lunes, 15 de febrero de 2010

"Lo que se calla la rubia"

Lo que sucede en televisión es grotesco. Verla puede marear, si se analiza un poco da asco. Resulta paradójico que cada vez se utilice menos la fórmula "caja tonta" para referirse a la televisión. El término era de uso común hace veinticinco años y hoy en cambio, cuando la televisión es mucho más estúpida que entonces y el 80 por ciento de lo que se emite son insultos a la inteligencia de los berberechos, se ha hecho el silencio. Nadie dice nada. Callan todos. ¿Será que los principales medios de comunicación están metidos en el negocio? Yo creo que sí, que esa es la explicación. Ya ni "telebasura" se puede decir. Ahora a la "telebasura" se le llama "entretenimiento" y se la premia incluso con el "Ondas". Recuerdo que siendo estudiantes de periodismo, cuando se discutía sobre la legalización de la televisión privada en España, las voces críticas argumentaban que, con las emisoras privadas, todo sería "Dallas y 1,2,3 responda otra vez". Error. Visto lo visto, "Dallas y 1,2,3..." serían hoy espacios de culto.
La responsabilidad sobre la pésima calidad de la televisión en España tiene muchos actores. Claro. Lo que pasa es que nadie cuenta con más culpa que los directivos de las distintas cadenas que, forrándose, eso sí, bajan y bajan el nivel de los contenidos para atraer a lo más básico y simple de la ciudadanía y, de paso, ahorrarse, todo el dinero posible. La mala televisión, además de mala, es barata.
Esta semana pasada un esperpento perpetrado por los directivos de "Cuatro", la supuestamente cadena de culto de PRISA, "El País" y compañía, ahora adquirida por Berlusconi y Tele5, demuestra la insensatez en la que el medio vive instalada. "Cuatro" se cargó el programa "Lo que diga la rubia", un talk-show de tarde presuntamente de actualidad y humor, decían que desenfadado, atrevido y moderno, después de solamente cinco emisiones; cinco días y a la calle. Lo habían publicitado como una apuesta, como un espacio novedoso. Todo mentira. Cinco días entre el tres y el uno por ciento de audiencia y se acabó. La cuestión es: ¿Cómo se cargan en cinco días un programa que ellos mismos han diseñado, organizado, montado y emitido? ¿No sabían lo que estaban programando? ¿Qué sentido tenía el espacio? ¿Ninguno? ¿Entonces qué sentido tienen ellos? ¿No se creían el programa ni los propios directivos que lo auspiciaron? ¿Por qué no lo han defendido? ¿Es que con lo que saben de televisión resulta que programan por qué sí? ¿O es que no saben tanto de televisión? ¿Programar es simplemente tentar a la suerte? Pues sí, parece que el triunfo de un programa es pura casualidad. Resulta que ser directivo de televisión y poner en antena un nuevo espacio es como ir a un sorteo y soltar, por ejemplo, "34" y si sale el número (si la gente lo ve) pues éxito por todo lo alto y ya se buscará la forma de teorizarlo. Si sale mal, como sucede la mayoría de veces, adiós programa, disimular y pasar página.
"Lo que diga la rubia" es también un buen ejemplo de lo sucede en lo laboral cuando pintan bastos. Hay en "Cuatro" unos directivos de programas, de nombre Fernando Jerez "et altri"; una presentadora, Luján Argüelles, y un amplio equipo de profesionales, los machacas. Pues bien, si el programa no funciona, como ha sido el caso, no caen ni la presentadora (que seguro tiene un contrato blindado en la casa) ni los directivos, los que se van a la calle son los curritos. Qué curioso, si las cosas se tuercen, los que tienen más responsabilidad son los que menos pagan.
Así está la tele.
A principios de los 80 Sabina, en un espacio de TVE que se llamaba "Si yo fuera presidente", le dedicaba estas coplas a la tele de entonces. Que bueno sería una versión 2010.

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