viernes, 29 de octubre de 2010

El asco es de derechas

Decir que la democracia en la que estamos instalados da asco puede parecer excesivo pero si asco es, entre otras acepciones, "impresión desagradable causada por algo que repugna" hay mucha gente con argumentos para firmar la frase.
Veamos algunos ejemplos:
Digo yo que puede sentirse asqueado aquel a quien se le muere el padre de un infarto mientras desespera en unas listas de espera que supuestamente no existen.
También cualquiera que ve como sus hijos encadenan fracasos en el colegio y se hacen mayores en unos barracones que, en teoría, son clases provisionales con todas las comodidades pero en las que los pobres chiquillos se asan en verano y se hielan en invierno, sin medios, sin profesores de apoyo.
¿A alguien le puede extrañar que se muestre asqueado quien tenga, pongamos, un hermano al que acaban de despedir de una televisión pública, plural y objetiva según la ley, por el grave delito de negarse a decir que lo blanco es negro? No, no es extraño.
¿A que asalariado contribuyente le puede sentar bien ver que mientras él declara todo lo que cobra y está indefenso, los más ricos, políticos incluidos, se dedican a los negocios oscuros y se escapan de la justicia gracias a las legiones de abogados que les rodean? Eso no le puede sentar bien a nadie.
Asco ha de sentir, a la fuerza, todo pequeño empresario que sabe que si quiere acceder a un contrato con una institución pública no tiene otra vía que pagar mordida. Mordida o cierre. Buen dilema.
Vamos, idéntico asquito que el de quien debe pagar una multa por un mal aparcamiento mientras la respetebilísima cúpula judicial echa capotes en casos flagrantes y de mucho dinero a los mismos políticos que, casualmente, han propuesto su nombramiento.
Hay que reconocer que no es de locos sentir asco si tu hija, perfectamente preparada, se queda a las puertas de aprobar una oposición que finalmente se lleva el primo de la concejal que, aunque no reúne las condiciones que se exigían, ha sido considerado el más adecuado por un tribunal del que no se debe dudar, claro.
El mismo asco que puede experimentar un ciudadano que sabe que con dinero público, con su dinero, se ayuda a los bancos, uno de los cuales le acaba de desahuciar, dejándole sin casa y con una deuda añadida que acabarán pagando sus hijos.
Más allá de todo esto, es bastante repugnante que los votos de unos y otros sean tan desiguales que resulte que el de un señor que apoya al PSOE o al PP valga cinco veces más que el de otro que apoye a Izquierda Unida o a UPD.
Podría seguir pero no creo que sea necesario. Lo políticamente correcto está haciendo mucho daño. Todo se toma como “lo que hay”, como si fuera un fatalismo divino y a quien se le escapa algo parecido a “esta democracia me da asco” se le condena con el argumento de que sus palabras contribuyen a cargarse el sistema, como si el sistema no se lo estuviera cargando ya a él. Lo peor es que nada se hace al respecto, que los dirigentes políticos de nuestra democracia miran hacia otro lado, se atusan el flequillo, se colocan bien la corbata, dan una nueva orden al chófer mientras rebuscan en su cartera la "visa" a cargo de la institución de turno y únicamente tienen la cabeza en como lograr estar otra vez en la candidatura de su partido para las próximas elecciones, para seguir tirándose los trastos teatralmente a la cabeza. Los países se cambian con leyes; las leyes, con la política; la política, con valores, y de momento los únicos valores que cotizan al alza son los valores de bolsa, que son tan de derechas como lo que vota la gente cuando está asqueada.

No hay comentarios: