lunes, 10 de mayo de 2010

Más democracia, más trabajo y menos profetas

Cuando se apela a lo extraordinario de forma ordinaria para resolver los problemas planteados es que algo funciona mal, muy mal. En las instituciones sería de desear que cada cual cumpliera con su cometido y que los manifiestamente incapaces se fueran a casa por propia voluntad o que, elecciones mediante, los relevara el electorado. Respetar los plazos. Tantas veces nos hemos quejado de que las legislaturas son muy cortas y que, por tanto, decíamos, no llegan para desarrollar el programa de gobierno o las elecciones son tan seguidas que abocan al cortoplacismo. Ahora resulta que no, que no se puede esperar, que se precisan soluciones extraordinarias, que no hay tiempo. No estoy de acuerdo. El gobierno Zapatero no nos saca de la crisis, cierto. Pero, ¿qué puede hacer pensar que otro gobierno sí lo conseguiría? ¿Un gobierno del PP? Porque si no lo hace el PSOE, lo tendría que hacer un gobierno del PP. ¿A partir de qué medidas? ¿Con qué política? Se desconoce. No se sabe nada de cómo lo haría porque allí donde gobierna, en aquellas comunidades que dirige, no está aplica políticas que inspiren confianza, nada distinto, nada novedoso, nada esperanzador. Misterio absoluto sobre sus propuestas concretas más allá de que se ha de recortar el gasto social, no subir los impuestos, sanear las entidades financieras y reformas estructurales, empezando por la laboral. Ya, pero ¿qué gasto público se recorta exactamente? ¿Qué? ¿Qué? Dejarlo todo en el titular es puro brindis al sol. Igual que la reforma laboral, ¿van a decir en que consistiría? Incluyen la reforma educativa en las medidas imprescindibles pero resulta que el PP no llega a un acuerdo con el gobierno sobre educación por culpa de no considerar asegurada la enseñanza el castellano en toda España. Si en eso creen que radica el camino para una mejora económica, vamos apañados.
Me resulta altamente sospechosa la fe que el PP, hoy mismo lo ha dicho Mariano Rajoy, tiene en las obligaciones interpuestas por la Unión Europea a España. Destacaba feliz el líder de los populares después de reunir al Comité Ejecutivo de su partido que "Europa ordena recortar el gasto público y sanear las el sistema financiero". Genial. Pretender que un gobierno de izquierdas haga eso, sin más, resulta genial. Los recortes, para los servicios que recibe el grueso de la población, y los regalos, a la banca para que equilibre sus resultados. Es decir, apagamos el fuego restando inversión en bomberos e incrementándola en pirómanos. No está mal.
Acabo por donde empecé. No pidamos cosas extraordinarias, exijamos que gobierno y oposición se ganen el sueldo pero sin milagros, que no los hay en ninguna parte. Ya está bien de bromas. Los ciudadanos han digerido que los mismos que durante los últimos años decían que España era El Dorado ahora nos anuncien crisis, terremotos y dolor para nosotros y nuestros hijos. Ninguno de tantos profetas apoltronados se ha ido a casa, vale, pero al menos que trabajen más y hablen menos.
Ni un gobierno de gran concentración solucionaría nada (¿quién tiene las soluciones?), ni los tribunales han de solucionar los problemas políticos (la política se hace en el Parlamento y no en el Constitucional), ni se necesita llenar de técnicos las instituciones para evitar la corrupción (lo que hay que hacer es que llevarse por delante a los políticos delincuentes con mayor dureza que los que son delincuentes sin ser políticos).
Democracia y trabajo. Y un poco más de vergüenza, que cada vez se necesita más coraje para aguantar ante el televisor una sesión del Congreso de los Diputados.

1 comentario:

Anónimo dijo...
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