lunes, 21 de febrero de 2011

El Valor de los consejos

Miguel Valor, un concejal alicantino
que cobraba por recibir consejos.
Hay detalles que describen mejor que cualquier informe exhaustivo el elevado nivel de corrupción, de desvergüenza y de sensación de impunidad que inunda la política española. Para aquellos que no sean lectores de la edición valenciana de El País, o para aquellos que lo son pero esta noticia se les ha pasado, coloco aquí la ejemplar historia del concejal Valor, para que no se pierda.

Como responsable de Cultura del Ayuntamiento de Alicante, Miguel Valor, dispone de un organismo asesor llamado Comisión Técnica de Coordinación de Programas Culturales de Artes Plásticas del Patronato de Cultura del Ayuntamiento de Alicante. No exagero, se llama así. Lo heredó de su predecesor, Pedro Romero, pero Valor introdujo algunos cambios. A saber, relevó a los dos técnicos de cultura que participaban en él y los sustituyó por dos conserjes, un administrativo, su secretaria y su jefe de servicio. Además, y no es cuestión menor, aprobó por decreto que el Presidente de la comisión, es decir él, también pasaba a cobrar dietas por asistencia a las reuniones. Así que no solamente su jefe de servicio y su secretaria pasaron a cobrar un plus por asesorarle, que se supone que ya les iba en el sueldo, sino que él también. Unos cobraban por asesorar a su jefe y el jefe cobraba por ser asesorado. Doble recibo: recibir consejos y recibir dinero. Unos 90 euros por reunión y por cabeza. En total, unos 100.000 euros en poco más de tres años. A repartir.

Ninguno de sus superiores ha dicho nada sobre el tema. Ni a la alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo; ni al Presidente Provincial del PP, Presidente de la Diptación y también concejal por Alicante, José Joaquín Ripoll, ni al Presidente regional del PP y President de la Generalitat, Francisco Camps, parece extrañarles el comportamiento de Valor, parecen que no ven nada reprochable en su actitud. Claro, precisamente ellos tres están imputados y perseguidos judicialmente por distintos casos de corrupción, con negocios bastante superiores a los 100.000 euros. Que no sea que su concepto de la honestidad política esté condicionado por su propia situación, que no sea que la misma manta los tapa a todos y por eso nadie tira de ella...

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