martes, 15 de febrero de 2011

Camps y Rajoy: una pareja rota en San Valentín


Hace unos días, Esteban González Pons, vicesecretario de Comunicación del PP, mezclaba la revuelta de Egipto con la situación de España y apuntaba a que, como ha pasado en Egipto, Zapatero puede caer si los españoles quieren. Sí, votando, cuando toque. Supongo que se refería a eso. Ayer, la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, del PP, claro, aseguraba que por el poder judicial todavía no ha pasado la Transición. Lo decía denunciando una supuesta persecución judicial a Francisco Camps, su compañero President de la Generalitat. Es chocante que Pons apunte antes a Zapatero que a Franco cuando se refiere a posibles revueltas populares contra dictaduras en España. Será porque lo que representa su partido vivió bien aquel franquismo y podría seguir instalado en él si la biología no se hubiera llevado por delante al dictador. Lo demuestran negándose a condenarlo o manteniendo a Fraga contra viento y marea. Que desde la derecha utilicen a su favor la falta de depuración democrática de la judicatura, como hace la impetuosa Barberá, demuestra ignorancia o mala fe. Yo apuesto por lo segundo, aunque después de tantos años no tengo ni una sola prueba que descarte lo primero.
Sirva este preámbulo para ilustrar las maneras políticas de la derecha valenciana. Ayer, día de San Valentín, Francisco Camps se atrevió a retar a Mariano Rajoy que, evidentemente, está incómodo ante un candidato que tiene pie y medio en el banquillo de los acusados y vive hundido hasta las trancas en la corrupción. Por sorpresa, Camps reunió a su Comité Electoral para proclamarse candidato a la Generalitat. Como Madrid se resiste, Camps se avanza. Hechos consumados. Con lo que se habían querido. Mira que escoger San Valentín para el divorcio.

Así trabajan Camps y los suyos. A quien no se pliega se le echa un pulso, sin miedo, sin escrúpulos. Por supuesto sin ningún escrúpulo democrático. El Comité aprobó la designación por unanimidad, sin debate, en menos de un cuarto de hora. Igual Pons compara España con Egipto de tan acostumbrados como están a hacer las cosas al estilo Mubarak.
Son demócratas pero no reconocen el derecho a la crítica. En realidad, pues, ejercen de políticos en una democracia pero no son demócratas. Entre ellos nadie critica; al menos más allá de las barras de los bares y en privado, como en las dictaduras, vaya. Se comportan como una secta. Votan lo que hay que votar, lo que les dicen que hay que votar, y esperan, y consiguen, que la gente les apoye cuando llegan las elecciones. Lo consiguen porque la política valenciana es de trincheras, porque entre sus votantes son mayoría los que se comportan como los aficionados al fútbol que quieren la victoria de su equipo aunque juegue mal, aunque estén rodeados de corrupción, aunque sus dirigentes se parezcan más a los delincuentes que a los estadistas. Sus votantes incluso simulan creer que a Carlos Fabra le toca cada dos por tres la lotería. Ganan por eso y porque no tienen a nadie delante, pero ese es otro tema.
Francisco Camps, que no concede entrevistas, ni participa en ruedas de prensa, se comporta y habla como un iluminado que ha perdido el contacto con la realidad. A su alrededor nadie le lleva la contraria porque eso sería caer en desgracia. Desde hace años, en los dossieres de prensa le obvian las noticias que le puedan importunar. En fin, un paisaje que puede recordar cualquier tipo de régimen con la condición de que no sea democrático.
Así las cosas, ahora Camps le planta cara a Rajoy y lo hace abiertamente. Se da por designado y simula que Madrid solo puede aceptar. Veremos. Que Génova piensa en el relevo es tan evidente como que el antes mencionado González Pons, el enviado desde Génova, empuja todo lo que puede. Miren si no como le defendía hace dos semanas con una especie de trabalenguas imposible de entender si no es que se está diciendo lo contrario de lo que se pretende.



Es evidente que Camps tiene la baza de saberse rodeado por una corrupción de la que todo el PP ha bebido, Rajoy incluido. Se entiende por tanto que se resista a pagar él toda la factura. No sería la primera vez que amaga con la posible creación de un partido regionalista. Cascos ya lo ha hecho. Seguro que el PP iba a digerir mal una iniciativa así, pero hay que ser muy valiente o muy descerebrado para intentarla. De todas formas, la misma alienación de los dirigentes del PP valenciano respecto a los principios básicos de la democracia, sus delirios de grandeza, el haberse llegado a creer que habitan el Olimpo político, los hace capaces de cualquier cosa. En el PP valenciano hay algún Richelieu emboscado, tipo Rafael Blasco, capaz de pensar que esta puede ser su operación definitiva.
Deberían no olvidar que Camps es un maestro ganando pulsos a los pequeños pero que cuando lo intentó en el caso de Ricardo Costa su derrota fue sonada.




Este vídeo del portal "Malaslenguas" hace un buen resumen del revolcón de Camps y Costa.




La carrera política de Camps son años de navegar con el viento a favor e ir escalando responsabilidades de "dedazo" en "dedazo". Que nadie olvide que el cargo que ocupa se lo regaló Zaplana. Y ya se sabe que lo que un dedo da, un dedo quita. Él se podrá resistir pero, a la vista de como le fue en el "caso Costa", es posible que los que hoy le jalean le dejen tirado cuando lo noten débil y, en eso, se acabe todo. Esto va camino de aquello de Gila: "alguien ha matado a alguien..."

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