martes, 22 de febrero de 2011

Periodismo más allá de Cercas y Espada

Una buenísima noticia: el debate sobre los límites del periodismo se abre paso en España, llena los periódicos, las radios, los blogs... La cuestión estriba en saber si es lícito introducir ficción en los textos periodísticos y en qué medida. Javier Cercas, con el sí, y Arcadi Espada, con sus salidas de tono, con el no, personifican el duelo. El artículo de Francisco Rico, la respuesta de Cercas, los rebotes de Espada. Ese es el campo de juego. Se han alzado muchas voces. Se han escrito muchas cosas interesantes. Es de agradecer... ¿Pero no hay más? Pues no, no hay más. En eso se agota el debate sobre el periodismo en España.
Mientras las portadas, los temas más destacados, las grandes noticias de apertura y la totalidad de contenidos supuestamente informativos no paran de incluir exageraciones, censuras, manipulaciones y excesos, todos miramos a Cercas y a Espada.
Mientras aceptamos las ruedas de prensa sin preguntas, los desplantes de los políticos, sus negativas a conceder entrevistas, la imposibilidad de verlos en debates; mientras los programas de la peor televisión son el escenario preferido de nuestros dirigentes, nosotros repasamos los detenidos en el burdel de Arganzuela.
Mientras se depura o se arrincona a buenos profesionales; mientras el paro se ceba en los periodistas por culpa, sobre todo, de su propia prescindibilidad; mientras los sindicatos siguen con proclamas obreristas como si no fuera el producto lo único que puede salvar nuestra profesión, limitamos la reflexión a reyertas personales.
Mientras desaparecen los referentes, el periodismo se precariza, los contenidos se hacen más superficiales y la profesionalidad pierde el paso por innecesaria, todos miramos a la literatura.
Mientras las agendas informativas se diseñan lejos de las redacciones y los periodistas se limitan a ser el último eslabón de una cadena que no les deja otra tarea que escribir poco menos que al dictado, nosotros atendemos los desahogos de Espada.
Mientras los gabinetes de comunicación ganan peso y se hinchan a contratar (y mal pagar) a periodistas que se convierten en simuladores a sueldo de su señor; mientras esos gabinetes inundan de comunicados las redacciones hasta suplantar a los redactores; mientras se bombardea a información para desinformar, nos preocupamos del humo tabaquero de Francisco Rico.
Mientras las Universidades forman a jóvenes que saben perfectamente que si quieren encontrar trabajo ya pueden ir olvidando lo aprendido, que si aplican lo que les han explicado se van al paro en dos días, nos preguntamos si se puede llamar putero a quien no lo es.
Mientras los medios públicos se utilizan como simples oficinas de propaganda de quien gobierna, mientras la publicidad ordena y manda, mientras las cabeceras cada día parecen más trincheras al gusto de su gusto político, desviamos la mirada a los artículos de opinión ficcionados.
Si yo fuera Cercas ilustraría el estado del periodismo español con la historia, inventada, por supuesto, de un periodista que conozco que se está planteando el suicidio y si fuera Espada haría como que lo mando todo a tomar por el culo y seguiría escribiendo artículos en "El Mundo". Supongo que es lo que hacen. Mientras, el periodismo languidece y nosotros hablamos de ellos.




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