viernes, 26 de marzo de 2010

Dos democracias: El problema no es Rus sino Rajoy

La cuestión que hoy me ocupa puede parecer local pero nada más lejos de la realidad. El deterioro de la democracia española es evidente y acelerado y las recientes explicaciones, por llamarle de alguna forma, del Presidente de la Diputación de Valencia, Alfonso Rus, sobre la censura de una exposición fotográfica, deja poco espacio para el optimismo. Como si viviéramos en dictadura, el mencionado Rus no tuvo ningún reparo en mostrarse públicamente como alguien que desprecia la democracia, que no respeta a quienes no le votan y que se dedica a tomar represalias contra aquellos que le critican, a él o a su partido, el PP. A continuación me detengo en los detalles del caso pero, de entrada, lo más grave no son las palabras de Rus sino la falta absoluta de reacción por parte de los dirigentes de su partido. No haberle desautorizado, no haber dejado claro que en el PP no caben personajes de esta calaña indica que el conjunto de la formación, empezando por Mariano Rajoy, Dolores de Cospedal o Soraya Sáez de Santamaría comparten tan totalitarias actitudes. Dicho de otra forma, la democracia española es imposible que sea real si uno de los dos grandes partidos (del otro no hablo hoy) es tan antidemocrático como para que no le preocupe siquiera guardar las formas.
Isiah Berlin planteó "los dos conceptos de libertad": la negativa, que supone limitación del poder del Estado para que el ciudadano tenga un mayor margen de actuación según su voluntad, y la positiva, la que pretende liberar por decreto al ciudadano. Son dos mundos diferentes. Berlin, un liberal, mantiene que el segundo de los conceptos conduce a la represión.
Tomando a Berlin como referencia, también hay "dos conceptos de democracia": la negativa, que implicaría que todo gobernante supedita el ejercicio de su mayoría al respeto a los discrepantes, al pluralismo, a la tolerancia y al diálogo, y la positiva, según la cual ganar una elecciones, en la medida que supone el respaldo de la mayoría, legitima cualquier acción de gobierno. La segunda forma no es democrática y conduce al puro autoritarismo.
Alfonso Rus, alcalde de la ciudad valenciana de Xàtiva, presidente provincial del PP y presidente de la Diputación de Valencia, no sabe, no tiene ni idea, ni le importa, quien es Isiah Berlin. A él, una especie de Millán Astray a destiempo, tampoco le preocupa lo más mínimo la democracia. Las elecciones son para él la vía de llegada al poder, nada más.
El susodicho comentó la censura de la referida exposición fotográfica asegurando que:
1: Descolgó las fotografías de MuVIM (Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad), fotografías anteriormente publicadas por los distintos periódicos valencianos, porque "no me gustaban" .
2. La Unió de Periodistas, la organizadora de la muestra, solamente pretendía "hacer daño al PP" .
3. Las fotos "no eran correctas" .
4. "si quieren hacer apología del caso Gürtel que la hagan en su casa".
5. Los organizadores de la muestra "quieren ver a los mandatarios del PP debajo un puente".
6. Recordó que miembros (socios) de la Unió de Periodistes "habían firmados manifiestos contra el PP".
7. Advirtió que de cara al futuro "tomaba nota".
8. Anunció que antes de hacer un nuevo nombramiento "miraré quien ha firmado contra el PP aunque sea el mejor catedrático".
9. Remató con que toda la polémica no le agobia, ni preocupa sino que "me pone cachondo".



Este video da una imagen aproximada de la dimensión política de Alfonso Rus.


Así es el personaje. Hasta aquí llega. Lo alarmante es que, dada la gravedad de su actitud, por su boca hablan Rajoy y demás dirigentes populares. No echarlo del partido significa complicidad y tal complicidad solamente se entiende si se comparten argumentos.
Yo no milito en la misma democracia que Rus, ni en la de aquellos que, pudiendo, no hacen nada para evitar que un señor de estas características dirija, entre otras, una institución tan importante como la Diputación de Valencia. Me dan vergüenza y pena, pero también miedo. Si son capaces de decir todo esto en público, qué no dirán cuando están a solas y qué no les pasará por la cabeza. Agradezco no haber topado con ellos en 1940, por poner un ejemplo.
A Rus y compañía se les debería recordar que más allá de su cargo institucional no son nadie, que sus gustos, sus preferencias o sus obsesiones las deben dejar en casa y recurrir a ellas cuando ejerzan de particulares. Es obligado decirles, alguien con ascendente sobre ellos en el PP debería explicárselo, en el supuesto que alguien en ese partido lo piense, que como cargos institucionales se deben al conjunto de los ciudadanos, a las leyes y a los principios básicos de la democracia.
Reclamar esto treinta y cinco años después de la muerte de Franco parece mentira. Pero no. Resulta pertinente porque en la mente de los dirigentes del PP, por acción o por omisión, parece habitar el espíritu de aquel Caudillo espadón

jueves, 25 de marzo de 2010

Entrevistas de servicio público: se agradecen

Mientras hay muchos políticos gobernantes que huyen de los periodistas y de las entrevistas como de la peste, estos últimos quince días hemos visto como el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, sacaba el máximo partido a tres comparecencias televisivas. Nada debería tener de extraordinario en democracia que los dirigentes políticos den explicaciones en televisión a preguntas de los periodistas. Lo que debería extrañar, es más, lo que no se debería aceptar de ninguna manera es lo que hacen, por ejemplo, los presidentes autonómicos de Castilla-La Mancha y el País Valenciano. José María Barreda y Francisco Camps, socialista, el primero; del PP, el segundo, coinciden en no aceptar preguntas de los periodistas ni siquiera cuando diariamente se topan con ellos cara a cara en los actos institucionales que sus gobiernos organizan.
Tampoco debería llamar la atención que las entrevistas a los políticos fueran incisivas, que en ellas se preguntará lo que el ciudadano quiere saber y no lo que el dirigente de turno quiere contar. Los políticos, sobre todo si gobiernan, tienen mil formas y maneras de hacer llegar sus mensajes, su propaganda, a la sociedad. Por eso resulta inaceptable que los periodistas se presten a aguantarles el botafumeiro, a ponerles cuestiones en bandeja para que se luzcan, para que suelten sus inaguantables eslóganes y lugares comunes de siempre.
Además, las entrevistas amables no sirven para nada. No las ve nadie. O casi nadie. Solamente las aguantan los irreductibles con lo cual no hay nada a ganar. Los demás se aburren tanto que cambian de canal. Lo hacen después de lanzar algún improperio al periodista, alguna descalificación al político y, en resumen, percibirlos como dos farsantes que pretenden tomar el pelo a la sufrida feligresía. Una buena entrevista es buena para todos: para el político que, si la tiene, puede ofrecer la mejor versión de si mismo; para el periodista, que no se ve obligado a ejercer de mamporrero, con lo que eso humilla, y para el ciudadano que puede ver satisfecho su interés.
Las tres últimas entrevistas a Zapatero han valido la pena. Unas más que otras, pero en los tres casos seguirlas no ha sido una pérdida de tiempo.
En TVE destacó especialmente la actitud de Pepa Bueno, de largo la mejor de los tres entrevistadores. Realmente, ella sola hubiera resultado más eficaz. Un momento para destacar: cuando la mencionada Bueno le cuestiona a Zapatero cómo la presión exterior ha obligado a centrar la atención del gobierno en el déficit en vez de en las prestaciones sociales.


Pinchando aquí: la entrevista en TVE



La presencia de Zapatero en Canal Sur sirvió para que la cadena andaluza ofreciera su mejor imagen. Canal Sur es una televisión muy oficialista, muy amable con el poder socialista y que da una imagen prototípica de la realidad andaluza con atención preferente a todo lo que suena a folklore y a popular. La entrevista a Zapatero, realizada por Mabel Mata, es la más floja de las tres recogidas pero da perfectamente el nivel. Lo peor es el inicio centrado en los temas andaluces. En esta primera mitad del espacio aflora esa triste fórmula de entrevista obsequiosa que no produce otra cosa que tedio. La segunda mitad es mucho mejor.


Pinchando aquí: la entrevista en Canal Sur.




La entrevista de TV3 pone de manifiesto el error de los socialistas catalanes cuando hace poco más de una semana reaccionaron airados, criticando a Mónica Terribas, por las preguntas a las que sometió al President de la Generalitat, José Montilla. El espacio protagonizado por Zapatero demuestra que el problema no era Terribas sino la falta de talla de Montilla para responder adecuadamente a las cuestiones que se le formulaban. En TV3, Zapatero estuvo especialmente solvente. Con dos entrevistas recientes a sus espaldas, el Presidente del gobierno llevaba la lección muy bien aprendida. Terribas, en cambio, no tuvo su mejor día. No hizo una cosa que le sale muy bien que es formular preguntas muy cerradas, muy concretas y repreguntar cuando el entrevistado la esquiva.







Pinchando aquí: la entrevista en TV3.




No debe pasarse por alto que las tres entrevistas televisivas a Zapatero se han hecho en televisiones públicas dependientes de gobiernos presididos por el PSOE. Desconozco la razón: no se si es que los canales de gobiernos del PP no tienen interés en el Presidente o es éste quien no quiere pisar territorio comanche.

martes, 23 de marzo de 2010

Ecos de una entrevista en TV3

En mi última entrada me referí a TV3 como una televisión ejemplar. Era el titular. Resumir, que eso es un titular, siempre supone prescindir de detalles y matices. Por supuesto que creo que la línea editorial de TV3 es discutible, que la selección y tratamiento de la información se puede debatir y que hay argumentos para una posición favorable y para la contraria. Pero lo que me parece fruto de la mala fe es referirse a TV3 descontextualizándola del funcionamiento general de las distintas televisiones públicas españolas. El rigor informativo de la televisión autonómica catalana, la profesionalidad, el pluralismo y el debate democrático que ofrece nada tiene que ver con los que sucede en otras cadenas. Otras como Canal 9 y Telemadrid, los ejemplos más salvajes, pero también, ciertamente, Canal Sur o la Televisión de Castilla-La Mancha.
Con sus defectos, con sus errores, TV3 no es una televisión de partido, ni de gobierno; es una televisión de país, pensando en el conjunto de los ciudadanos y en el servicio para el cual fue creada. Esa es su vocación, ese es su valor. Por eso, y vuelvo a la entrevista de hace una semana al President de la Generalitat, José Montilla, la directora de la cadena, Mónica Terribas, ejerce como ejerce. Seguramente también por eso, o igual es justamente al revés, a Montilla no se le ocurre huir de las preguntas de Terribas, y da la cara. Está por ver que el President valenciano, Francisco Camps, haga lo propio y en parecidas condiciones, sobre el "caso Gürtel" o Esperanza Aguirre, en relación a los espías de su gobierno. Es cultura política: más cultura lleva a mejor periodismo, mejor periodismo lleva a más cultura política.
Dejo aquí, a modo de ejemplo, un fragmento de una entrevista a la Presidenta madrileña, Esperanza Aguirre, en Telemadrid. Compárese con la de Montilla del pasado lunes 15 de marzo.



Adjunto también otra entrevista de Mónica Terribas al líder de Unió Democràtica de Catalunya, Josep Antoni Duran i Lleida, para evidenciar que el estilo no varía. Tomen nota de ello también los socialistas catalanes que lamentan las preguntas a Montilla en vez de lamentar sus respuestas.




Acabo con las decisiones tomadas por CiU y el PSC-PSOE respecto de dos de sus militantes que, a través de la red, han descalificado en los últimos días a distintas profesionales de TV3.
En ambos casos las críticas superaron lo político para entrar en lo personal. En este sentido está bien que tanto convergentes como socialistas hayan tomado medidas. Más allá de esto, lo bien cierto es que el malestar no disimulado que la entrevista de Terribas a Montilla provocó en los socialistas ha tenido un evidente efecto en contrario y, ahora, unos y otros quieren aparecer como adalides del respeto a la libertad de expresión. Bien está. De todas formas, puestos a mostrarse tan dignamente democráticos, socialistas y convergentes podrían, por ejemplo, llegar a un acuerdo para dejar de una vez la información de TV3 durante las campañas electorales en manos de los profesionales de la cadena en lugar de aplicar una férrea distribución del tiempo por cuotas decididas en los despachos partidistas.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Ejemplar TV3

Muchas veces se habla de la utilización de las televisiones públicas por parte de los gobiernos de turno como algo inevitable. Tal uso y abuso lo hemos visto durante muchos años en TVE, emisora donde las cosas han mejorado considerablemente, muy considerablemente. Actualmente lo sufrimos, hasta la vergüenza y la burla, en cadenas como Canal 9 o Telemadrid, auténticos voceros de sus respectivos presidentes autonómicos y de sus partidos gobernantes, en ambos casos el PP. Se dice que tal proceder no tiene remedio, pero no es cierto. Televisió de Catalunya, TV3, demuestra cada día que una cadena pública no tiene porque ser un coto, todo lo contrario, que se puede ser más plural y profesional que nadie. Plural y profesional, algo tan sencillo como el cumplimiento de la ley. Tan normal como la entrevista que el pasado lunes le hizo la directora de la cadena, Mónica Terribas, al President de la Generalitat de Cataluña, José Montilla. El estilo de Terribas será discutible, como cualquier otro, pero lo que es evidente es que la periodista ejerció de servidora del ciudadano y no de felpudo del President. Terribas preguntó lo que se pregunta el ciudadano ante el caos provocado por las nevadas caídas sobre Cataluña, repreguntó cuando fue necesario e intentó que Montilla no se escapara sin responder a aquello que se le planteaba. Vamos, periodismo.
Es imprescindible ver algunos fragmentos de la entrevista. Son pruebas de como se ejerce el servicio público desde una televisión pagada por todos. Incluso aquellos que no dominen el catalán (latín más o menos evolucionado, como el castellano) merece la pena que hagan el esfuerzo de no perderse el vídeo. El enlace corresponde al diario digital "Vilaweb".






Pinchar aquí para contemplar la entrevista.





La medida de lo acertado de la tarea de Terribas la da el hecho de que ha sido el propio gobernante, el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), el que ha criticado la entrevista. Cuando un político pasa por "su" televisión para "someterse" a las preguntas (o lo que sean) del entrevistador de turno, siempre es la oposición la que sale, habitualmente con toda la razón, denunciado el peloteo, el servilismo y la utilización propagandística del espacio. En este caso, no. Aquí ha sido el propio partido del gobierno el que ha puesto el grito en el cielo. Lo ha hecho por distintas vías, la más desafortunada la elegida por el dirigente local de los socialistas barceloneses y cargo municipal, Miguel Ángel Martín, que resumió la supuesta agresividad de Terribas asegurando que estaba "mal follada".

martes, 16 de marzo de 2010

El tren y el maquinista

Hay días que los periódicos te asaltan con sus portadas como si una banda de rufianes te pillara en una esquina solitaria y te desplumara, impotente tú, despidiéndote, luego, con una patada en los huevos.
Me pasó ayer a la vista de la primera página de "El País". Abría con que el Tribunal Superior de Madrid se inclinaba por anular las escuchas del "caso Gürtel" y, un poco más abajo y a la izquierda, informaba de que el Ministerio de Medio Ambiente vetaba una serie de TVE sobre la destrucción del litoral.
En esta segunda cuestión quiero detenerme. Resulta que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero exigía la retirada de dos minutos de un espacio de cuarenta y cinco sobre las tropelías urbanísticas en las costas españolas. ¿La razón? El ministerio no aceptaba que se vinculara a la corrupción el caos urbanístico que se da en el litoral. Y como no lo aceptaba, como le parecía mal, lo vetaba. Y ya está.
La versión oficial aseguraba que el Ministerio de Elena Espinosa niega que la culpa de los excesos sea de la corrupción y apunta a "la mala planificación". Nos toman por tontos. Si claro, mala planificación pero no por casualidad, ni por falta de capacidad, no. La planificación es mala porque se hace a gusto del empresario, a beneficio del intermediario y a mayor gloria del funcionario o político que ponen el cazo. El dinero, los sobornos, los enriquecimientos rápidos y generosos condicionan la planificación y tal planificación, mala por interesada, provoca un paisaje costero siniestro. De acuerdo pues, muy bien por el Ministerio, la culpa la tiene la mala planificación, pero puesto que ésta es culpa de la corrupción, podemos saltar un escalón y señalar el caos urbanístico de nuestras costas está íntimamente ligado a la corrupción.
¿Entonces a que viene la censura? ¿Cómo se atreve el gobierno a vetar una serie documental elaborada por profesionales de prestigio? ¿Qué quieren? ¿Publicidad? ¿Propaganda? Ya se que el trabajo responde a un convenio con el propio Ministerio, pero ¿no son capaces de distinguir entre sus notas de prensa y un documental elaborado por un periodista del nivel de Julio de Benito y un Catedrático de Costas como Miguel Ángel Losada?







Incluso las formas les delatan: un alto cargo del Ministerio de Elena Espinosa buscando la forma de que el catedrático en cuestión, por ser quien ha desvelado el intento de veto, devolviera el dinero cobrado por el documental de marras. Es una fotografía perfecta de como entienden los políticos el papel de los medios de comunicación, todo lo que no sea trabajar al dictado les molesta. Lo vimos hace cuatro días en Valencia con la censura de las fotos de la Unió de Periodistes. Entonces fue la Diputación provincial y un diputado que no podía aceptar que sus jefes, Camps y demás, salieran, así lo entendía él, malparados. Si eran ellos (siempre se confunden con la institución) quienes pagaban, ¿cómo se osaba publicar fotos inoportunas? Ahora no son fotos, pero el fondo es el mismo. El que paga manda.
¿Saben cual es la solución? Se lo voy a decir: que Zapatero destituya a la ministra Elena Espinosa. Sea o no ajena al hecho. Si no lo es, si ella también promovió el veto, por tal comportamiento, y si no sabía nada, por incapacidad y no saber escoger a su equipo. Si un intento de censura de este tipo costara el cargo a su máximo responsable verían como, en el futuro, todo el mundo se tentaría muy mucho la ropa antes de abusar de su poder de forma tan antidemocrática. Si al presidente de la Diputación de Valencia se le hubiera cortado de cuajo su carrera política después de censurar las fotos del "caso Gürtel", seguro que a nadie más se le ocurría una hazaña parecida. Y no se diga que descabezar una institución por un caso como los citados es excesivo. Estamos hablando de democracia, de reglas del juego. Cosas que no se pueden sacrificar por el mantenimiento, por ejemplo, de un determinado equipo ministerial. El titular de un ministerio hoy puede ser uno y mañana otro; cuando los principios básicos de la democracia se violan y no pasa nada ya no hay vuelta atrás, el deterioro es irreversible.
Estoy seguro que si los políticos pagaran, siempre y al contado, cuando abusan antidemocráticamente de su poder, saldríamos del barro en el que estamos. Estoy seguro que si los excesos no salieran gratis no tendríamos que pasar la vergüenza de ver como un puñado de jueces dejan irse de rositas a grupo de delincuentes (empresarios y políticos) que se han forrado a nuestra costa con el "caso Gürtel". Al final nos tocará indemnizar a Francisco Correa y pedir disculpas al "Bigotes" y a Camps. Sabremos que nuestra cartera, con nuestros billetes, nuestra ciudadanía y nuestro esfuerzo, está en sus manos pero la justicia nos dirá que son inocentes y les acabaremos aplaudiendo y pidiéndoles perdón. Genial. Como diría una amiga: "estoy que no se si tirarme al tren... o al maquinista".

lunes, 8 de marzo de 2010

El sistema contra la democracia

El juez Baltasar Garzón es un anti-sistema a su pesar. El sistema, que siempre está por encima de las leyes y en caso de contradicción acaba prevaleciendo, ha convertido al magistrado en un excéntrico y, a fuerza de empujones, está a punto de echarlo de la justicia. Menuda paradoja: Garzón, con ese currículum del que cuelga desde el crimen de estado en España a la persecución del carnicero Pinochet pasando por ETA, los narcos y distintos casos de corrupción política, podría se arrumbado a la cuneta por matices procedimentales a la hora de investigar a los franquistas, y todo por una denuncia de la ultraderecha. Si todo un estado democrático, con sus leyes, sus instituciones, su burocracia y sus sagrados procedimientos, no es capaz de evitar tal desvarío, ¿qué se puede esperar de ese Estado?
No entraré en las cuestiones técnicas de los procesos abiertos contra Garzón (interesante, en este sentido, un reciente artículo del exfiscal Jiménez Villarejo), solo diré que el famoso juez es un palo en la rueda del poder y, precisamente por eso, debe ser abatido.
Nuestra democracia, tan modélica, tan ejemplar, tan superadora del franquismo, no ha modificado un sistema supralegal en el que se coordinan las élites políticas y económicas para marcar las líneas rojas que, bajo ningún concepto, pueden ser traspasadas. El aparato judicial es su último baluarte. Más allá solamente les queda la guerra sucia.
Garzón ha llegado al núcleo del poder nadando contracorriente. Por esta razón, los procedimientos que se siguen contra él son mucho más que causas contra un juez. Las querellas contra Garzón son un pulso entre el sistema y la democracia. Si cae el juez pierde la democracia.
La defenestración de Garzón significa que no se puede ir a la contra, que no se puede pensar por uno mismo, que no nos podemos regir por nuestra conciencia. Quiere decir que nadie puede pasarse de la raya, ni vivir fuera del rebaño. Si a Garzón, siempre situado bajo los focos, celebre, importante y con renombrados apoyos, se le pude descabalgar, hay que imaginar que futuro les espera a los discrepantes anónimos: el infierno, la aniquilación, la invisibilidad social y profesional. Tanto da donde sea, igual en la empresa que en un partido político, igual en el ejército que en cualquier asociación cívica. Tanto da. Prohibido discrepar. La derrota está servida: sin discrepancia no hay democracia. Lo que hay es un régimen totalitario, es decir, corrupción, arbitrariedad y abuso. Garzón es el símbolo; los ciudadanos, las víctimas.
Georges Brassens recogía hace ya bastantes años, con mucho acierto, la dificultad que entraña resistir al poder, lo solo que uno se queda cuando su comportamiento se sale de las pautas más habituales, lo complicado que es no aplaudir siempre al jefe.

jueves, 4 de marzo de 2010

Vender o que te vendan, esa es la cuestión

El Gobierno va a nombrar mañana, si no hay algún imprevisto, al veterano periodista Félix Monteira como nuevo Secretario de Estado de Comunicación. Es seguro que Monteira no está en ninguno de los supuestos que harían legalmente objetable su nombramiento. Pero esto no empece que haber escogido al hasta hoy director del diario "Público", hombre históricamente ligado a Prisa, tenga aspectos discutibles desde el punto de vista periodístico. No por lo de Prisa, claro. Pasar, sin solución de continuidad, de la dirección de un medio importante a un altísimo cargo político que tiene como principal preocupación preservar y mejorar la imagen del gobierno es, como mínimo, poco estético. La confianza es un elemento imprescindible en periodismo y precisamente confianza es lo que no genera el tránsito de Monteira. Su elección por parte del gobierno hace suponer que el Ejecutivo está plenamente satisfecho de su tarea al frente de "Público", cosa nunca deseable. Los gobiernos no pueden estar contentos con el trato que reciben de los medios; el periodismo está, justamente, para molestar al poder. Además, tanta satisfacción mueve a pensar que Monteira, o incluso Jaume Roures y los propietario de "Público", no son en realidad ajenos a la estrategia de comunicación gubernamental. Y que así se debe entender su línea editorial. Más allá de la verosimilitud de tal afirmación, la sola posibilidad de que se pueda pensar, de que haya argumentos para la duda, es periodísticamente rechazable.
En el PP ha sido una tradición que destacados presidentes autonómicos, desde Eduardo Zaplana a Francisco Camps, pasando por Esperanza Aguirre, nombraran a sus jefes de propaganda como máximos responsables de las televisiones públicas bajo su control. Lo mismo hizo en su momento Manuel Chaves en Andalucía. El caso que nos ocupa es un proceso a la inversa. Además, Monteira no tiene el currículum profesional vacío de los elegidos para dirigir los canales autonómicos a los que me refería. Con todo, encadenar dos tareas tan enfrentadas, a mí, personalmente, me parece inaceptable. El factor tiempo es decisivo.
Nada tengo que objetar a que un periodista pase al otro lado del mostrador. El cambio es absoluto. Significa salir del periodismo. Es pasar de buscar para el ciudadano la información que pretende esconder el poder a decidir y administrar aquello a lo que los periodistas pueden tener acceso, y cómo, de la actividad gubernamental. Justo lo contrario; pero me parece perfectamente defendible. Que un responsable de cultura o un redactor de deportes pase a Secretario de Estado de Comunicación lo creo inobjetable. Incluso que lo pueda ser un director de provincias. Que el escogido sea un director de uno de los grandes periódicos nacionales, y de hoy para mañana, no me parece adecuado. A no ser que el frentismo que preside la política española y que ha infectado el periodismo hasta los tuétanos haya convertido los diarios en prensa de partido. Entonces todo quedaría en casa.