lunes, 21 de noviembre de 2011

Cae el PSOE, gana el PP (I)


Todo azul, el PP ya tiene todo el mapa de España pintado de azul. Tanto da que sea el mapa municipal, el de las Diputaciones, el autonómico o el de las generales. El PP ya tiene la mayoría que solicitaba. Bueno, tiene la que solicitaba e incluso mucho más. A lo mejor tal cantidad de poder acaba siendo un problema, pero bueno, pelillos a la mar, tanto cargo institucional seguro que compensará las incomodidades de semejante empacho de poder.
Dicho esto, y añadido, así como de paso, que ya veremos como le va a Rajoy para las Navidades del 2012 y que cuando se toca el cielo todo lo que le queda es descenso, me parece que hay algunas puntualizaciones a hacer.
Lo que le sucede al PSOE es que está en pleno desmoronamiento. No puedo evitar que me recuerden cada día más a los protagonistas de la película "Los otros", que estaban muertos pero ellos no lo sabían. Es preciso recordar que el PP apenas ha ganado 500.000 votos respecto a 2008 y ni tan siquiera ha llegado al apoyo que obtuvo Zapatero hace tres años. Por tanto, la explicación a la victoria popular hay que buscarla más en negativo por la izquierda que en cualquier otra dirección. Izquierda en la que incluyo al PSOE aunque precisamente haya sido no ser izquierda, en sentido amplio, lo que ha acabado con ellos.
Las cifras socialistas son escalofriantes. Acaban de perder 4'5 millones de votos, más de un 40% de los que obtuvieron hace tres años; solo tres años. Tienen 59 diputados menos; se les ha esfumado uno de cada tres escaños, en realidad, un poco más. Se quedan a nada menos que 76 diputados del PP. Apenas han conseguido 6'9 millones de votos. Desde 1979, cuando el PSOE obtuvo 5'4 millones, jamás los socialistas habían caído tan bajo. Claro que entonces votaban 18 millones de personas y ahora lo hacen casi 25. Nunca los socialistas habían estado en un 28 por ciento del voto como están hoy. Una situación muy mala que se convierte en desesperada cuando se nota, y se nota mucho, que no hay "plan B" o, en todo caso, nada nuevo más allá de que el aparato partidista siga blindándose a codazos para copar las menguantes nóminas a cargo del contribuyente que les quedan. Después de una noche como la de ayer no se ha ido nadie, nadie. Si el mérito, o la habilidad, del PSOE de los setenta/ochenta fue presentar el partido moderno que reclamaba la sociedad española, es evidente que ahora todo aquello es ya viejo, muy muy viejo. Gente de izquierdas, votantes progresistas los seguirá habiendo siempre pero irán allí donde haya una propuesta política adecuada a los tiempos en forma y fondo, una tierra prometida donde los herederos de Pablo Iglesias ni están, ni se les espera.
Y eso que los socialistas, como el PP, claro, están más que primados por el sistema electoral. Los pequeños se quejan de maltratato por parte del sistema electoral y todas las miradas se dirigen a la supuesta injusticia que infla la representación de los partidos nacionalistas. No es verdad. Los dos grandes beneficiados de la desproporción que consagra el sistema electoral vigente son PP y PSOE. Con un sistema proporcional puro, después de las elecciones de ayer, el PP no dispondría de 186 diputados sino de apenas 155, y el PSOE, en lugar de 110 estaría en 100. En cambio, CiU bajaría solo de 16 a 15 y Amaiur, de 7 a 5. En resumen, es cierto que IU podría tener 25 diputados en vez de 11 y UPyD, 17 en lugar de 5, pero los que les faltan están en manos de los dos grandes y no en las de los nacionalistas. Por cierto, quien espere una posible modificación de la Ley Electoral en dirección a más proporcionalidad y, en definitiva, más democracia que se vaya olvidando. Hoy, más que nunca, el PP no querrá ni oir a hablar de ésto. Ante la mayor división de la izquierda, el botín popular todavía será mayor.
¿Y el Senado? Ah, el Senado... El Senado, bien, gracias. Todo lo que no sea cerrarlo está de más.

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