jueves, 20 de octubre de 2011

La política del oxímoron

La realidad oficial sigue alejándose de los ciudadanos de a pie. Cada día que pasa, cada acto institucional que se organiza lo demuestra. Ahora que la economía parece desplomarse bajo nuestros pies, el poder se empeña en la tarea bipolar de hacernos ver que las cosas están muy mal pero que ellos, que nos han conducido hasta aquí, son los que tienes la solución. En las clases de literatura se enseña que hay una figura literaria que consiste en presentar en una misma expresión dos conceptos contradictorios entre si, se llama oxímoron: la nieve que quema, el pirómano bombero, el policía ladrón. Sin duda es la figura que rige nuestra política de hoy. Mientras la desregulación de los mercados y su voracidad infinita están a punto de cargarse el sistema, éste, con sus encorbatados al frente, siguen erre que erre. Solo hay que ver como ayer en la entrega de los Premios Jaume I, Juan Roig, el presidente de Mercadona, defendía que hay que abandonar "la cultura del maná y abrazar la del esfuerzo", la adopción de "decisiones valientes aunque sean impopulares" y que "estamos a favor del Estado del Bienestar pero no del Estado del derroche". ¿De qué maná hablaba? Puesto que estaba la Reina Sofía delante, ¿se refería a las facturas falsas que su yerno Urdangarín usó para cobrar ayudas públicas? ¿Qué decisiones valientes? ¿Bajar las cotizaciones de los empresarios e implantar el copago en los servicios públicos como pedía ayer la CEOE? Eso es beneficiar a los ricos a costa de los pobres y eso no es valiente sino cobarde; meterse con el más débil de la clase nunca ha sido señal de valentía. ¿Estado del derroche? ¿LO dirá por todas las inversiones públicas faraónicas de las que tantos y tantos grandes empresarios se han beneficiado mientras se esquilmaban los fondos que podrían haber ido a becas, camas de hospital o ayudas a dependientes?
En fin, mientras las instituciones y los gobernantes actúan así por aquello de que "no se puede ir contra los mercados" (que es lo mismo que decir "que gobiernen los ricos), en la calle la gente va a la suya, cada vez se cree menos los discursos oficiales y busca unas alternativas que en las instituciones no ve.

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