miércoles, 14 de julio de 2010

Orihuela: su pueblo y las trampas

Un caso práctico de la diferencia entre responsabilidad política y responsabilidad judicial: Orihuela; un empresario, Ángel Fenoll, se dedica a afiliar al PP de esa localidad a un grupo de sus trabajadores sin que ellos lo sepan; luego les da un día de vacaciones, merienda y autobús para que vayan a la asamblea local de la formación a votar por la candidata, Mónica Lorente, que a él le interesa que controle el partido. Y Mónica Lorente gana. Y Mónica Lorente es hoy la presidenta del PP de Orihuela, y alcaldesa de la población. Las maniobras de Fenoll se conocieron ayer. Pues bien, la justicia dirá si tales maniobras son o no son delito. Toca esperar. No parece, sin embargo, que de lo dicho hasta ahora se pueda deducir alguna responsabilidad judicial que afecte a Mónica Lorente. En el terreno que sí está afectada, y mucho, es en el político. Lorente debería haber salido al paso inmediatamente para aclarar si lo conocido es cierto o no y, si es cierto, decir que le parece y que piensa hacer al respecto. Más allá tendría que explicar por qué cree que Fenoll hizo lo que hizo y cómo encaja eso con los negocios que desde la alcaldía facilitó al citado empresario. Lorente, en la medida que los votos "comprados" por Fenoll fueron decisivos para poder hacerse con el control del partido en Orihuela, está obligada a convocar de inmediato una nueva asamblea, revisar el censo de militantes de su partido y someterse a otra votación, esta vez limpia. Vuelvo al principio, puede que Mónica Lorente no tenga ninguna responsabilidad judicial por los tejemanejes de Ángel Fenoll pero, puesto que sus cargos son fruto de trampas, o actúa en consecuencia o se convierte en la máxima responsable política de las prácticas corruptas de Fenoll. Así de sencillo.

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