miércoles, 23 de marzo de 2011

El laboratorio valenciano de Rajoy y su PP

El constante goteo informativo sobre los escándalos que afectan al Partido Popular del País Valenciano siempre se presenta como un lastre a las aspiraciones de victoria de Mariano Rajoy y del PP a nivel estatal. Seguro que es así, seguro que las correrías de Francisco Camps y sus trajes, Fabra y sus cuentas, Zaplana y sus excesos, Ripoll y sus basuras, etc. no dan votos al PP. Es evidente que Rajoy preferiría que nada de lo que se sabe se hubiera descubierto. Sobre si no querría que hubiera pasado ya tengo más dudas. Si así fuese hubiese tomado medidas, hubiese pedido explicaciones, hubiese exigido dimisiones. Y no lo ha hecho. Ni de lejos. Así las cosas, me parece que la política valenciana debe entenderse también como un preludio de lo que puede ser un futuro gobierno del PP. Un Rajoy con mayoría absoluta se parecería mucho a Camps, a Rita Barberá, a Fabra, a Ripoll. Han de ser su modelo. Los mantiene pese a sus excesos, frente a la corrupción, frente a todos los abusos antidemocráticos que se permiten cada día. Los periódicos valencianos son un ejemplo diario de museo de los horrores de la democracia y lo que cuentan no se debería despreciar porque es evidente que el PP, si puede, actúa así, actuará así. Sin ir más lejos, hoy se ha conocido que en esta legislatura el Tribunal Constitucional lleva ya cinco sentencias contra el veto del PP en el Parlamento autonómico a las preguntas de la oposición. ¿Ustedes dirían que a la quinta ha dimitido alguien? Pues eso, no. Se acaba de descubrir también que la red “Gürtel” usó el dinero público cobrado a costa de la visita del Papa en 2006 para especular con la compra de una finca en Alicante. Ningún problema. Nada pasa tampoco pese a destaparse que el propio Camps intercedió para que el Ayuntamiento de Castellón pagará a Santiago Calatrava 2’7 millones de euros por la maqueta de una obra que jamás se hizo; como nada pasa por el hecho de que la Generalitat impida que se pueda ver TV3-Televisió de Catalunya en Valencia mientras Canal 9 repite como un salmodia la propaganda popular. No es que no pase nada, es que incluso se permiten el lujo de reírse de quien protesta.Todo en un solo día.



Un cordón de seguridad tuvo que proteger a Francisco Camps cuando el propio President invitó a los reporteros gráficos a que le fotografiaran delante de quienes le protestaban por impedir que TV3 se pueda ver en el País Valenciano.


Ayer, Francisco Camps inauguró (llevan 30 inauguraciones en cuatro días) un teatro en Castellón. Unas cincuenta personas se concentraron a las puertas del recinto para increpar al President por no dejar que TV3 llegue a tierras valencianas. Camps llamó a los periodistas, se acercó a los manifestantes y, con un cordón de seguridad protegiéndole y separándolo de quienes protestaban, se hizo una foto risueña con el alboroto al fondo. ¿No me dirán que no es un comportamiento propio de un estadista? Pues, miren, Rajoy deben pensar que sí.

martes, 1 de marzo de 2011

Telebasureros del mundo, uníos


En periodismo muchas veces pasa como con la bebida: lo peor es mezclar. Hay ejemplos evidentes de mal periodismo. Tan malo que incluso la justicia, los fiscales, se interesan por sus prácticas, y eso que no hay instituciones concretadas dedicadas a seguir los diferentes contenidos. Un falso periodismo en el que todo vale y que es tan malo que de forma flagrante incumple la ley. Con ese periodismo no se tendría que mezclar nadie profesionalmente honrado. Lo estamos presenciando estos día con el circo mediático que Telecinco ha montado alrededor del juicio del caso "Mari Luz". Paolo Vassile, Ana Rosa Quintana (falsa escritora de una novela plagiada copia y pega) o Jordi González no tienen nada que ver con el periodismo. Son sinvergüenzas capaces de aprovecharse de una deficiente mental para sacar lo que ellos llaman una exclusiva; como si una exclusiva (en este caso ni a eso llega)se justificara por si misma sin importar el qué y el cómo. Son capaces de eso y, por supuesto, de convertir a un buen hombre como el padre de Mari Luz en un patético personaje a base de mezclar su dolor y su pobreza con el dinero, en este caso 45.000 mil euros, que ellos pagan. Hacen un producto imposible de ver desde una mínima consciencia del mal y desde la decencia. Por eso es inaceptable que periodistas como Carlos Carnicero (lo he visto hoy), tan fino analista a la hora de hablar de Libia, la regeneración democrática o la gestión política de nuestros gobiernos, sean palmeros de estos programas de Telecinco. Su presencia es la coartada de los sinvergüenzas, sus reflexiones pretenden disimular el olor a cloaca. Sus silencios son cómplices. No poner en evidencia el mal periodismo de Vassile, de Quintana o de González, su desprecio a la dignidad humana, es ser como ellos. El dinero no lo justifica todo. ¿Qué dirá Carnicero, si entre tema sesudo y tema sesudo, Àngels Barceló, en la SER, propone como debate el tratamiento mediático del "caso Mari Luz"?