viernes, 22 de julio de 2011

Adiós al deshonesto Camps

A Francisco Camps lo que le ha condenado es no ser demócrata. La honradez y la sensibilidad democrática son prácticamente inseparables; es complicado no ser demócrata y ser honrado. La actitud política del hasta ahora President de la Generalitat valenciana ha sido sectaria y le ha llevado a todo tipo de abusos que lejos de topar con las advertencias de sus colaboradores solo recibían aplausos. Camps se ha rodeado de pelotas y serviles y eso es lo mismo que desactivar las alarmas, con lo cual cuando se entra en zona de peligro nadie se percata. Mientras los de fuera no se dan cuenta de lo que está pasando, un gobierno deshonesto como el de Camps puede sobrevivir pero cuando el hedor supera los propios límites empieza la cuenta atrás. Empieza porque se tiene que mentir, porque no se pueden dar las explicaciones políticas que son obligadas y todo se tiene que fiar a que los tribunales sean la vía de escape. Pero eso no acostumbra a suceder. Ahora Camps ya lo sabe. Si se hubiera dedicado a combatir la corrupción con un 10% del empeño con el que ha combatido y laminado al "zaplanismo" en el seno de su partido, hoy seguiría siendo President de la Generalitat. Democracia o sectarismo, hay que escoger, acostumbran a ser caminos opuestos y "Paco", como decía que le llamaba Rajoy, apostó por el sectarismo.
La despedida de Camps ha sido un monumento a la falta de sentido institucional y democrático, la última prueba de su confusión, de su alienación. Solo desde la pérdida absoluta de los referentes mínimos de un representante institucional se puede decir que se abandona un cargo de representación para allanar el camino de Rajoy a la Moncloa. Camps dijo cosas como: "Ofrezco este sacrificio para que Mariano Rajoy sea el próximo Presidente del Gobierno, para que el Partido Popular gobierne España... Es una decisión a favor de mi partido". Es inaceptable que todo un President de la Generalitat sacrifique su cargo en beneficio de un partido. Camps representaba a 5 millones de personas y no podía usarlas como moneda de cambio para facilitar una futura victoria de Rajoy. Ya sabemos que una vez más Camps miente. No dimite por lo que argumenta sino porque en su partido ya no lo aguantan, porque él ya no aguanta la presión a la que está sometido, porque le han pillado. Pero simplemente el uso de tan partidista justificación demuestra como se ha perdido toda sensibilidad democrática. Además, que las palabras de Francisco Camps no hayan escandalizado también en este sentido, pone de manifiesto que se empiezan a dar por normales discursos, comportamientos y actitudes que debería avergozar a quien los hace y escandalizar a quien los escucha.
El remate ha sido la unción de José Alberto Fabra como sustituto en la Presidencia de la Generalitat. En la cúpula del PP se decidió el nombre y a los demás no les quedó otra que decir "sí, señor". Un dirigente del PP explicaba que se llegó a la reunión de la Dirección Regional con el candidato cerrado para evitar el "debate interno". No está mal: "evitar el debate interno". Cuando un partido "democrático" diseña estrategias para evitar el debate interno es que casi todo está perdido. Eso es lo que no entendió Camps, lo que no entiende el PP valenciano. Y claro si el que ha de resolver eso es Federico Trillo, las cosas solo pueden acabar mal.

1 comentario:

Jose Manuel dijo...

good bye forever (young)