miércoles, 20 de octubre de 2010

Zapatero pasa al ataque

Si los cambios de gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero los entendiéramos como un silogismo, a mi me parecen muy evidente las premisas pero, en cambio, entendidas éstas, soy incapaz de dar con la conclusión. Es decir, me parecen muy evidentes todos los cambios de ministros, Rubalcaba y su vicepresidencia incluida, pero no sé como hay que interpretar todo lo sucedido de cara al futuro.
No hay duda de que la crisis de gobierno debe leerse en clave electoral, intentar salvar los muebles en las próximas autonómicas y municipales y recuperar el terreno perdido en las generales de 2012.
Uno de los cambios debe analizarse estrictamente como una cuestión de partido, me refiero a la llegada de Leire Pajín al ministerio de Sanidad. Zapatero tenía el partido a la deriva. En lo orgánico solamente saltaban malas noticias y las perspectivas electorales no presentaban ni un solo brote verde. Pajín, como secretaria de Organización, estaba más que amortizada. Su desgraciada gestión como número tres del PSOE es el ejemplo evidente de que las responsabilidades deben repartirse atendiendo, aunque sea un poco, a la preparación y no a la fidelidad. La defenestración absoluta de Pajín hubiera sido un reconocimiento demasiado evidente del error cometido, así que el aterrizaje en el ministerio de Sanidad, un departamento con poco contenido real que ahora se amplía con Igualdad, es la forma de salir del paso. Catapultada la alicantina, la secretaría de Organización va a manos de Marcelino Iglesias, justo un perfil opuesto al de su antecesora. Iglesias es discreto, experimentado y acostumbra a salir victorioso de los pulsos en que se ve metido.
Trinidad Jiménez deja Sanidad y releva a Moratinos en Exteriores porque la recién derrotada en las primarias de Madrid asegura dos cosas: plena obediencia al Presidente y, además, puede mejorar la imagen del discreto Moratinos sin poner en riesgo la efectividad de la labor.
Los nombramientos de Rosa Aguilar, hasta hace cuatro días el principal valor mediático de Izquierda Unida, y Valeriano Gómez, bien visto por los sindicatos y crítico con la reforma laboral, son dos guiños de carácter progresista. Aguilar y Gómez vienen a taponar la vía de agua detectada a la izquierda que es, según todas las encuestas, el flanco por el que, vía abstención, los socialistas sufren la sangría electoral que les tiene a más de diez puntos del Partido Popular.
Finalmente, los cambios que afectan a Ramón Jáuregui y a Alfredo Pérez Rubalcaba representan poner toda la carne en el asador, sacar al terreno de juego lo mejor que se tiene a mano para apagar el incendio declarado que no tiene visos de amainar. Los dos veteranos políticos que forman parte de la misma maniobra del todo o nada.
Zapatero nos ha presentado a su "Señor Lobo" a Alfredo Pérez Rubalcaba. Vicepresidente, ministro del Interior y Portavoz del Gobierno. Todo en uno para que todos los focos caigan sobre él, el mejor según todos, para ver si puede obrar el milagro. Sólo un pero: si estaba claro que se iba a apostar por Rubalcaba, ¿qué necesidad había de que el santanderino se implicara tanto en el proceso de primarias de Madrid para acabar perdiéndolo?
Hombro con hombro con Rubalcaba, Ramón Jáuregui debe ser su compañero de tarea, pero en la sombra. Nada muy distinto a lo que ya le tocó hacer en el grupo parlamentario hasta 2008. De aquí a las elecciones habrá muchas gaitas que templar. Un año y medio en minoría necesita de un componedor con experiencia y hábil para que la soledad parlamentaria del gobierno no desemboque en un drama cada semana.
Hasta aquí todo me resulta muy evidente pero, con lo trascendente del paso dado por Zapatero, y pese a todas las lecturas que señalan a Rubalcaba como el ungido para suceder al Presidente, no creo que lo sucedido aporte luz sobre la pregunta del millón de dólares: ¿será José Luis Rodríguez Zapatero el próximo candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno? Veo que, en general, hay mucha coincidencia en que el encumbramiento de Rubalcaba asegura el adiós del actual inquilino de la Moncloa. Puede ser. Señalar tan claramente a un número dos apunta a un futuro relevo, pero creo que hay razones para dudar. En los próximos meses, siendo el foco de la atención de todos y de todo, Rubalcaba estará en el centro de la diana, y tantos meses así pueden quemarle mucho más de lo que necesitaría un candidato alternativo al desgastado Zapatero. Es más, el pim-pam-pum que se avecina sobre Rubalcaba puede resultar el mejor escudo para proteger al Presidente y recuperar su imagen. Veremos.

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