viernes, 26 de marzo de 2010

Dos democracias: El problema no es Rus sino Rajoy

La cuestión que hoy me ocupa puede parecer local pero nada más lejos de la realidad. El deterioro de la democracia española es evidente y acelerado y las recientes explicaciones, por llamarle de alguna forma, del Presidente de la Diputación de Valencia, Alfonso Rus, sobre la censura de una exposición fotográfica, deja poco espacio para el optimismo. Como si viviéramos en dictadura, el mencionado Rus no tuvo ningún reparo en mostrarse públicamente como alguien que desprecia la democracia, que no respeta a quienes no le votan y que se dedica a tomar represalias contra aquellos que le critican, a él o a su partido, el PP. A continuación me detengo en los detalles del caso pero, de entrada, lo más grave no son las palabras de Rus sino la falta absoluta de reacción por parte de los dirigentes de su partido. No haberle desautorizado, no haber dejado claro que en el PP no caben personajes de esta calaña indica que el conjunto de la formación, empezando por Mariano Rajoy, Dolores de Cospedal o Soraya Sáez de Santamaría comparten tan totalitarias actitudes. Dicho de otra forma, la democracia española es imposible que sea real si uno de los dos grandes partidos (del otro no hablo hoy) es tan antidemocrático como para que no le preocupe siquiera guardar las formas.
Isiah Berlin planteó "los dos conceptos de libertad": la negativa, que supone limitación del poder del Estado para que el ciudadano tenga un mayor margen de actuación según su voluntad, y la positiva, la que pretende liberar por decreto al ciudadano. Son dos mundos diferentes. Berlin, un liberal, mantiene que el segundo de los conceptos conduce a la represión.
Tomando a Berlin como referencia, también hay "dos conceptos de democracia": la negativa, que implicaría que todo gobernante supedita el ejercicio de su mayoría al respeto a los discrepantes, al pluralismo, a la tolerancia y al diálogo, y la positiva, según la cual ganar una elecciones, en la medida que supone el respaldo de la mayoría, legitima cualquier acción de gobierno. La segunda forma no es democrática y conduce al puro autoritarismo.
Alfonso Rus, alcalde de la ciudad valenciana de Xàtiva, presidente provincial del PP y presidente de la Diputación de Valencia, no sabe, no tiene ni idea, ni le importa, quien es Isiah Berlin. A él, una especie de Millán Astray a destiempo, tampoco le preocupa lo más mínimo la democracia. Las elecciones son para él la vía de llegada al poder, nada más.
El susodicho comentó la censura de la referida exposición fotográfica asegurando que:
1: Descolgó las fotografías de MuVIM (Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad), fotografías anteriormente publicadas por los distintos periódicos valencianos, porque "no me gustaban" .
2. La Unió de Periodistas, la organizadora de la muestra, solamente pretendía "hacer daño al PP" .
3. Las fotos "no eran correctas" .
4. "si quieren hacer apología del caso Gürtel que la hagan en su casa".
5. Los organizadores de la muestra "quieren ver a los mandatarios del PP debajo un puente".
6. Recordó que miembros (socios) de la Unió de Periodistes "habían firmados manifiestos contra el PP".
7. Advirtió que de cara al futuro "tomaba nota".
8. Anunció que antes de hacer un nuevo nombramiento "miraré quien ha firmado contra el PP aunque sea el mejor catedrático".
9. Remató con que toda la polémica no le agobia, ni preocupa sino que "me pone cachondo".



Este video da una imagen aproximada de la dimensión política de Alfonso Rus.


Así es el personaje. Hasta aquí llega. Lo alarmante es que, dada la gravedad de su actitud, por su boca hablan Rajoy y demás dirigentes populares. No echarlo del partido significa complicidad y tal complicidad solamente se entiende si se comparten argumentos.
Yo no milito en la misma democracia que Rus, ni en la de aquellos que, pudiendo, no hacen nada para evitar que un señor de estas características dirija, entre otras, una institución tan importante como la Diputación de Valencia. Me dan vergüenza y pena, pero también miedo. Si son capaces de decir todo esto en público, qué no dirán cuando están a solas y qué no les pasará por la cabeza. Agradezco no haber topado con ellos en 1940, por poner un ejemplo.
A Rus y compañía se les debería recordar que más allá de su cargo institucional no son nadie, que sus gustos, sus preferencias o sus obsesiones las deben dejar en casa y recurrir a ellas cuando ejerzan de particulares. Es obligado decirles, alguien con ascendente sobre ellos en el PP debería explicárselo, en el supuesto que alguien en ese partido lo piense, que como cargos institucionales se deben al conjunto de los ciudadanos, a las leyes y a los principios básicos de la democracia.
Reclamar esto treinta y cinco años después de la muerte de Franco parece mentira. Pero no. Resulta pertinente porque en la mente de los dirigentes del PP, por acción o por omisión, parece habitar el espíritu de aquel Caudillo espadón

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