miércoles, 17 de noviembre de 2010

Esperanza Aguirre y la obsesión por el sexo

No hay libertades absolutas. La ley siempre supone una limitación de la libertad pero es que no hay mejor camino para hacer posible la convivencia. La ley es, sobre todo, la única forma que tiene la buena gente de protegerse de los abusos de la chusma, de los delincuentes, de los que están dispuestos a todo con tal de obtener algún beneficio. Así que defender las recientes palabras del tertuliano Salvador Sostres en "Telemadrid"como un simple ejercicio de libertad de expresión es un un error o una muestra de mala fe.



Otro ejemplo. Con motivo del terremoto de Haití, Sostres escribió: "Eso de Haití es un drama pero el mundo, a veces, hace limpieza. No podemos vivir todos tanto tiempo y sólo los mejores y los que viven en mejores condiciones perduran. El mundo menstrua, como así tiene que ser. No me alegro, de la tragedia de Haití, pero estas cosas pasan y equilibran el planeta".

Vaya por delante que Sostres, un humorista sin gracia, un friki más de la televisión de nuestros días, no es lo importante. Gente que no respeta a sus semejantes hay muchísima. La cuestión es saber por qué el diario "Avui" le concede una columna de opinión a un señor con estas actitudes como único mérito, o por qué lo hacen "El Mundo" o "Telemadrid", como si no tuvieran donde elegir para encontrar gente dipuesta a culpar a la izquierda y a Zapatero de todos los males del planeta. A mí Sostres no me provoca ni la más tímida de las sonrisas pero podría entender que lo colocaran en las páginas de humor, pero no que lo presenten como un analista serio.
Sus palabras tienen interés público porque un plató de televisión instantes antes de una grabación, con las gradas llenas, con todo a punto para el inicio del programa no es un ámbito privado. Es más, un contertulio televisivo tiene que ser escrupuloso a la hora de hacer comentarios que puedan ofender la dignidad de las personas y, en el supuesto de que tenga un desliz, demostrar que se es consciente de ello y no perseverar en tal conducta. Un contertulio de televisión es un referente social y, por tanto, debe ser tan libre de opinar como respetuoso con los demás.
La libertad de expresión no ampara los excesos que aquí nos ocupan, igual que la libertad de circulación de las personas no permite ir en coche a más de 120 por hora o la libertad de mercado no permite la esclavitud. En este sentido, al gobierno de España se le debe reprochar su dejadez, su indolencia, que no utilice su capacidad legislativa para evitar este tipo de comportamientos en televisión. Legislar no es oprimir, pese a que se puedan rasgar las vestiduras los verdaderos opresores. Aquí y ahora, los dueños de las cadenas de televisión, sean empresarios o políticos, son los poderosos y los espectadores, el eslabón más fragil, los que precisan protección. Robert Lammenais, un sacerdote y pensador católico liberal del siglo XIX, ya advertía que "donde hay fuertes y débiles, la libertad oprime y la ley, libera".
Puestos a defender la libertad de expresión en Telemadrid se me ocurre que antes que la de Sostres para hacer apología del sexo con menores o despreciar a los niños marroquíes se podría proteger la de los periodistas de la cadena pública madrileña frente a la manipulación y censura informativa que, sistemáticamente, aplica Esperanza Aguirre. Por cierto, que casualidad que con lo irreverente, atrevido y temerario que es Sostres en sus comentarios nunca, jamás, roce ni por asomo crítica alguna contra Aguirre. Que casualidad.

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