lunes, 20 de septiembre de 2010

Izquierda de derechas

Hace unos días escuché como un diputado socialista justificaba las decisiones del gobierno Zapatero (reforma laboral, menos gasto social, recortes para los funcionarios, para las pensiones,...) con el argumento de que la mayoría de países europeos han hecho lo mismo que el ejecutivo español. A efectos políticos, el diputado olvidó el pequeño detalle de que en 24 de los 27 países de la Unión Europea los partidos de derechas están en el gobierno.
Si la convicción a la que han llegado los dirigentes del PSOE es que no hay ninguna posibilidad de adoptar una política económica diferente a la que ponen en práctica los partidos de derechas deberían decirlo. Si finalmente son conscientes de que sus decisiones en temas económicos no difieren en lo fundamental de las que tomaría un gobierno del PP están obligados a compartirlo con los ciudadanos. El votante tiene derecho a saber que cuando se enfrenta a las urnas no está ante dos posibles políticas económicas diferenciadas, que los socialistas no transitan un camino que no transiten Rajoy y su partido.
Parece que la izquierda, sumida en ese pozo de no encontrar una respuesta propia a los grandes desafios actuales, alza bandera blanca y apuesta por las mismas recetas que sus supuestos antagonistas ideológicos. Bien, es una decisión aunque no parece la mejor para ganar las elecciones; ni para mejorar la caliadd de vida de los más desfavorecidos, ni para darles esperanza, ni para alimentar la utopía como motor de progreso.
Aceptando que la política económica del PSOE es la que practican todos los gobiernos europeos, de derechas, la conclusión es que la izquierda que ofrecen los socialistas es una política conservadora con los añadidos, por ejemplo, de la retirada de las tropas de Irak, la reforma del aborto, los matrimonios gays y la retirada de símbolos franquistas. Habrá quien lo considere suficiente y quien no, pero es lo que hay.
Zapatero, que llegó a la presidencia del Gobierno con aquella promesa de "no os fallaré", llevaba meses negándose a tomar unas decisiones económicas que, un día de mayo, como quien se cae del caballo camino de Damasco o recibe un ladrillazo en la cabeza, adoptó con entusiasmo y convencido. En su rectificación sin explicación alguna está el reconocimiento de que sí falló, doble fallo. Por una parte ha acabado haciendo lo que aseguraba que nunca haría que es recortar por los más débiles y reducir derechos sociales, pero además, si fuera el político diferente que se suponía, y no pudiendo escabullirse de las presiones recibidas, habría explicado con detalle cómo habían sido éstas, de dónde habían venido y cuales eran las amenazas si no hubiera cedido. Si a la izquierda no se le puede ni pedir que explique porque gobierna como la derecha no hay ninguna posibilidad de que sea izquierda.