miércoles, 5 de mayo de 2010

Estrategias ante los escándalos: el "modelo Camps"

Francisco Camps sabe que está perdido y, por eso, actúa como quien está al margen del juego, como si no tuviera nada que perder, como si nada fuera con él.
Ante los escándalos políticos hay distintos modelos de reacción. Veamos los supuestos más sencillos:
1. Si no se tiene nada que esconder, lo más fácil es abrir en canal la gestión realizada y disipar todas las dudas.
2. Puede pasar que la culpa sea de un subordinado, con lo cual el dirigente puede reconocer su ignorancia, y por tanto un cierto nivel desgobierno, o disimular y mentir para evitar tener que aceptar nada.
3. Cuando las responsabilidades están llenas de claroscuros, que es lo más habitual, lo pertinente es llevar el debate a la parcela que más interesa y, allí, ofrecer las razones de que se dispone y que, al menos en ese campo, son incontestables
La actitud de Francisco Camps en la gestión del escándalo Gürtel no pertenece a ninguna de estas estrategias. Camps no puede optar por lo descrito porque no dispone de un solo argumento al que asirse, todos los datos le incriminan.
Por tanto, discrepo de quienes argumentan que Camps se ha equivocado al negarse a dar explicaciones sobre el “caso Gürtel”. Francisco Camps, y todo su entorno, ya que son una unidad de destino, están haciendo lo único que pueden hacer: enrocarse en que se es objeto de una persecución, que todo es mentira y que, pese a todo, el tiempo acabará demostrando que uno era inocente. El objetivo de Camps es mantenerse en el poder porque sin cargo no es nadie, no vale nada. Las poltronas son las que mantienen la cuerda de presos en la que ha degenerado su gobierno. Por eso buscan desesperadamente un resquicio legal al que asirse, por lo civil o lo militar, limpio o sucio. Con impugnaciones, recursos, recusaciones, dilaciones, prescripciones, el caso es evitar la condena. Si no hay condena no hay problema. Políticamente, por más que las evidencias avergüencen, no hay peligro. Sus votantes no les piden la verdad, no preguntan, se lo tragan todo, les continuarán votando. Por eso, dar explicaciones solamente podría perjudicarles, evidenciar sus contradicciones. No es una táctica, es una forma de hacer política, su forma de hacer política. El debate va contra su modelo, así en la paz como en la guerra, igual cuando las cosas van bien que cuando, como ahora, van mal. Apelan a la fe de los votantes, a la política de trincheras, a la víscera, se disfrazan de cruzados de la causa justa y no ofrecen argumentos sino eslóganes. Que escampe, eso esperan. Saben que es más fácil huir de la responsabilidad penal que de la política, por eso en esta no entran y confían todo a eludir la primera.
Pero Camps es un cadáver, por más que se empeñen. Un muerto a manos de trajes regalados, financiación irregular, contratos amañados y comisiones repartidas bajo mano. Madrid le dejará caer. Claro que Camps ganaría las próximas elecciones; las ganaría incluso desde la cárcel, pero igual que las ganaría cualquier otro candidato que el PP presentara, y esto en Génova lo saben. El “caso Gürtel” no desgasta a Camps pero sí a Rajoy. En Madrid no querrán llegar a las elecciones de 2012 con semejante cadáver en el armario, sería demasiada ventaja para los rivales. Camps caerá.


Escuchar hoy lo que Francisco Camps afirmó el día 19 de febrero de 2009 cuando aparecieron en prensa las primeras informaciones sobre su implicación en el "caso Gúrtel" pone de manifiesto su falta de argumentos. Dijo "ni una de las filtraciones interesadas han soportado el paso de una sola jornada". Han pasado casi 500 "jornadas" y el proceso judicial no solamente se mantiene sino que, como una creciente mancha de aceite, ya implica a todo su gobierno, a la cúpula de su partido, a los directivos de "Gürtel" y a destacados empresarios valencianos. Aquel día, Camps basó su intervención en desmentidos y amenazas, los desmentidos se han demostrado falsos y las amenazas no se han cumplido.

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