lunes, 19 de diciembre de 2011

La náusea ante la política


La chica que en los momentos previos al inicio del juicio en Valencia contra Francisco Camps y Ricardo Costa por el “caso de los trajes” se plantó ante la sede del Tribunal Superior de Justicia con una mascarilla en la que se podía leer “Gurtel apesta” acertó plenamente. Desde fuera, Gurtel apesta; desde dentro es todavía peor, provoca arcadas. Después de una semana de escuchar a los acusados, a sus abogados y a los testigos lo que huele mal no es solo Gurtel, que ya sabíamos que era una cloaca abierta en canal, sino la política valenciana, sus políticos, sus instituciones, sus dirigentes, sus diputados, nuestros gobernantes… todo. La celebración del juicio eleva lo que podían ser suposiciones de prácticas mafiosas a certezas indiscutibles. Nada puede haber peor para la política y la democracia que el hecho de que se sepa todo y, como está sucediendo, no suceda nada.
Un juicio es un pulso entre la verdad y la mentira, entre la claridad y el encubrimiento. Las trampas son constantes; las mentiras, también. Una media verdad es lo más noble que se puede esperar de un acusado. Por eso ningún político debería llegar hasta el banquillo de los acusados o, en todo caso, debería dejar sus cargos antes de verse en él.


Camps se declara indignado cuando en febrero de 2009 salen las primeras informaciones sobre su implicación en el c"caso Gurtel"


Produce vergüenza, enfado y un asco imposible de digerir ver las tripas de como se ha gestionado durante tantos años la Generalitat con el PP a su timón. Es inaceptable escuchar al que fuera President, y sigue de diputado y de miembro del Consell Jurídic Consultiu, negarse a contestar preguntas por considerar que pueden perjudicar su estrategia de defensa. Es repugnante oír como hablaban entre si los amigos de nuestros gobernantes y lo es todavía más escuchar como nuestros gobernantes hablan con ellos. Qué camaradería, cuánta amistad, qué compadreo. Es curiosa la familiaridad con que Camps y Costa hablan con quienes dicen que son prácticamente desconocidos y, en cambio, como se ignoran entre ellos, como ni se miran pese a estar sentados a un palmo, cuando se supone que son íntimos colaboradores de tantos años. Las grabaciones que se han escuchado son monumentos a la indignidad: horas y horas de conversaciones y no aparece ni una sola idea noble. Solo se oyen negocios turbios, ambiciones desmedidas, ansias de poder y de dinero, peloteo, insultos, exabruptos, encubrimientos, cursiladas y exageraciones. Ni un solo segundo de atención al interés público, ni un solo renglón dedicado a una causa digna. Nada por lo que sentir un soplo de orgullo. Nada que se pueda parecer a un buen ejemplo.



“El Bigotes”, “El Albondiguilla”, “Peter”, “El Curita”, “Don Vito”, “Rick”… un plantel propio de una mala película de policias y ladrones. Lo bestia es que el marco de tanto cambalache y de tanta podredumbre es la Generalitat valenciana, el núcleo del autogobierno del País Valenciano, una institución supuestamente al servicio de cinco millones de ciudadanos, regida por la ley y preocupada por la recuperación de unos valores históricos y culturales que le dan sentido. Y un cuerno. Los dos señores sentados en el banquillo, egoístas e irresponsables, lo que hacen, sin disimulo alguno, es arrastrar por el fango la Generalitat y todo lo que representa. Quienes les votan son también colaboradores necesarios de tanto embrutecimeinto político y, aunque crean lo contrario, no quedarán al margen de sus negativas consecuencias.
Camps y Costa son dos políticos sinvergüenzas y corruptos hasta las trancas. Las cinco sesiones de juicio que llevamos dejan eso absolutamente claro. Son políticos corruptos por más que una posible sentencia exculpatoria los pueda considerar ciudadanos no culpables del delito que se les acusa: la justicia, con los privilegiados, puede llegar a ser así de indulgente.
Ricardo Costa y Fracisco Camps son pasado pero no sus comportamientos. Los silencios del actual President José Alberto Fabra, de Rita Barberá, de Mariano Rajoy y de tantos y tantos cargos del PP dejan claro que nada les sorprende, que lo sabían, que forman parte de la misma manera de hacer las cosas, que la política “es así”, que todo seguirá igual, que puede que se modifique algún método pero poco más. Por ejemplo, cuando tengan que tratar cuestiones sensibles hablarán menos por teléfono. No creo que saquen muchas lecciones más que ésta de la vergüenza, la indignidad y el ridículo que se está viviendo en el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana. Cuando los políticos dan asco y nadie se siente concernido está claro que los ciudadanos viven a la intemperie, que les puede pasar cualquier cosa, que nada es seguro: ni el trabajo de uno, ni la escuela de nuestros hijos, ni los hospitales de nuestros padres. En tales condiciones, lo propio es buscar la seguridad en la protección arbitraria de la mafia aún al precio de que, globalmente, todo se cada día un poco peor. En estas estamos.

*Para aquellos que tengan interés en las formas políticas de Francisco Camps y para quien quiera contrastar las palabras y las actitudes de Francisco Camps con la realidad, estos 10 minutos de video que siguen no tienen desperdicio. Yo destaco una frase de las palabras que Camps dirige a los periodistas: "seguiré dando todas las explicaciones que ustedes quieran". Ese día, como casi siempre, Camps no permitió las preguntas de los periodistas.

1 comentario:

Félix Soria dijo...

Los silencios, como dices, son muy expresivos.