lunes, 19 de abril de 2010

El gobierno Zapatero al servicio del PP

La destrucción del barrio del Cabanyal para conseguir que la Avenida de Blasco Ibáñez de Valencia llegue hasta el mar está dejando a muchos con las vergüenzas al aire. Por una parte, y más allá de la indiscutible pretensión de facilitar un pelotazo inmobiliario, el Partido Popular valenciano está evidenciando su forma más que autoritaria de ejercer el gobierno. La alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, quiere contra viento y marea la prolongación de Blasco Ibáñez sin reparar en razones, sin atender ni a la ley ni al sentido común. Junto a ella, todo un gobierno autonómico, ahogado en su incompetencia contumaz y asfixiado por la corrupción, utiliza el caso como banderín de enganche electoral con el manido argumento de "nos tienen manía", "van a por nosotros", " a mí Valencia, que nos atacan". El PP se desentiende de la ley cuando se niega a aceptar las competencias que el gobierno central tiene sobre el asunto en cuestión y, como si de los más radicales independentistas se tratara (ver para creer), al grito de "esto es una intromisión inaceptable", llama a la resistencia y busca cualquier subterfugio para burlar la autoridad estatal y la legalidad. El sentido común, léase también como espíritu democrático, lo obvian cuando se empecinan en su proyecto urbanístico contra el sentir de buena parte de los vecinos con los que ni siquiera se dignan a hablar, cuando lo pretenden llevar adelante sin más explicación que "por que sí" y cuando hacen oídos sordos a la montaña de informes, dictámenes y opiniones técnicas especializadas que les piden que reconsideren sus pretensiones.
La perseverancia de un grupo de vecinos organizados alrededor del colectivo "Salvem el Cabanyal" ha conseguido que la justicia ponga pie en pared y, al menos de momento, evite la definitiva aniquilación del barrio. Han hecho, ellos con su determinación, lo que durante años no han sido capaces de hacer los partidos políticos de oposición, los socialistas preferentemente. Con mañas y a traición, el Ayuntamiento de Valencia sigue tirando casas y los vecinos se tiran a la calle para, con sus cuerpos, detener el avance de las máquinas.
Pues bien, la semana pasada hubo demoliciones y vecinos plantando cara. Y se la partieron. Como en los mejores regímenes dictatoriales, la policía, la nacional, la que está bajo el mando del gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, pegó y pegó a ciudadanos indefensos que no hacían otra cosa que resistirse pacíficamente a la destrucción irreversible de su barrio.
La televisión autonómica valenciana, Canal 9, como eterno elemento propagandístico del PP y del gobierno Camps, intentó falsear la realidad, pretendió hacer creer que las cabezas, o las piernas, o los brazos de los concentrados impactaban con dureza con las porras policiales. Los violentos son los vecinos que se enfrentan a Rita Barberá, las cargas policiales lo demuestran. El mundo al revés. Pero, claro, hay otras cadenas y, por encima de todo, es imposible enseñar lo que no pasó. Hubo violencia, mucha, pero toda salió de las fuerzas policiales, de los agentes dependientes del delegado del gobierno, Ricardo Peralta, del gobierno Zapatero en definitiva. Ha pasado una semana y nadie ha dado explicaciones. Nadie ha contado de dónde salieron las órdenes, ¿o no las hubo? También pueden decir que la policía actuó por su cuenta. Qué más da... Desde cuándo los políticos se ven condicionados por la verdad a la hora de ofrecer excusas...
Las imágenes dejan poco sitio para la duda. Les ruego las miren. Es España. Es 2010.



El litigio político y social que representa el "caso Cabanyal" enfrenta a vecinos contra autoridades; "Salvem el Cabanyal" contra el PP. Los vecinos creían contar con el gobierno Zapatero para evitar un derrota por aplastamiento. Deberán reconsiderar tal impresión. Barberá, Camps y demás justifican todas sus actuaciones unilaterales con el falso argumento de que se enfrentan a un grupo de violentos. Por eso llama la atención que sea la policía nacional, la dependiente del ejecutivo central, la que haya dado la razón a los dirigentes del PP; con su brutal intervención los agentes policiales colocan el cartel de violentos a los vecinos que llevan años sufriendo la violencia institucional que supone la degradación del barrio, la presión para que malvendan sus casas y las constantes amenazas para que abandonen. Resulta curioso oír como se habla de batalla campal, de enfrentamientos, de agresiones, de policías heridos, de piedras volando pero sin que se vea nada de todo eso. No se ven piedras, solamente porrazos; no hay batalla, sólo recibe una de las partes; no hay enfrentamiento, sólo represión. No hay más violencia que la policial. Que Canal 9 no haya dado ni una sola imagen de lo que publicitan, de lo que pretenden hacer creer, es una prueba evidente de su inexistencia. Una sola piedra que hubiera caído sobre la policía se hubiera contemplado más veces en pantalla que el primer paso del hombre en la luna; repetida, ralentizada, con la súper-lenta. Si no se ha visto es que no la hubo, por más que con la narración se pretenda hacer creer al espectador que ha visto lo que no ha visto. Es una práctica muy vieja. Y muy poco profesional. Y nada democrática.

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