miércoles, 19 de enero de 2011

En España, algo va pésimo

El inmenso dominio de la derecha, en España y mucho más allá, tiene que ver con multitud de elementos y consideraciones. La derechización de la sociedad, entendiendo como tal el predominio de sus principios, es un hecho incuestionable y que tal cosa acabará perjudicando la calidad de vida de los ciudadanos de a pie, a mi me parece fuera de toda duda. Hay distintas cuestiones que tienen una gran influencia en lo que está sucediendo. El desmoronamiento del pensamiento comunista y la desaparición del equilibrio que eso suponía ante las peores pretensiones capitalistas creo que es una razón de primera magnitud. Añádase el control de los medios informativos, la fractura de la separación de poderes, el incontable número de voluntades directas que el dinero es capaz de comprar, la ventaja que supone actuar sin una conciencia condicionada por principios nobles... En fin, por hablar de una obra reciente, sugiero pasarse por "Algo va mal" de Tony Judt cargar la mochila de razones con interpretación incluida.
Yo, consciente de mis limitaciones, voy a ser menos ambicioso que Judt y simplemente voy a añadir una especie de nota a pie de página, referida a España, a lo dicho por el profesor. Me parece que la hegemonía de la derecha no puede entenderse sin ser consciente de la inanidad intelectual de la inmensa mayoría de la clase política española. A fuerza de despreciar la inteligencia, la propia y la ajena, y de apelar a los peores rasgos de la condición humana, los políticos se han convertido en un grupo social inferior y, así las cosas, el terreno favorable a la derecha está abonado. Y frente de la derecha, ¿que hay? Nada, en todo caso, nada distinto. Lo cual desbroza definitivamente el camino conservador. No importa la corrupción, no importan sus errores de gestión. La derecha les seguirá votando y la izquierda se quedará en casa.
El pasado miércoles, en una rueda de prensa celebrada en Bruselas, el President de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, del PP, se topó con un periodista que le preguntó por sus problemas judiciales ligados al "caso Gürtel". Camps, una vez más se negó a contestar, mejor dicho, le contestó explicándole la importancia y necesidad de las nuevas infrestructuras que estaba reclamando. Camps en España no concede entrevistas ni acepta preguntas en las mal llamadas ruedas de prensa. Junto a Camps estaban Manel Villalante, alto cargo del Ministerio de Fomento del gobierno del PSOE, y Lluis Recoder, conseller de Territori de la Generalitat de Catalunya, de CiU. ¿Qué hicieron ante la actitud de Camps? Pues reírle la gracia, destacar su habilidad, lo bien que usaba la mentira para contestar y lamentar el mal gusto del periodista por preguntar lo que preguntó. ¿No sabe Villalante que ha sido su propio partido, el socialista, el que ha llevado al President valenciano ante los tribunales por las cuestiones que le planteaba el periodista? Si Villalante y Recoder no pertenecieran al grupo social inferior al que antes me he referido, al menos uno de los dos, se hubiera dado cuenta de lo inaceptable del comportamiento de Camps, de que burlarse del que pregunta es burlarse de la ciudadanía y de que no hay sitios inoportunos para que un político conteste; se hubieran dado cuenta y, como mínimo, se hubieran callado.
Como no creo que se trate de nada genético, estoy dispuesto a aceptar que puede haber personas dedicadas a la política que no hayan caído en el grado inferior de la condición humana que habitan buena parte de sus colegas de profesión. Lo acepto con la condición de que alguna vez, públicamente, demuestren que son capaces de pensar por si mismos y que saben decir que no cuando toca decir que no, sea ante quien sea.
A modo de epílogo dejo aquí un fragmento de una conferencia del profesor Arcadi Oliveres que, al menos, se puede decir que ofrece algunas pistas sobre en qué dirección podría buscar la izquierda su discurso, o parte de él.

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