentar el enredo. De enredo, nada. Lo de Emarsa es un saqueo en toda regla, con todos los ingredientes: malversación de dinero público, facturas falsas, pagos por cosas que no existían, viajes, fiestas, prostitución... Y a Rita Barberá lo que se le pide es que dé explicaciones en función de sus responsabilidades. Por tanto, lo que ella llama enredo solo aumenta si calla, si no tiene explicación al respecto. Aunque a lo mejor es eso, que no la tiene. Si ella estuviera dispuesta a explicar lo que sabe no solo no haría más grande el enredo, sino que serviría para resolver las incógnitas planteadas. Cuando no lo hace, es porque no puede contar lo que sabe, es decir que tiene cosas que esconder. Vamos, que su responsablidad política es evidente.
La actitud de Rita Barberá es la propia de un dirigente político de una dictadura, no de una democracia. En democracia, a los dirigentes no debería ser ni siquiera necesario pedirles explicaciones, las darían antes.



El difunto Fraga tenía muchas veces respuestas propias de un dirigente franquista pero se podía pensar que era la consecuencia de sus años en el puente de mando de la dictadura, que cuesta olvidar viejos hábitos; en el caso de Rita Barberá, no hay ni una costumbre a la que apelar como excusa. Lo impropio de sus palabras y sus actitudes no puede tener que ver con otra cosa que no sea su modo de entender la política y, dicho en términos académicos, su "baja densidad democrática".
Un ejemplo simple: Si yo le pido explicaciones a mi hija por una travesura de su grupo de amigos, no aceptaría que se negara a responderme con la excusa de que no quiere "aumentar el enredo". ¿Cómo es posible que lo que no sería de recibo en el caso de mi hija, lo demos por bueno en el caso de nuestros representantes políticos? En realidad, a mi hija no se le ocurriría contestar semejante insensantez. Tiene solo 6 años, pero tiene vergüenza.

martes, 10 de enero de 2012

Pobre "Informe Semanal" bufón de la Corona

Si la corrupción es el acto de corromper y corromper es alterar, a peor, la forma de algo, es evidente que la corrupción está muy extendida. Por supuesto lo está la política, esa que se concreta en nuestros gobernantes y sus satélites metiendo la mano en la caja, pero no es la única. También se da sin descanso otra forma de corrupción más difícil de concretar pero que se extiende como un inmensa mancha de aceite ante la insensibilidad general, aquella que se perpetra a diario en forma de cosas mal hechas a sabiendas para obtener beneficios particulares al precio de perjudicar a los demás.
El sábado, un programa tan prestigioso como "Informe Semanal" ofreció un caso evidente de esta corrupción de baja intensidad. Por fin el sábado "Informe Semanal" se decidió a tratar el tema Urdangarín y lo hizo de una forma impropia para la historia del espacio. El reportaje no tenía ninguna voluntad informativa sino que, como en los mejores tiempos de Alfredo Urdaci y José María Aznar, no pretendía otra cosa que poner el prestigio de la marca al servicio del Rey Juan Carlos y la monarquía española.



Haciendo CLIC AQUÍ se accede a la página de "Informe Semanal" y se puede ver el reportaje sobre el "caso Urdangarín", emitido el pasado sábado día 7 de enero y titulado "Operación Babel".



A lo largo de los 17 minutos que duró el reportaje sobre el "codicioso yerno real" no hubo ni una sola referencia a la posibilidad de que la Casa Real pueda tener alguna responsabilidad sobre el caso, a que no haya reaccionado adecuadamente, a que se haya podido preocupar más de tapar que de descubrir o a que su prestigio haya podido quedar tocado. Nada. Ni una sombra, ni una duda. Todo lo contrario.
Solo al principio se plantea como interrogante si la polémica puede "dañar la credibilidad de la Corona" pero de inmediato aparece una declaración de Gregorio Peces Barba, uno de los "padres" de la Constitución, que contesta: "no afecta para nada al rey, ni al Príncipe, que son ajenos al planteamiento, que son víctimas".
A lo largo del espacio se dice que la "Corona reaccionó con contundencia", se discute largamente sobre sobre si se ha respetado la "presunción de inocencia de Urdangarín", a la Infanta Cristina se la sitúa al margen, se asegura que el papel del Rey "se ha valorado por parte de la ciudadanía", se destaca que la monarquía española es muy barata si se compara con otras casa reales europeas y se acaba con el "aplauso histórico" de dos minutos de la Cortes al Rey. Incluso se llega a hacer una comparación con lo que cuestan "las Repúblicas de nuestro entorno" y se remarca que son mucho más caras que nuestra monarquía. La forma de cálculo comparativo no queda nada claro y no hay ni rastro de lo que se incluye como gasto de esas Jefaturas de Estado.
En un momento determinado del reportaje, y después de enumerar los negocios de Iñaki Urdangarín y dar cuenta de las denuncias que desde instancias políticas se habían hecho alrededor de sus tejemanejes con Jaume Matas, se asegura que la Casa del Rey "exige a Urdangarín que abandone sus negocios". No se dice más. El tema se cierra aquí. No hay ninguna reflexión, ni se recoge opinión alguna que cuestione que tal reacción puede ser impropia de una institución pública que, más allá de pedir que se deje de hacer lo que no parece muy presentable, podría haber optado por intentar esclarecerlo y dar explicaciones a la ciudadanía de lo que estaba pasando sin esperar a que fuera, años después, la justicia la que lo destapara todo.
Las distintas declaraciones que se incluyen en el "Informe Semanal" tampoco dejan dudas sobre la intención del reportaje. No hay una sola voz que cuestione la Monarquía o su comportamiento. Todos son opiniones a favor. El abogado de Iñaki Urdangarín aparece hasta siete veces. El catedrático Jiménez de Parga, dos, para especular sobre la presunción de inocencia y sobre lo que debería hacer Urdangarín. Hay también dos cortes de voz del propio Rey Juan Carlos y del Principe Felipe. Especialmente significativas son las intervenciones de Gregorio Peces Barba y el catedrático de Ciencia Política Fernando Vallespín. Peces Barba sale en pantalla hasta en tres ocasiones y siempre es para hablar a favor de la Casa Real. La más llamativa es cuando dice que aquellos que dicen que "hay que volver a la República son tonterías". En cuanto a Fernando Vallespín, sus declaraciones, dos, son para defender a la Monarquía. En la segunda hace una impresionante despliegue de adjetivos encomiásticos y habla de "reacción rápida", "ésto está contribuyendo a a acercar la Corona a los problemas de la gente" o de "hacerla más transparente". Por lo demás, también aparecen Rita Barberá, la alcaldesa de Valencia, que asegura que todo lo hecho allá con Urdanagarín es "absolutamente ajustado a la ley" y un diputado socialista mallorquín, Antonio Diéguez, que, en una imagen de archivo, critica a Jaume Matas. En total, 18 declaraciones y ni una crítica al Rey, ni siquiera una duda.
El final del reportaje es el colofón que le corresponde al tono laudatorio de todo el espacio. Se aprovecha el ya comentado aplauso parlamentario al Rey en la reciente inauguración de la nueva legislatura para enmarcar la despedida. Son 45 segundos de ovación, alternando planos del Rey, de los diputados, planos generales. Espectacular. Precioso. Adecuadísimo para un publirreportaje, impropio de una información sobre un caso de corrupción.