viernes, 4 de febrero de 2011

La "no injerencia" no vale para la economía


Viendo lo que está pasando en Egipto, lo que ha pasado en Túnez y escuchando los ecos de la visita de Merkel a Madrid me asaltan dudas sobre el principio de no injerencia que rige en derecho internacional.
La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó en 1970 que "no solamente la intervención armada, sino también cualesquiera otras formas de injerencia o de amenaza atentatoria de la personalidad del Estado, o de los elementos políticos, económicos o culturales que lo constituyen son violaciones del derecho internacional". En cumplimiento de este precepto hemos visto, a lo largo de los últimos años, como el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha sido escrupuloso a la hora de no presionar a dictaduras como China o Marruecos ante flagrantes casos de violaciones de derechos humanos. Nada tampoco se dijo nunca sobre los abusos en Egipto, ni sobre el autoritarismo en Túnez y todavía hoy, con las revoluciones desbocadas, Zapatero se muestra prudente y respetuoso con la soberanía de cada nación y "sus políticas internas". En cambio, la propia España no tiene problema alguno en renunciar a su soberanía cuando de economía se trata. Sin disimulos. Por si no fueran suficientes las sentencias dictadas por los mercados desde no se sabe dónde, en su dia, allá por mayo, llegaron sus representantes en la tierra y le ajustaron las cuentas a Zapatero. Así que el mismo dirigente que no quiere poner en evidencia la política de los dictadores, acepta que le dicten su política económica. Primero fue Obama quien le leyó la cartilla al gobierno español y le conminó a hacer ajustes y recortes en los derechos sociales de los ciudadanos, "acciones decididas para reforzar al economía", se dijo oficialmente. Esta semana ha venido Angela Merkel, la canciller alemana, a revisar lo hecho, y ha dicho que felicidades, que muy bien. Además ha puesto algún que otro deber añadido, como vincular los salarios a la productividad, ya veremos.
La conclusión a la que llego es que el derecho internacional condiciona la política pero no a la economía; es decir, afecta a los gobernantes pero no a los mercados. Una vez más, la moneda pesa más que la idea. Cuando seguimos sumidos en la interminable discusión sobre izquierda y derecha, sobre como han cambiado tales conceptos, deberíamos anotar como de izquierdas llevar la política tan por encima de las fronteras como está la economía, que los derechos del capital no vayan más allá de los derechos de las personas, que no valgan más los derechos capitalistas que los derechos humanos.

1 comentario:

elzo dijo...

Valiosa reflexión