jueves, 2 de diciembre de 2010

Wikileaks y el silencio

Nada, todo normal. Ahora parece que el gran problema es Wikileaks y el gran peligro, el señor Julian Assange. Ante las revelaciones que están apareciendo resulta que, si hacemos casos a los políticos y diplomáticos de todo el mundo, tenemos dos opciones: creernos que se trata de documentación sin importancia que se limita a reflejar el trabajo habitual de los embajadores y sus colaboradores o indignarnos porque, con su publicación, se pone en peligro, como mínimo, las relaciones bilaterales entre los distintos países e incluso el futuro del planeta...O nada, no importa, o todo es gravísimo ¡Será por amenazas! A mí me parece que no es ni lo uno, ni lo otro. Que es más simple, que la democracia, empezando por los Estados Unidos y siguiendo por España, está en manos de políticos, o lo que sean, que colonizados por el virus del sentido de Estado acaban poniendo sus particulares intereses por encima del interés general y, por supuesto, muy por encima de la ley.
No me escandaliza que el embajador de Estados Unidos intente presionar a las autoridades políticas españolas y hasta a la justicia para solucionar sus problemas o los de sus nacionales. Dudo que tales actividades sean legales pero no me escandalizan. Lo que me parece inaceptable es que los gobernantes españoles se plieguen a las demandas americanas aunque satisfacerlas suponga vulnerar la ley y perjudicar a ciudadanos españoles, y que mientan, y que utilicen a las personas. Gente como Moratinos, López Aguilar y demás citados deberían dar explicaciones hasta los más ínfimos detalles de todas las dudas que se ciernen sobre ellos. Aunque solo fuera por el asesinado José Couso, y por su familia, deberían poder demostrar que, contra lo que indican los documentos de Wikileaks, jamás se ciscaron en la memoria del fotógrafo, ni jugaron con su imagen con el único objetivo de atacar al gobierno de José María Aznar. El silencio de todos los personalmente aludidos condena, por si algo le faltaba, al propio José Luis Rodríguez Zapatero, aquel que se comprometió a no fallar a los jóvenes que le jaleaban, entre otras cosas, por su supuesta firmeza ante los Estados Unidos.
Sobre Conde-Pumpido no me sale otra cosa que pedirle que se vaya a casa, que el país encontrará a otro para que dirija la Fiscalía y que a él siempre le quedará un despacho desde el que continuar asesorando a los americanos. Un despacho que le sería muy fácil de compartir con el fiscal Zaragoza, hombre que parece más dotado para la defensa que para la denuncia, como se demuestra no solo en el "caso Guantánamo", sino también en como se ha preocupado de que no se continúen investigando los crímenes del franquismo.
Y dicho todo esto, añadir que muy bueno el trabajo de "El País". Como ciudadano, aunque sea su obligación, gracias, muchas gracias.

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