martes, 18 de octubre de 2011

Otra falso debate electoral con figurantes al fondo

Muy bien, ya tenemos debates electorales de cara al 20-N. Bueno, debates no, debate y gracias. Y llamarle debate ya resulta exagerado. Rubalcaba frente a Rajoy. Nos hacen el favor de debatir, qué gran honor. Será el 7 de noviembre, lo más lejos posible de la jornada electoral para que los efectos del acto se diluyan en el lío de la campaña. Por supuesto, nada de buscar fórmulas que permitan que otros grupos accedan a debates que puedan ser atractivos para la audiencia. Nada. Viva el bipartidismo y que vuelva Cánovas con Sagasta a su lado. Vamos, más de lo mismo: intentar alejar todo lo que puedan al ciudadano de la política, dificultar al máximo su participación, lastrar sus posibilidades de estar informado.
Estamos ante un nuevo capítulo que pone de manifiesto como entienden la democracia PP y PSOE. Se llenan la boca de buenas palabras y mejores propósitos pero es todo falso. Para ellos, la democracia no es una forma de facilitar la participación de los ciudadanos en la gestión de lo público sino simplemente el marco en el que se reparten el poder; unos día para los tuyos, Mariano, otros para los tuyos, Alfredo. Los votantes son estorbos para los diseños de poder de los respectivos aparatos partidistas. Igual que lo son los debates. Por eso, son ellos mismos los que deciden cómo y cuándo se hacen los cara a cara, de qué se habla, a qué periodista eligen como tonto útil de la burla, cómo es el decorado, cómo los turnos, cómo la luz, cómo la realización... Justo al contrario de lo que debería ser: los líderes políticos han de aceptar lo que se les propone y con las reglas que se les plantean. Ellos llegan y debaten, lo demás no es cosa suya ni de sus equipos. Así de sencillo. Los debates no existen para dar gusto a los que los hacen sino que se tienen que celebrar pensando en el interés de quienes los ven y los escuchan, satisfaciendo su necesidad de saber, contestando a sus dudas. Para ello deben ser abiertos, sin cortapisas, diseñados para poner en un brete continuo a sus participantes, para obligarles a explicarse, para poner de manifiesto sus contradicciones, para que se hayan de comprometer, para que no puedan dejar nada sin justificar, para que no puedan eludir ni una respuesta.
Periodismo. Solo el periodismo, como parte de lo mejor del mundo político, puede convertir los debates entre candidatos en algo democrático. Lo de ahora no lo es, es puro partidismo, pura puesta en escena de una democracia que de tal tiene poco más que el nombre. El simple hecho de que el periodismo se preste a la farsa que protagonizarán Rajoy y Rubalcaba demuestra hasta que punto la partitocracia está devorando la democracia. Una democracia de figurantes en lugar de ciudadanos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

El Periodismo murió sin darse cuenta, profesión alejada del ciudadano, ya al servicio de poderes que lo prostituyeron.
La democracia asoma en una Partitocracia que cada vez disimula serlo menos.